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Edward Tenner: Las consecuencias imprevistas – Charla TED2011

Charla «Edward Tenner: Las consecuencias imprevistas» de TED2011 en español.

Cada invención cambia el mundo –de maneras tanto intencionales como inesperadas–. El historiador Edward Tenner nos cuenta algunas historias que ilustran las diferencias que no siempre apreciamos entre nuestra capacidad de innovar y nuestra capacidad de prever las consecuencias de estas.

  • Autor/a de la charla: Edward Tenner
  • Fecha de grabación: 2011-03-02
  • Fecha de publicación: 2011-09-06
  • Duración de «Edward Tenner: Las consecuencias imprevistas»: 970 segundos

 

Traducción de «Edward Tenner: Las consecuencias imprevistas» en español.

No siempre fui fanático de las consecuencias imprevistas, pero he aprendido a quererlas de verdad.

Aprendí que son la esencia de lo que genera el progreso, incluso cuando parecen ser terribles.

Y me gustaría revisar exactamente el rol que cumplen las consecuencias imprevistas.

Remontémonos 40 mil años al pasado, a la época de la explosión cultural, cuando nacieron la música, el arte, la tecnología, muchas de las cosas que estamos disfrutando hoy en día, muchas de las cosas que estamos viendo en TED.

Y el antropólogo Randall White hizo una observación muy interesante: que, si nuestros antepasados de hace 40 mil años atrás hubieran sido capaces de ver lo que realmente habían hecho en realidad no lo hubieran entendido.

Ellos estaban respondiendo a lo que les preocupaba en ese momento.

Nos estaban dando la posibilidad de hacer lo que ellos hacían y, sin embargo, no entendían de verdad lo que estaban haciendo.

Avancemos ahora hasta 10 mil años atrás.

Y aquí se empieza a poner interesante.

¿Qué pasa con la domesticación de los granos?

¿Qué pasa con los orígenes de la agricultura?

¿Qué hubieran dicho nuestros antepasados de hace 10 mil años atrás si hubieran tenido evaluación de tecnología?

Puedo imaginar los comités reportándoles sobre a dónde llevaría la agricultura a la humanidad, al menos en los próximos cientos de años.

Eran noticias realmente malas.

En primer lugar, la nutrición empeoró y es posible que incluso sus vidas se redujeran.

Fue simplemente terrible para las mujeres.

Los restos óseos de la época nos muestran que ellas estaban moliendo granos a toda hora del día y de la noche.

Y fue nefasto políticamente.

Fue el comienzo de una desigualdad mucho mayor entre las personas.

Si en esa época hubieran tenido evaluación racional de tecnología creo que bien podrían haber dicho: «Anulemos este proyecto».

Incluso hoy nuestras decisiones tienen efectos imprevistos.

Históricamente, por ejemplo, los palillos –de acuerdo a un antropólogo japonés que escribió una tesis sobre esto en la Universidad de Michigan– provocaron cambios a largo plazo en la dentadura, en los dientes, del pueblo japonés.

Y también estamos cambiando nuestra dentadura hoy en día.

Existe evidencia de que la boca y la dentadura humana están reduciéndose continuamente.

Eso no es de por sí una consecuencia imprevista negativa.

Pero creo que desde el punto de vista de un neandertal habría habido una tremenda desaprobación hacia los pusilánimes dientes que tenemos hoy.

Así que estas cosas dependen en cierto modo del donde Uds o sus ancestros vivieron.

En el mundo antiguo había muchísimo respeto por las consecuencias imprevistas, y se tenía muchísima precaución; lo que se refleja en el Árbol del Conocimiento, en la caja de Pandora y, sobre todo, en el mito de Prometeo que ha sido tan importante en las metáforas recientes relacionadas a la tecnología.

Y todo eso es muy cierto.

Los médicos de la antigüedad –especialmente los egipcios, quienes crearon la medicina que hoy conocemos– estaban muy conscientes de lo que podían y no podían tratar.

Y en las traducciones de los textos que han sobrevivido dice: «Esto no lo trataré.

Esto no lo puedo tratar».

Tenían esto muy presente en su consciencia.

Así también eran los seguidores de Hipócrates.

Los manuscritos hipocráticos también –en repetidas ocasiones, según estudios recientes– manifiestan lo importante que es no hacer daño.

Hace menos tiempo, Harvey Cushing, desarrolló la neurocirugía conocida hoy día, quien la transformó de una especialidad de la medicina donde la mayoría de las muertes eran consecuencia de cirugías a una con pronóstico más esperanzador, él era muy consciente de que no siempre iba a hacer lo correcto.

Pero hacía todo lo posible y mantenía registros meticulosos que le permitieron transformar esa especialidad.

Ahora, si nos adelantamos un poco hasta el siglo 19 nos encontramos con un nuevo estilo de tecnología.

Ya no nos encontramos con herramientas simples, sino que con sistemas.

Nos encontramos con más y más conglomerados complejos de máquinas que hacen cada vez más difícil diagnosticar lo que está pasando.

