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Jacqueline Novogratz: inspirar una vida de inmersión – Charla TEDWomen 2010

Charla «Jacqueline Novogratz: inspirar una vida de inmersión» de TEDWomen 2010 en español.

Cada uno de nosotros quiere vivir una vida con sentido, pero ¿por dónde empezar? En esta charla luminosa y amplia Jacqueline Novogratz nos presenta a las personas que conoció trabajando en «capital paciente» – personas que se han sumergido en una causa, en una comunidad, en una pasión por la justicia. Estas historias humanas transmiten momentos de intensa inspiración.

  • Autor/a de la charla: Jacqueline Novogratz
  • Fecha de grabación: 2010-12-08
  • Fecha de publicación: 2011-02-16
  • Duración de «Jacqueline Novogratz: inspirar una vida de inmersión»: 1068 segundos

 

Traducción de «Jacqueline Novogratz: inspirar una vida de inmersión» en español.

He pasado mucho tiempo viajando por el mundo en estos días hablando con grupos de estudiantes y profesionales.

Y en todas partes oigo cosas similares.

Por un lado la gente dice: «Ahora es el tiempo del cambio».

Quieren ser parte de eso.

Dicen querer vivir vidas de propósito y de mayor significado.

Pero por otro lado oigo a la gente hablar del miedo, de un sentimiento de aversión al riesgo.

Dicen: «Tengo muchas ganas de llevar una vida con sentido pero no sé por dónde empezar.

No quiero decepcionar a mi familia ni a mis amigos».

Yo trabajo en temas de pobreza mundial y ellos dicen: «Quiero trabajar en temas de pobreza mundial pero

¿qué va a pasar con mi carrera?

¿Me van a marginar?

¿Voy a ganar suficiente dinero?

¿Me voy a casar alguna vez y tener hijos?

» Y como mujer que no se casó hasta ser bastante mayor — y me alegro de haber esperado…


(Risas)
…y que no tiene hijos — miro a estos jóvenes y les digo: «tu tarea no es ser perfecto.

Es sólo ser humano.

Y en la vida no pasa nada importante sin un coste».

Estas conversaciones reflejan realmente lo que está pasando a nivel nacional e internacional.

Nuestros líderes y nosotros mismos queremos todo, pero no hablamos del coste, no hablamos del sacrificio.

Una de mis citas favoritas de la literatura pertenece a Tillie Olsen la gran escritora del sur de EE.UU.

En una historia breve titulada «Oh Sí» habla de una mujer blanca de los años 50 que tiene una hija que se hace amiga de una niña afroamericana.

Y mira a su hija con orgullo pero a la vez se pregunta:

¿qué precio va a pagar?

«Mejor la inmersión que vivir sin contacto».

Pero la pregunta verdadera es:

¿cuál es el coste de no animarse?

¿cuál es el coste de no intentarlo?

En mi vida he tenido el privilegio de conocer líderes extraordinarios que han elegido vivir vidas de inmersión.

Conocí a una mujer que era de un programa que yo dirigía en la Fundación Rockefeller, de nombre Ingrid Washinawatok.

Ella era una líder de la tribu Menominee, un pueblo aborigen de EE.UU.

Y cuando nos reunimos como miembros ella nos hizo pensar en la forma en que las antiguas culturas aborígenes de EE.UU.

tomaban decisiones.

Y decía que visualizaban literalmente los rostros de los niños 7 generaciones en el futuro mirándolos desde la Tierra.

Y los veían como asistentes para el futuro.

Ingrid entendía que estamos conectados mutuamente, no sólo entre seres humanos, sino con cada ser vivo del planeta.

Y trágicamente en 1999 cuando estaba en Colombia trabajando con el pueblo U’wa en la preservación de su cultura e idioma, ella junto a dos colegas fueron secuestrados, torturados y asesinados por las FARC.

Después de eso, donde quiera que nos reuniéramos los miembros dejábamos una silla vacía para su espíritu.

Y más de una década después cuando hablo con compañeros de ONGs ya sea en Trenton, Nueva Jersey, o en la oficina de la Casa Blanca y hablamos de Ingrid todos dicen que están tratando de integrar su sabiduría y su espíritu y de construir a partir del trabajo inconcluso de la misión de su vida.

Y cuando pensamos en el legado no puedo pensar en nada más poderoso, a pesar de lo corta que fue su vida.

Y me he conmovido con las mujeres de Camboya, hermosas mujeres, mujeres que conservaron la tradición de la danza clásica camboyana.

Las conocí a principios de los años 90.

En los años 70, bajo el régimen de Pol Pot, los jemeres rojos mataron a más de un millón de personas.

Identificaron a las élites y a los intelectuales, a los artistas y a las bailarinas.

Y al final de la guerra sólo quedaban 30 de estas bailarinas con vida.

Y la mujer que tuve el privilegio de conocer cuando había 3 supervivientes, nos contó estas historias de catres y campos de refugiados.

Dijeron haber hecho un gran para recordar fragmentos de las danzas con la esperanza de que otras estuvieran vivas haciendo lo mismo.

Y una de las mujeres se paró con este porte perfecto, con sus manos a los lados, y habló de la reunión de las 30 después de la guerra y de lo extraordinario que fue.

Y corrieron lágrimas por sus mejillas pero nunca alzó sus manos para quitarlas.

