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Andrew Stanton: las claves de una gran historia – Charla TED2012

Charla «Andrew Stanton: las claves de una gran historia» de TED2012 en español.

El cineasta Andrew Stanton («Toy Story», «WALL-E») comparte lo que sabe sobre la narración; empezando por el final hasta llegar al principio. (Contiene lenguaje explícito).

  • Autor/a de la charla: Andrew Stanton
  • Fecha de grabación: 2012-02-28
  • Fecha de publicación: 2012-03-06
  • Duración de «Andrew Stanton: las claves de una gran historia»: 1156 segundos

 

Traducción de «Andrew Stanton: las claves de una gran historia» en español.

Un turista mochilero va por las tierras altas de Escocia y se detiene en un pub a tomar un trago.

Dentro hay solo un camarero y un anciano bebiendo una cerveza.

Pide una cerveza y se sienta en silencio durante un momento.

De repente el anciano se vuelve hacia él y le dice: «

¿Ves esta barra?

La construí con mis propias manos, con la madera más fina del condado.

Le di más amor y afecto que a mis propios hijos.

Pero,

¿me llaman McGregor el constructor de barras?

No».

Señala la ventana.

«

¿Ves ese muro de piedra allí?

Construí ese muro de piedra con mis propias manos.

Encontré cada piedra, la coloqué bajo la y el frío.

Pero,

¿me llaman McGregor el constructor de muros?

No».

Señala la ventana.

«

¿Ves ese muelle en el lago allí?

Lo construí con mis propias manos.

Conduje los pilotes en contra de la marea de arena, tabla por tabla.

Pero,

¿me llaman McGregor el constructor de muelles?

No.

Pero tienes sexo con una sola cabra…»
(Risas)
La narración…


(Risas)
es contar chistes.

Es conocer tu remate, tu final, saber que todo lo que uno dice, desde la primera a la última frase, conduce a una meta, y, a ser posible, confirma alguna verdad que profundiza nuestra comprensión de lo que somos como humanos.

Nos encantan las historias.

Nacimos para esto.

Las historias afirman quiénes somos.

Todos queremos confirmar que nuestras vidas tienen sentido.

Y nada nos reafirma más que conectarnos mediante historias.

Porque pueden atravesar las barreras del tiempo: pasado, y futuro; y nos permiten experimentar las similitudes entre nosotros y con los demás, reales e imaginarias.

El Sr.

Rogers, presentador de TV infantil, siempre llevaba en su billetera la cita de un trabajador social que decía: «Francamente, no hay nadie a quien no podrías aprender a amar después de haber escuchado su historia».

Y la interpretación que me gusta darle quizá sea el mandamiento más grande de la narrativa, que es «Haz que me importe»; por favor, en lo emocional intelectual, estético, haz que me importe.

Todos sabemos que es lo que no nos importa.

Hemos cambiado cientos de canales de TV, pasando de canal en canal, y, de repente, nos detenemos en uno.

Algo ya está por la mitad, pero llama la atención y hace que a uno le importe.

Eso no es por casualidad, es por diseño.

Así que pensé,

¿y si les dijera que mi vida es una historia, cómo nací para esto, cómo aprendí sobre la marcha esta asignatura?

Y para hacerlo más interesante empezaremos por el final e iremos hasta el principio.

Si tuviera que contar el final de esta historia diría algo como esto: esto es lo que finalmente me llevó a contar aquí en TED esta historia.

La última lección de narrativa que aprendí recientemente fue al terminar la película que acabo de hacer este año, en 2012.

Es la película «John Carter».

Se basa en el libro «Una princesa de Marte», de Edgar Rice Burroughs.

Edgar Rice Burroughs se puso como personaje en la película y como narrador.

Su tío adinerado lo llama a su mansión con un telegrama que dice: «Veámonos de inmediato».

Pero al llegar allí descubre que su tío ha fallecido misteriosamente y que está enterrado en un mausoleo de la propiedad.

(Video) Butler: No encontrará una cerradura.

Sólo se abre desde el interior.

Él insistió: sin embalsamar, sin ataúd abierto, ni funeral.

No se amasa la fortuna de su tío siendo como todos nosotros,

¿eh?

