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Denis Dutton: Una teoría Darwiniana de la belleza – Charla TED2010

Charla «Denis Dutton: Una teoría Darwiniana de la belleza» de TED2010 en español.

TED colabora con el animador Andrew Park para ilustrar la provocadora teoría de la belleza de Denis Dutton: que el arte, la música y otras cosas hermosas, lejos de estar simplemente en el «ojo del observador», son una parte estructural de la naturaleza humana, con orígenes evolutivos profundos.

  • Autor/a de la charla: Denis Dutton
  • Fecha de grabación: 2010-02-10
  • Fecha de publicación: 2010-11-16
  • Duración de «Denis Dutton: Una teoría Darwiniana de la belleza»: 933 segundos

 

Traducción de «Denis Dutton: Una teoría Darwiniana de la belleza» en español.

Encantado de estar aquí y hablarles de un tema que es muy querido para mí, que es la belleza.

Practico la filosofía del arte, de la estética, de hecho, para ganarme la vida.

Trato de entender intelectualmente, filosóficamente, psicológicamente, qué es la experiencia de la belleza qué puede decirse sensatamente de ella, y cómo la gente se descarrila tratando de entenderla.

Ahora, éste es un tema extremadamente complicado, en parte porque las cosas que llamamos hermosas son tan diferentes.

Digo, sólo piensen en la absoluta variedad — el rostro de un bebe, «Orlando en Italia» de Berlioz, películas como «El Mago de Oz», o las obras de Chekhov, un paisaje de California central, una vista de Hokusai del Monte Fuji, «El Caballero de la Rosa», un estupendo gol ganador de un partido de la Copa Mundial de Fútbol, «La Noche Estrellada» de Van Gogh, una novela de Jane Austen, Fred Astaire bailando en la pantalla.

Esta breve lista incluye humanos, accidentes geográfico naturales, obras de arte y acciones humanas especializadas.

Una cuenta que explique la presencia de belleza en todo de esta lista no será sencillo.

Puedo, sin embargo, hacer que al menos saboreen algo de lo que considero como la más poderosa teoría de la belleza que tenemos.

Y nos proviene, no de un filósofo de arte, no de un teórico del arte postmoderno o de un pomposo crítico de arte.

No, esta teoría proviene de un experto en percebes y gusanos y crianza de palomas.

Y saben de quién hablo — Charles Darwin.

Por supuesto, mucha gente cree que ya saben la respuesta correcta a la pregunta,

¿qué es la belleza?

Está en el ojo del observador.

Es todo aquello que te conmueve personalmente.

O, como algunas personas — en especial los académicos — prefieren, La belleza está en el culturalmente-condicionado ojo del observador.

La gente está de acuerdo que las pinturas, las películas o la música son hermosas porque sus culturas determinan una uniformidad de gusto estético.

El gusto por la belleza natural y por las artes atraviesa las culturas con gran facilidad.

Beethoven es adorado en Japón.

Los peruanos aman las impresiones con sellos de madera japonesas.

Las esculturas incas son consideradas como tesoros en los museos británicos, mientras que Shakespiare es traducido a cada idioma del planeta.

O sólo piensen en el jazz estadounidense o las películas estadounidenses— llegan a todas partes.

Hay muchas diferencias entre las artes, pero también existen universales, interculturales placeres estéticos y valores.

¿Cómo podemos explicar esta universalidad?

La mejor respuesta se encuentra en tratar de reconstruir una historia Darwiniana de la evolución de nuestros gustos artísticos y estéticos.

Necesitamos someter a ingeniería inversa nuestros gustos y preferencias artísticas presentes y explicar cómo llegaron a grabarse en nuestras mentes.

Por las acciones de ambos: nuestros prehistóricos medioambientes del pleistoceno, donde nos volvimos completamente humanos, y también por las situaciones sociales en las que evolucionamos.

Esta ingeniería inversa puede también asistirse del registro humano preservado en la prehistoria.

Digo, fósiles, pinturas en cavernas y demás.

Y debe tomar en cuenta lo que sabenos sobre los intereses estéticos de grupos aislados de cazadores-recolectores que sobrevivieron hasta los siglos XIX y XX.

Ahora, yo personalmente no tengo ninguna duda de que la experiencia de la belleza, con su intensidad emocional y placer, pertenece a nuestra psicología humana evolucionada.

La experiencia de la belleza es un componente en toda una serie de adaptaciones darwinianas.

La belleza es un efecto adaptativo, que extendemos e intensificamos en la creación y disfrute de obras de arte y entretenimiento.