Y los primeros que vieron esto fueron los telegrafistas de mediados del siglo 19, quienes fueron los hackers originales.

Thomas Edison hubiera estado muy, muy cómodo en el ambiente de una empresa de software actual.

Y estos hackers tenían una palabra para los errores misteriosos de los sistemas de telégrafo, los llamaban «bugs» (bichos).

Ese fue el origen de la palabra «bug».

En todo caso, esta conciencia tardó en permear por la población, incluyendo a las personas muy, muy bien informadas.

Samuel Clemens, Mark Twain, fue un inversionista importante en la máquina más compleja de todos los tiempos –o al menos hasta 1918– registrada en la Oficina de Patentes de EE.UU.

Era el tipógrafo Paige.

El tipógrafo Paige tenía 18 mil piezas.

La patente tenía 64 páginas de texto y 271 imágenes.

Era una máquina gloriosa ya que hacía lo mismo que una persona al configurar la tipografía móvil para la impresión; incluyendo devolver los tipos a su lugar, lo cual era muy difícil de hacer.

Y Mark Twain, que lo sabía todo sobre la tipografía, quedó realmente loco por esta máquina.

Lamentablemente, esta locura tuvo un resultado negativo dado que lo dejó en bancarrota, y tuvo que recorrer el mundo dando charlas para recuperar su dinero.

Y esto es algo importante acerca de la tecnología del siglo 19, que todas estas relaciones entre sus componentes podían destruir hasta la idea más brillante, incluso cuando eran juzgadas por los más expertos.

Ahora, en los principios del siglo 20 hubo otro elemento que hizo todo aún más complejo.

Y fue que la tecnología de seguridad en sí misma se volvió una posible fuente de peligro.

La lección del Titanic, para muchos de sus contemporáneos, fue que se debían tener suficientes botes salvavidas para todos los que estaban en el barco.

Y este fue el resultado de la trágica pérdida de vidas de las personas que no tuvieron botes para salvarse.

Sin embargo hubo otro caso, el Eastland, un barco que naufragó en el puerto de Chicago en 1915 y mató a 841 personas; es decir 14 más que los pasajeros fallecidos en el Titanic.

La razón fue, en parte, que los botes salvavidas que se agregaron hicieron que este barco que ya era inestable fuera aún más inestable.

Y eso demuestra una vez más que cuando hablamos de consecuencias imprevistas, no es tan fácil saber cuáles son las lecciones correctas.

Tiene que ver con el sistema, con cómo el barco estaba cargado, con el lastre y muchas otras cosas.

Por lo que el siglo 20, entonces, pudo ver cuánto más compleja era la realidad pero también vio el lado positivo.

Vio que la invención podía realmente beneficiarse de las emergencias.

Que podía beneficiarse de las tragedias.

Y mi ejemplo favorito de eso –que en realidad no es muy conocido como un milagro tecnológico, pero puede ser uno de los más grandes de todos los tiempos– fue el aumento de la penicilina en la Segunda Guerra Mundial.

La penicilina fue descubierta en 1928, pero incluso en 1940, no se estaban produciendo cantidades útiles comercial y médicamente.

Varias empresas farmacéuticas estaban trabajando en ello.

Estaban tratando cada una por sí sola y no estaban llegando a ningún lado.

Y la Oficina de Investigación del Gobierno reunió a sus representantes y les dijo que esto es algo que hay que hacer.

Y no sólo lo hicieron sino que en dos años, aumentaron la producción de penicilina pasando de frascos de un litro a estanques de 40 mil litros.

Así de rápido se fabricó la penicilina y se convirtió en uno de los mayores avances de la medicina de la historia.

Al mismo tiempo, en la Segunda Guerra Mundial se demostró la existencia de la radiación solar estudiando la interferencia detectada por las estaciones de radar de Gran Bretaña.

Así que las calamidades traen beneficios: beneficios a la ciencia pura, así como a la ciencia aplicada y a la medicina.

Ahora bien, cuando llegamos al período de posguerra, las consecuencias imprevistas se tornan aún más interesantes.

Y mi ejemplo favorito de esto se produjo comenzando en 1976, cuando se descubrió que la bacteria que causa la enfermedad de los legionarios siempre había estado presente en el agua normal, pero era la temperatura precisa del agua en los sistemas de calefacción, ventilación y aire lo que fomentaba el máximo nivel de reproducción del bacilo de la Legionella.

Bueno, la tecnología fue al rescate.

Y los químicos se pusieron a trabajar y desarrollaron un bactericida que llegó a ser ampliamente usado en estos sistemas.

Pero algo más ocurrió en la década de 1980 y fue que hubo una misteriosa epidemia de fallas de unidades de de cinta en todo Estados Unidos.

E IBM, que hacía estas unidades no tenía ninguna pista de qué podía hacer.

Le encargaron a un grupo de sus mejores científicos que investigaran esto y lo que encontraron fue que todas estas unidades de cinta estaban cerca de ductos de ventilación.