Ven, vamos a entrar.

AS: Lo que hace esta escena, y lo mismo en el libro, es básicamente una promesa fundamental.

Nos hace la promesa de que esta historia conducirá a algo que vale nuestro tiempo.

Toda buena historia en el principio debe hacernos una promesa.

Esto se puede hacer de infinidad de maneras.

A veces es tan simple como «Érase una vez…» Estos libros de Carter han tenido siempre a Edgar Rice Burroughs como narrador.

Y siempre pensé que era una herramienta espléndida.

Es como una invitación alrededor de una fogata, o alguien en un bar que dice: «Ven, te contaré una historia.

No me pasó a mí, le pasó a otra persona, pero será tiempo bien invertido».

Una promesa bien contada es como una piedra cargada en una honda y expulsada hacia adelante en la historia hasta el final.

En 2008, llevé todas las teorías que tenía sobre la narrativa en ese momento a los límites de mi entendimiento en este proyecto.

(Video) (Sonidos mecánicos) ♫ Y ese es ♫ ♫ el significado del amor ♫ ♫ Y recordaremos ♫ ♫ cuando se agote el tiempo ♫ ♫ Que sólo ♫
(Risas)
AS: Narrativa sin diálogo.

Es la forma más pura de la narración cinematográfica.

Es el enfoque que lo abarca todo.

Confirma la sensación que tuve de que el público quiere ganarse el pan.

Pero no quieren saber que lo están haciendo.

Es la tarea del narrador ocultar el hecho de que se están ganando el pan.

Hemos nacido para resolver problemas.

Nos vemos obligados a concluir y a deducir, porque eso hacemos en la vida real.

Es esta falta de información bien organizada lo que nos atrae.

Hay una razón por la que nos atraen los niños y los cachorros.

No es sólo porque son tan lindos; sino porque no pueden expresar plenamente lo que piensan y cuáles son sus intenciones.

Eso es como un imán.

No podemos evitar el querer terminar la frase y llenar los huecos.

Empecé a entender cabalmente esta herramienta narrativa cuando escribí junto a Bob Peterson «Buscando a Nemo».

Y la denominamos teoría unificada del dos más dos.

Hagan que la audiencia ate cabos.

No les den cuatro; denles dos más dos.

Los elementos provistos y el orden de aparición son cruciales para el éxito o el fracaso de la participación del público.

Los editores y guionistas siempre lo han sabido.

Es la aplicación invisible que mantiene nuestra atención en la historia.

No quiero que parezca una ciencia exacta, porque no lo es.

Eso hace tan especiales a las historias, no son un dispositivo, son inexactas.

Si son buenas, son inevitables, pero son impredecibles.

En un seminario este año con una maestra de actores, Judith Weston, aprendí una idea fundamental para los personajes.

Ella cree que todo personaje bien construido tiene un eje.

La idea es que el personaje tiene un motor interno, un objetivo dominante, inconsciente, que lo moviliza; una picazón que no puede rascar.

Daba un ejemplo maravilloso de Michael Corleone, el personaje de Al Pacino en «El Padrino», y que probablemente su eje era agradar a su padre.

Algo que impulsa todas sus elecciones.

Incluso después de la muerte de su padre, todavía trata de rascar esa picazón.

Me volqué a esto de lleno.

Para Wall-E era encontrar la belleza.

Para Marlin, el padre de «Buscando a Nemo», era evitar daños.

Y Woody estaba haciendo lo mejor para su niño.

Estos ejes no siempre te llevan a tomar las mejores decisiones.

A veces puedes tomar decisiones horribles.

Tengo la suerte de ser padre y ver crecer a mi hijo; creo firmemente que uno nace con un temperamento dado y que estamos hechos de una manera determinada, que no podemos discutir y no se puede cambiar.

Sólo podemos aprender a reconocerlo y hacerlo propio.

Algunos nacemos con un temperamento positivo, otros con uno negativo.

Sin embargo, se cruza un umbral importante cuando crecemos lo suficiente como para reconocer lo que nos impulsa y tomar el volante y conducir.

Como padres, siempre estamos aprendiendo quiénes son nuestros hijos.

Ellos aprenden quiénes son.