Como muchos de ustedes sabrán, la evolución opera a través de dos mecanismos primarios.

El primero de estos es la selección natural — que es mutación azarosa y retención selectiva — junto con nuestra anatomía y psicología básicas — la evolución del pancreas o del ojo o de las uñas.

La selección natural también explica muchas repugnancias básicas, como el horroroso olor de la carne podrida, o miedos, como el miedo a las serpientes o a pararse cerca del borde de un precipicio.

La selección natural también explica los placeres — el placer sexual, nuestro gusto por lo dulce, la grasa y las proteínas, lo que explica muchas comidas populares, desde frutas maduras a malteadas de chocolate, y costillas asadas.

El otro gran principio de la evolución es la selección sexual, y opera de manera muy distinta.

La cola magnífica del pavo real es el ejemplo más famoso de esto.

No evolucionó para su supervivencia natural.

De hecho, va en contra de su supervivencia natural.

No, la cola del pavo real reuslta de las elecciones de apareamiento hecha por las pavas reales.

Es una historia bastante familiar.

Son las mujeres las que empujan la historia hacia delante.

Darwin mismo, dicho sea de paso, no tenía dudas de que la cola del pavo real era hermosa en los ojos de la pava real.

De hecho, usó esa palabra.

Ahora, teniendo esas ideas firmes en mente, podemos decir que la experiencia de la belleza es una de las formas que la evolución tiene para despertar y sostener el interés o la fascinación, incluso la obsesión, con el fin de alentarnos a tomar las decisiones más adaptativas para la supervivencia y la reproducción.

La belleza es la manera de la naturaleza de actuar a distancia, por decirlo de alguna manera.

Digo, no podés esperar comerte un paisaje adaptativamente benéfico.

Tampoco funcionaría con tu bebé o tu pareja.

Entonces, el truco de la evolución es hacerlos hermosos, hacer que ejerzan una especie de magnetismo para darte el placer de simplemente mirarlos.

Consideren brevemente una fuente importante de placer estético, la magnética atracción de los bellos paisajes.

La gente de muy diversas culturas alrededor del mundo tiende a gustar de un tipo de paisaje particular, un paisaje que resulta ser similar a las sabanas del pleistoceno en donde evolucionamos.

El paisaje aparece hoy en calendarios, postales, en el diseño de las canchas de golf y los parques públicos y en imágenes enmarcadas en dorado que cuelgan en los livings de Nueva York a Nueva Zelanda.

Es un paisaje del tipo de la Escuela del Río Hudson que muestra espacios abiertos de pastos bajos entreverados con bosquecillos.

Los árboles, dicho sea de paso, siempre se prefieren si se horquillan cerca del suelo, es decir, si son árboles a los que pudieses treparte si estuvieras en apretos.

El paisaje muestra la presencia de agua directamente a la vista, o evidencia de agua a una azulada distancia, indicadores de vida animal o aves así como diverso follaje, y finalmente — presten atención — un camino o una ruta, quizás una ribera o una costa, que se extiende hacia la distancia, casi invitándonos a seguirla.

Este tipo de paisaje es considerado hermoso, incluso por gente de países en donde no lo tienen.

El paisaje ideal de sabana es uno de los más claros ejemplos en el que humanos en todas partes encuentran belleza en una experiencia visual similar.

Pero, algunos quizás argumenten, eso es belleza natural.

¿Qué sucede con la belleza artística?

¿No es exhaustivamente cultural?

No, no creo que lo sea.

Y nuevamente, quisiera volver a la prehistoria para decir algo sobre esto.

Es aceptado ampliamente que las obras de arte humanas tempranas son las estupendas pinturas de las cavernas que todos conocemos de Lascaux y Chauvet.

Las cuevas de Chauvet tienen algo de 32,000 mil años, junto con unas pocas, pequeñas esculturas realistas de mujeres y animales del mismo período.

Pero las habilidades artísticas y decorativas son en verdad mucho más antiguas que eso.

Hermosos collares de caracoles que se parecen a lo que podrían ver en una feria de artesanías, así como pintura ocre para el cuerpo, ha sido encontrada de hace unos 100,000 años atrás.

Pero los más intrigantes objetos prehistóricos son aún más antiguos que esto.

Tengo en mente las llamadas hachas de mano Achalenses.

Las más viejas herramientas de piedra son hachas de la Garganta de Olduvai en Africa del Este.

Datan de hace unos dos millones y medio de años atrás.