Y lo que pasaba era que el bactericida estaba formulado con pequeñas partículas de estaño.

Y estas partículas de estaño eran depositadas sobre los lectores de cinta y estaban arruinándolos.

Por lo que reformularon el bactericida.

Pero lo interesante para mí es que este el primer caso de un dispositivo mecánico que sufre, al menos indirectamente, una enfermedad humana.

Y esto demuestra que realmente estamos todos juntos en esto.


(Risas)
De hecho, también muestra algo interesante, que a pesar de que nuestras capacidades y la tecnología han ido expandiéndose geométricamente, desafortunadamente nuestra capacidad de modelar su comportamiento a largo plazo -que también ha ido aumentando- ha aumentado sólo aritméticamente.

Así que uno de los problemas característicos de nuestro tiempo es cómo cerrar esta brecha entre capacidades y visión de futuro.

Otra consecuencia muy positiva de la tecnología del siglo 20 fue la manera en que otros tipos de calamidades pudieron conducir a avances positivos.

Hay dos historiadores del mundo de los negocios de la Universidad de Maryland, Brent Goldfarb y David Kirsch, que han hecho un trabajo muy interesante, mucho del cual aún no se publica, sobre la historia de las innovaciones más importantes.

Han combinado la lista de estas innovaciones más importantes y han descubierto que la mayor cantidad, la mejor década, de innovaciones fundamentales, reflejada en todas las listas que otros han producido –una serie de listas que ellos unieron– fue la de la Gran Depresión.

Y nadie sabe exactamente por qué esto fue así, pero una historia puede reflejar un poco este porqué.

Fue el origen de la copiadora Xerox que celebró su aniversario número 50 el año pasado.

Y Chester Carlson, el inventor, era un abogado de patentes.

Realmente no tenía la intención de trabajar estudiando patentes pero realmente no podía encontrar otro trabajo técnico.

Y este fue el mejor trabajo que pudo conseguir.

Él estaba molesto por la baja calidad y alto costo de las copias de las patentes existentes, así que comenzó a desarrollar un sistema de fotocopiado en seco, que patentó a finales de los 1930s; y que se convirtió en la primera fotocopiadora en seco comercialmente factible en 1960.

Así que vemos que, a veces, como resultado de estos trastornos, como resultado de que la gente abandona la carrera que pretendía originalmente y va en otra dirección donde su creatividad puede marcar una diferencia, que las depresiones y todo tipo de otros eventos desafortunados pueden tener paradójicamente un efecto estimulante sobre la creatividad.

¿Qué significa esto?

Creo que esto significa que estamos viviendo en una época de posibilidades inesperadas.

Piensen, por ejemplo, en el mundo financiero.

El mentor de Warren Buffett, Benjamin Graham, desarrolló su sistema de inversión en valores como consecuencia de sus propias pérdidas en la crisis de 1929.

Y publicó ese libro comenzando la década de 1930 y el libro todavía existe en ediciones posteriores y sigue siendo un texto fundamental.

Así que muchas cosas creativas e importantes pueden suceder cuando la gente aprende de los desastres.

Ahora consideren las pequeñas y grandes plagas que tenemos hoy día –chinches, abejas asesinas, el spam– y es muy posible que las soluciones a esos problemas se extiendan muchísimo más allá del problema inmediato.

Si pensamos, por ejemplo, en Louis Pasteur, a la industria de la seda le pidió que estudiara las enfermedades de los gusanos de seda en la década de 1860, y sus descubrimientos fueron en realidad el inicio de la teoría de los gérmenes de las enfermedades.

Así que, muy a menudo, algún tipo de desastre –a veces, por ejemplo, la consecuencia de un sobre-cultivo de gusanos de seda, un problema en Europa en ese momento– puede ser la de algo mucho más grande.

Así que esto significa que tenemos que tener una visión distinta sobre las consecuencias imprevistas.

Tenemos que tener una visión muy positiva.

Tenemos que ver qué pueden hacer por nosotros.

Tenemos que aprender de esas cifras que he mencionado.

Tenemos que aprender, por ejemplo, del Doctor Cushing, mató a pacientes en sus primeras operaciones.

Tenía que tener algunos errores.

Tenía que cometer algunas equivocaciones.

Pero aprendió meticulosamente de sus errores.

Y, como resultado, cuando decimos: «Esto no es cirugía cerebral», rendimos tributo a lo difícil que era que alguien pudiera aprender de sus errores en una especialidad médica en que sus resultados eran considerados tan desalentadores.

Y también podemos recordar cómo las compañías farmacéuticas estuvieron dispuestas a unir sus conocimientos, a compartir su información, al una emergencia que nunca antes habían tenido.

Podrían haber sido capaces de hacerlo antes.

Entonces el mensaje que tomo de las consecuencias imprevistas es que el caos existe; aprovechemos de darle un mejor uso.

Muchas gracias.


(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/edward_tenner_unintended_consequences/

 

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