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Amber Case: Ahora todos somos ciborgs – Charla TEDWomen 2010

Charla «Amber Case: Ahora todos somos ciborgs» de TEDWomen 2010 en español.

La tecnología nos está haciendo evolucionar, dice Amber Case, a medida que nos convertimos en homo sapiens mira-pantallas que se lo pasan haciendo clic en botones. Hoy en día dependemos de los «cerebros externos» (los teléfonos celulares y las computadoras) para comunicarnos, recordar, e incluso para vivir vidas secundarias. Pero, en última instancia, estas máquinas ¿van a conectarnos o a doblegarnos? Case ofrece una visión sorprendente de nuestro «yo ciborg».

  • Autor/a de la charla: Amber Case
  • Fecha de grabación: 2010-12-08
  • Fecha de publicación: 2011-01-11
  • Duración de «Amber Case: Ahora todos somos ciborgs»: 473 segundos

 

Traducción de «Amber Case: Ahora todos somos ciborgs» en español.

Me gustaría decirles a todos ustedes que son unos ciborgs pero no del tipo que imaginan.

No son ni Robocop ni son Terminator sino que son ciborgs cada vez que miran un monitor o usan algún dispositivo móvil.

¿Cuál sería una buena definición de ciborg? La definición tradicional dice que es un organismo «al cual se le han agregado elementos exógenos con el fin de adaptarse a nuevos entornos».

El término se acuñó en un documento de 1960 sobre viajes espaciales.

Porque, si lo piensan bien, el espacio es bastante incómodo; se supone que la gente no debe estar allí.

Pero los humanos somos curiosos y nos gusta agregarnos cosas al cuerpo para poder ir a los Alpes un día y ser como un pez en el mar al siguiente.

Veamos el concepto de la antropología tradicional.

Alguien va a país y dice: «Que fascinante es esta gente, que interesante son sus herramientas, y que curiosa su cultura».

Y luego escriben un artículo, que otros antropólogos quizá lean, y creemos que es algo muy exótico.

Bien, lo que sucede es que de repente hemos encontrado una nueva especie.

Yo, como antropóloga ciborg, de pronto me dije: «¡Vaya! Somos una nueva forma de homo sapiens.

Mira estas culturas fascinantes.

Mira estos rituales curiosos de toda esta gente en torno a esta tecnología.

Hacen clic en unas cosas y luego miran fijamente las pantallas».

Pero hay una razón por la que estudio esto en vez de la antropología tradicional.

Y la razón es que el uso de herramientas en los principios, durante miles y miles de años, implicó una modificación física del ser.

Nos ayudó a extender nuestro yo físico, a ir más rápido, a golpear cosas más fuerte, y eso tuvo un límite.

Pero ahora lo que observamos no es una extensión física del yo sino una extensión del yo mental.

Y por eso es que podemos viajar más rápido y comunicarnos de manera diferente.

Y la otra cosa que sucede es que todos llevamos a cuestas tecnologías del tipo Mary Poppins.

Podemos agregarle lo que queramos y no por eso pesará más y luego podemos quitarle lo que sea.

¿Cómo es el interior de una computadora? Bueno, si lo imprimiésemos se vería como unos 450 kilos de material que van con nosotros todo el tiempo.

Y si perdemos esa información eso implica que de repente se nos hace una laguna mental y sentimos de pronto como que algo falta pero no sabemos qué y entonces es una sensación extraña.

La otra cosa que sucede es que uno tiene un segundo yo.

Nos guste o no estamos empezando a aparecer en línea y las personas están interactuando con nuestro segundo yo cuando no estamos allí.

Por eso tenemos que ser cuidadosos al exponer nuestro jardín delantero que, básicamente, es el muro de Facebook para que las personas no escriban allí en medio de la noche porque se produce como el mismo efecto.

Y, de pronto, tenemos que empezar a mantener nuestro segundo yo.

Uno tiene que presentarse en la vida digital de forma similar a como lo haría en la vida analógica.

Así que del mismo modo que uno cada día se levanta, se ducha y se viste, se tiene que aprender a hacer eso para el yo digital.

Y el problema es que mucha gente hoy en día, sobre todo los adolescentes, tienen que atravesar dos adolescencias.

Tienen que pasar por la primera, y eso ya es algo incómodo, y después tienen que pasar por la adolescencia de su segundo yo.

Y eso es aún más incómodo porque hay un historial real de su actividad digital.

Todos los que entran a una nueva tecnología son adolescentes digitales hoy en día.

Por eso es muy incómodo y les resulta muy difícil hacer esas cosas.

Cuando era niña papá me sentaba para hablarme y me decía: «Te voy a enseñar sobre el tiempo y el espacio en el futuro».

Yo le decía: «¡Genial!» Y un día me dijo: «¿Cuál es la más corta entre dos puntos?» Le respondí: «Bueno, es la línea recta.

Eso me dijiste ayer.

Yo pensaba que era muy inteligente».

Él me dijo: «No, no, no.

Hay una manera mejor».