Estas herramientas rudimentarias estuvieron presentes por miles de siglos, hasta hace más o menos 1.4 millones de años, cuando el Homo erectus comenzó a realizar hojas de piedra finas, solas, a veces óvalos redondeados, pero en muchos casos, lo que para nuestros ojos es una llamativa, forma simétrica de hoja en punta o de lágrima.

Estas hachas de mano Achelenses — son así llamadas por Saint-Acheul en Francia, donde se hicieron descubrimientos en el siglo XIX — han sido desenterradas en sus miles, desparramadas a lo largo de Asia, Europa y Africa, casi por todos lados donde el Homo erectus y el Homo ergarster vagó.

Ahora, el número total de estas hachas de mano muestra que no pueden haber sido hechas para matar animales.

Y se complica aún más cuando uno se da cuenta de que, contrario a otras herramientas del pleistoceno, las hachas de mano suelen exhibir ninguna evidencia de desgaste en los bordes de sus delicados filos.

Y algunas, en cuaquier caso, son muy grandes para ser usadas para carnear.

Su simetría, sus materiales atractivos y, sobre todo, su meticulosa manufactura son sencillamente muy hermosas a nuestros ojos, aún hoy.

Entonces,

¿para qué eran estos antiguos — quiero decir: son antiguos, son extraños, pero son al mismo tiempo algo familiares — para qué estaban hechos estos objetos?

La mejor respuesta disponible es que que eran, literalmente, las obras de arte conocidas más tempranas, herramientas prácticas transformadas en objetos estéticos cautivantes, contempladas por sus formas elegantes y su trabajo como artesanía virtuosa.

Las hachas de mano marcan un avance evolutivo en la historia humana — herramientas hechas para funcionar como lo que los darwinistas llaman signos de aptitud — es decir, representaciones que son actuaciones como la cola del pavo real, excepto que, en vez de pelo y plumas, las hachas de mano son concientemente realizadas de manera inteligente.

Hachas de mano hechas competentemente indicaban cualidades de la personalidad deseadas — inteligencia, contol de coordinación, habilidad para planificar, diligencia y a veces, acceso a materiales raros.

A lo largo de miles de generaciones, dichas habilidades incrementaron el estatus de aquellos que las presentaban y ganaron una ventaja reproductiva sobre los menos capaces.

Saben, es una vieja línea, pero ha demostrado funcionar — «

¿Por qué no vienes a mi cueva, así puedo mostrarte mis hachas de mano?

»
(Risas)
Excepto, por supuesto, lo que es interesante de esto es que no podemos estar seguros de cómo se transmitía esa idea, porque el Homo erectus que hizo estos objetos no tenía lenguaje.

Es difícil de comprender, pero es un increíble.

Este objeto fue por un ancestro homínido — Homo erectus u Homo ergaster — entre 50 y 100 mil años antes del lenguaje.

Estirándolo a un millón de años, la tradición del hacha de mano es la tradición artística más larga en la historia de los humanos y proto-humanos.

Hacia el final del la epopeya del hacha de mano, el Homo sapiens — como fueron finalmente llamados — sin duda estaban encontrado nuevas formas de divertir y sorprenderse unos a otros por medio de, quien sabe, contar chistes, contar historias, bailar o hacerse peinados.

Sí, hacerse peinados — insisto en ello.

Para nosotros, modernos, la técnica virtuosa es usada para crear mundos imaginarios en ficción y en películas, para expresar emociones intensas a través la música, la pintura y la danza.

Pero aún así, un rasgo de nuestra personalidad ancestral persiste en nuestras antojos estéticos: la belleza que encontramos en el desempeño calificado.

Desde el Lascaux al Louvre, al Carnegie Hall, los humanos tenemos un gusto innato permanente por representaciones virtuosas en las artes.

Encontramos belleza en algo bien hecho.

Así que, cuando pasen por la vidriera de una joyería que exhibe una piedra hermosamente cortada con forma de lágrima, no estén tan seguros de que es sólo su cultura indicándoles que esa joya centelleante es hermosa.

Sus ancestros lejanos amaban esa figura y encontraron belleza en la destreza necesaria para confeccionarla, aún antes de que pudieran poner su amor en palabras.

¿Está la belleza en el ojo del observador?

No, está en lo profundo de nuestras mentes.

Es una virtud, nos es dada por las capacidades inteligentes y las ricas vidas emocionales de nuestros ancestros más antiguos.

Nuestra poderosa reacción a las imágenes, a la expresión de emoción en el arte, a la belleza de la música, al cielo de noche, estará con nosotros y nuestros descendientes mientras exista la raza humana.

Gracias.


(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/denis_dutton_a_darwinian_theory_of_beauty/

 

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