Y uno aún está aprendiendo quién es.

Todos aprendemos todo el tiempo.

Por eso el cambio es fundamental en la narrativa.

Si las cosas quedan estáticas, la historia muere, porque la vida nunca es estática.

En 1998, yo había terminado de escribir «Toy Story» y «Bichos» y estaba enganchado con la escritura de guiones.

Quería mejorar en eso y aprender todo lo que pudiera.

Así que investigué cuanto pude.

Y finalmente encontré esta cita excepcional del dramaturgo británico William Archer: «El teatro es una mezcla de anticipación e incertidumbre».

Es una definición muy ingeniosa.

Al contar una historia,

¿construyeron la anticipación?

En el corto plazo,

¿me han hecho querer saber que pasará después?

Pero, aún más importante,

¿me han hecho querer saber cómo va a terminar todo en el largo plazo?

¿Han construido conflictos auténticos con verdades que creen dudas sobre el posible resultado?

Un ejemplo en «Buscando a Nemo», de breve tensión, que siempre nos preocupaba,

¿haría la memoria de corto plazo de Dory que se olvide de lo que le dijo Marlin?

Y eso con una base de tensión general:

¿encontraremos a Nemo en este inmenso y vasto océano?

En los primeros días de Pixar, antes de entender cabalmente los resortes invisibles de una historia, éramos un grupo de muchachos que trabajaban por corazonadas, por instinto.

Y es interesante ver cómo eso nos llevó por una dirección bastante buena.

Recuerden que en ese año, 1993, se consideraban exitosas animaciones como «La Sirenita», «La Bella y la Bestia», «Aladín» y «El rey león».

La primera vez que le propusimos «Toy Story» a Tom Hanks se acercó y dijo: «

¿No querrán que cante, verdad?

«.

Y creo que resume perfectamente el pensamiento de la época sobre qué debía ser una animación.

Pero realmente queríamos demostrar que se podían contar historias animadas de manera radicalmente diferente.

En ese entonces no teníamos influencia, por eso mantuvimos secreta una lista de reglas que nos reservamos para nosotros.

Y eran: no a las canciones, no a los momentos «yo quiero», nada de aldea feliz, ni historia de amor.

La ironía del caso es que, en el primer año, la historia no funcionó en absoluto y Disney estaba aterrorizada.

Así que consultó en privado a un famoso letrista, que no voy a nombrar, y él les envió por fax algunas sugerencias.

Le echamos mano al fax.

Y el fax decía: debería haber canciones, debería tener una canción «yo quiero», debería haber una canción de aldea feliz, también una historia de amor y un villano.

Y gracias a Dios en ese momento éramos muy jóvenes, rebeldes e inconformistas.

Eso nos dio más determinación para demostrar que se podía construir una historia mejor.

Y, un año más tarde, lo logramos.

Y eso demostró que la narración tiene algunas pautas, pero no sigue reglas fáciles y estrictas.

Otra cosa fundamental que aprendimos fue a amar al protagonista.

Y pensamos, ingenuamente, que, al final, Woody en «Toy Story» se convirtiera en altruista para lo cual había que empezar por algún lugar.

Entonces, hagámoslo egoísta.

Y esto es lo que conseguimos: (Voz en off) Woody:

¿Qué estás haciendo?

Fuera de la cama.

Oye, ¡fuera de la cama! Sr.

Cara de Papa:

¿nos harás esto, Woody?

Woody: No, él lo hará.

¿Slinky?

Slink…

¡Slinky! Levántate y ven a hacer tu trabajo.

¿Estás sordo?

Dije que cuides de ellos.

Slinky: Lo siento, Woody, pero estoy de acuerdo con ellos.

Pienso que lo que hiciste no estuvo bien.

Woody:

¿Qué?

¿Estoy oyendo bien?

¿Piensas que no estuve bien?

¿Quién dijo que tenías que pensar, Salchichita?

AS:

¿Cómo hacer simpático a un personaje egoísta?

Nos dimos cuenta de que podíamos hacerlo amable, generoso, divertido, cariñoso, pero con una condición: él es el líder de los juguetes.

Y así son las cosas, todos vivimos una vida con condiciones.