Tomó un trozo de papel y dibujó A y B, una de cada lado, y lo dobló de manera que A y B se tocaran.

Y dijo: «Esa es la más corta entre dos puntos».

Le dije: «Papi, papi, papi, ¿cómo se hace?» Me dijo: «Bueno, sólo hay que doblar el tiempo y el espacio, eso toma una gran cantidad de energía, y así es como se hace».

Y le dije: «Quiero hacer eso».

Me respondió: «Bueno, está bien».

Y así, cada noche por los siguientes 10 ó 20 años pensaba cuando me acostaba: «Quiero ser la primera persona en crear un de gusano (espacio/tiempo) para hacer que las cosas aceleren más rápido.

Y quiero hacer una máquina del tiempo».

Siempre estaba mandando mensajes a mi yo futuro usando grabadoras.

Pero luego me di cuenta en la universidad que la tecnología no se adopta sólo porque funciona; se adopta porque la gente la usa y porque está hecha para humanos.

Así que empecé a estudiar antropología.

Y cuando estaba escribiendo mi tesis sobre teléfonos celulares me di cuenta que todo el mundo llevaba agujeros de gusano en los bolsillos.

No los llevaban consigo físicamente pero sí en la mente.

Ellos con un clic en un botón se conectaban de inmediato como A con B.

Y pensé: «¡Guau, lo encontré, esto es genial!» Con el tiempo, el tiempo y el espacio se han comprimido gracias a esto.

Uno puede estar en una punta del mundo susurrar algo y ser escuchado en la otra punta.

Otra de las ideas que andan dando vueltas es que uno tiene distintos tipos de tiempo en cada uno de los dispositivos que usa.

Cada pestaña del navegador nos da un tipo de tiempo diferente.

Y debido a esto uno empieza a escarbar buscando las memorias externas…

¿dónde las dejaste? Así que ahora somos todos paleontólogos escarbando en busca de cosas perdidas en nuestros cerebros externos que llevamos en los bolsillos.

Y esto provoca una suerte de arquitectura del pánico.

¡Oh, no! ¿Dónde lo puse? Somos todos como «Yo amo a Lucy» en una gran línea de producción de información y no podemos mantener el ritmo.

Y lo que termina pasando cuando llevamos todo eso al espacio social es que miramos el teléfono todo el tiempo.

Tenemos algo llamado «intimidad ambiente».

No se trata de estar siempre conectado con todos sino que en cualquier podemos conectarnos con cualquiera.

Y si pudiéramos imprimir todos los contactos de teléfono la sala estaría abarrotada de gente.

Estas son las personas a las que uno tiene acceso ahora mismo, en general, todas estas personas, todos los amigos y familiares que uno puede contactar.

Hay algunos efectos psicológicos derivados de esto.

Uno que me preocupa mucho es que las personas ya no se toman el tiempo para reflexionar y que no se están frenando ni parando, al estar cerca de todas esas personas de la sala que todo el tiempo están tratando de competir por su atención en las distintas interfaces concurrentes; paleontología y arquitectura del pánico.

No sólo están sentados allí.

Y, realmente, cuando uno no tiene impulsos externos; en ese es que se produce la creación del yo, en el que uno puede hacer planes de largo plazo, en el que uno puede tratar de averiguar quién es en realidad.

Y luego, una vez que lo hacemos, podemos pensar cómo presentar el segundo yo de manera legítima en vez de lidiar con todo así tal como viene y estar: «oh, tengo que hacer esto, y esto, y esto otro».

Por eso esto es muy importante.

Me preocupa mucho que, sobre todo los niños de hoy, no van a experimentar este tiempo de inactividad ya que tienen una cultura del clic instantáneo y que todo viene a ellos; eso les entusiasma mucho y les genera dependencia.

Así que, si lo piensan bien, el mundo tampoco se ha detenido.

Tiene sus propias prótesis externas y estos dispositivos nos ayudan a todos a comunicarnos e interactuar unos con otros.

Pero cuando lo visualizamos realmente, todas las conexiones que tenemos ahora mismo -esta es una imagen de la interconexión de Internet- no parece muy tecnológico; parece más bien algo orgánico.

Esta es la primera vez en toda la historia de la Humanidad que nos conectamos de esta forma.

Y no es que las máquinas estén tomando el control; sino que nos están ayudando a ser más humanos, nos están ayudando a conectarnos mutuamente.

La tecnología más exitosa se hace a un lado y nos ayuda a vivir nuestras vidas.

Y, en realidad, termina siendo algo más humano que tecnológico porque nos estamos co-creando unos a otros todo el tiempo.

Y este es el punto importante que me gustaría estudiar: que las cosas son hermosas, que todavía existe una conexión humana; sólo que se realiza de un modo diferente.

Estamos aumentando nuestra humanidad y nuestra capacidad de conectarnos unos a otros a pesar de la geografía.

Es por eso que estudio antropología ciborg.

Gracias.

(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/amber_case_we_are_all_cyborgs_now/

 

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