Todos estamos dispuestos a seguir las reglas, siempre y cuando se cumplan ciertas condiciones.

Después, se cierran todas las apuestas.

E incluso antes de decidir hacer de la narrativa mi profesión ahora veo episodios clave ocurridos en mi juventud que de alguna manera me abrieron los ojos a ciertas cosas sobre la narrativa.

En 1986, comprendí cabalmente la noción de que la historia debe tener un tema.

En ese año se restauró y se puso nuevamente en cartel «Lawrence de Arabia».

La vi siete veces en un mes.

Todo me parecía poco.

Por detrás había un gran diseño…

en cada toma, en cada escena, en cada línea.

Sin embargo, en la superficie parecía representar el camino histórico de lo ocurrido.

Pero decía algo más.

¿Qué era exactamente?

Y sólo después de verla varias veces, se levantó el velo y fue en una escena en la que él cruza el desierto del Sinaí para llegar al Canal de Suez, cuando, de repente, lo entendí.

(Video) Chico: ¡Ey! ¡Ey! ¡Ey! ¡Ey! Motociclista:

¿Quién eres tú?

¿Quién eres tú?

AS: Esa es la cuestión:

¿quién eres tú?

Estaban estos eventos y diálogos aparentemente heterogéneos que contaban su historia cronológicamente, pero había una constante subyacente, una línea guía, un mapa.

A lo largo de toda la película Lawrence intenta descubrir cuál es su lugar en el mundo.

Un tema importante siempre atraviesa una historia bien contada.

Cuando tenía cinco años, me presentaron el que quizá sea el ingrediente más importante que debe tener una historia pero al que se recurre poco.

Esto me llevó a ver mi madre cuando tenía cinco años.

(Video) Tambor: Vamos.

Todo está bien.

Mira.

El agua está dura.

Bambi: ¡Yupi! Tambor: Un poco de diversión,

¿eh, Bambi?

Vamos.

Anímate.

Así.

Ja, ja.

No, no, no.

AS: Salí de allí completamente maravillado.

Y creo que ese es el ingrediente mágico, el ingrediente secreto, recurrir a la maravilla.

La maravilla es honesta y totalmente inocente.

No se la puede evocar artificialmente.

Para mí, no hay una mayor capacidad que el don de que otro ser humano te provoque esa sensación; de mantenerlos en suspenso por un breve momento del día y hacer que se entreguen a la maravilla.

Cuando ocurre, la afirmación de estar vivo, impregna cada célula.

Y cuando un artista hace eso con otro artista, uno se ve obligado a dar un paso adelante.

Es como un comando latente que de repente se activa, como la llamada de la Torre del Diablo.

Haz a otros lo que te han hecho a ti.

Las mejores historias inspiran asombro.

Cuando yo tenía cuatro años, tengo el recuerdo nítido de cuando encontré dos pequeñas cicatrices en mi tobillo y le pregunté a papá qué era eso.

Y me dijo que también tenía dos iguales en la cabeza pero que no podía verlas por el cabello.

Y me explicó que cuando nací, nací prematuro, que salí demasiado pronto, no estaba desarrollado por completo; Estaba muy, muy enfermo.

Y cuando el médico vio a este bebé amarillo con los dientes negros miró fijamente a mamá y le dijo: «No sobrevivirá».

Estuve en el hospital durante meses.

Y después de muchas transfusiones, viví, y eso me hizo especial.

No sé si realmente lo creí.

No sé si mis padres realmente creían eso, pero no me interesó demostrarles que se equivocaban.

En lo que terminara siendo bueno me esforzaría por ser digno de la segunda oportunidad recibida.

(Video) (Llanto) Marlin: Allí, allí, allí.

Tranquilo, papá está aquí.

Papá te encontró.

Te prometo que nunca dejaré que te pase nada, Nemo.

AS: Y esta es la primera lección que aprendí de las historias.

Usa lo que sabes.

Crea a partir de eso.

No siempre significa un argumento o hecho.

Significa capturar una verdad de tu experiencia y expresar los valores que uno siente en la fibra íntima.

Y eso es lo que en última instancia me llevó a dar esta TEDTalk hoy.

Gracias.


(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/andrew_stanton_the_clues_to_a_great_story/

 

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