Y la mujer decidió que iban a entrenar no a la siguiente generación de niñas porque ya habían crecido demasiado sino a la otra generación.

Y me senté en el estudio observando a estas mujeres aplaudir ritmos hermosos mientras las pequeñas hadas danzaban a su alrededor luciendo sedas de colores hermosos.

Y pensé, después de toda esta atrocidad, así es como oran los seres humanos.

Porque se centran en honrar a lo más hermoso del pasado construyendo con eso la promesa de nuestro futuro.

Y lo que estas mujeres entendieron es que a veces las cosas más importante que hacemos, a las que les dedicamos más tiempo, son cosas que no podemos medir.

También me ha conmovido el lado oscuro del poder y el liderazgo.

Y he aprendido que el poder, en particular en su forma absoluta, provee igualdad de oportunidades.

En 1986 me mudé a Ruanda y trabajé con un grupo reducido de mujeres ruandesas para iniciar el banco de microfinanzas del país.

Y una de las mujeres era Agnes -en el extremo izquierdo- fue una de las 3 primeras mujeres parlamentarias de Ruanda y su legado debería haber sido ser una de las madres de Ruanda.

Construimos esta institución basada en la justicia social, la igualdad de género; esta idea de dar poder a la mujer.

Pero Agnes estaba tan interesada en las trampas del poder que empezó por el final.

Y aunque había ayudado a construir un partido progresista, un partido político centrado en la diversidad y la tolerancia, unos 3 meses antes del genocidio se pasó de partido y se sumó al extremista Poder Hutu y se convirtió en ministra de justicia bajo el régimen genocida y fue conocida por incitar a los hombre a matar más rápido y a dejar de comportarse como mujeres.

Fue declarada culpable de crímenes de genocidio de primera categoría.

Y yo la visitaba en la prisión sentada lado a lado, rodilla con rodilla, y tengo que admitir que los monstruos existen en todos nosotros pero que tal vez no sean tanto monstruos, sino partes rotas de nosotros: tristeza, vergüenza secreta, y que en última instancia es fácil para los demagogos aprovecharse de esas partes, de esos fragmentos, si se quiere, y hacernos ver a otros seres, seres humanos, como inferiores a nosotros y en el extremo, hacernos hacer cosas terribles.

Y no existe grupo más vulnerable a esos tipos de manipulaciones que los hombres jóvenes.

He oído decir que el animal más peligroso del planeta es el adolescente varón.

Y así, en una reunión donde nos centramos en las mujeres, si bien es crítico que invirtamos en nuestras chicas, incluso en el campo de juego, y que encontremos maneras de honrarlas, tenemos que recordar que las muchachas y las mujeres están más aisladas y son violadas y victimizadas e invisibilizadas precisamente en esas sociedades en las que los hombres y los muchachos se sienten impotentes, incapaces de proveer.

Y que cuando se sientan en las esquinas y todo el futuro en el que pueden pensar es la falta de trabajo y educación, la falta de posibilidades, bueno, así es fácil de entender por qué la mayor fuente de estatus puede venir de un uniforme y un arma.

A veces una inversión muy pequeña puede liberar un potencial enorme, infinito, que existe en nuestro interior.

Uno de los miembros Acumen Fund de mi organización, Suraj Sudhakar, tiene lo que denominamos «imaginación moral»: la capacidad de ponerse en los zapatos del otro y conducir desde esa perspectiva.

Él ha estado trabajando con este grupo de muchachos que vienen del barrio marginal más grande del mundo, Kibera.

Y son muchachos increíbles.

Juntos inauguraron un club de lectura para 100 personas en el barrio marginal y están leyendo muchos autores de TED y les gusta.

Luego crearon un concurso de planes de negocio.

Y después decidieron hacer un TEDx.

He aprendido mucho de Chris, Kevin, Alex y Herbert y todos esos muchachos.

Alex, de algún modo, lo dijo mejor.

Dijo: «Solíamos sentir que no éramos nadie, y ahora sentimos que somos ‘alguien'».

Y creo que nos equivocamos al pensar que el dinero es el vínculo.

Lo que realmente anhelamos como seres humanos es ser visibles unos a los otros.

Y la razón por la cual estos muchachos me dijeron que están haciendo estos TEDx es porque estaban cansados de que los únicos talleres que iban al barrio eran los relacionados al VIH o, como mucho, a las microfinanzas.

Y ellos querían celebrar lo hermoso de Kibera y Mathare -los fotoperiodistas y los creativos, los grafiteros, los profesores y los emprendedores.

Y lo están haciendo.

Y me saco el sombrero ante Kibera.

Mi propio trabajo se centra en hacer más eficaz a la filantropía y más inclusivo al capitalismo.

En Acumen Fund recibimos recursos filantrópicos y los invertimos en lo que llamamos «capital paciente», dinero que invertiremos en emprendedores que ven a los pobres no como receptores pasivos de caridad sino como agentes completos de cambio que quieren resolver sus propios problemas y tomar sus propias decisiones.

Dejamos el dinero durante 10 ó 15 años y cuando lo recuperamos invertimos en otras innovaciones que se centren en el cambio.

Sé que funciona.

Hemos invertido más de 50 millones de dólares en 50 empresas.

Y esas empresas han generado otros 200 millones de dólares en esos mercados olvidados.

Sólo este año han entregado 40 millones de servicios como cuidado de salud materna y vivienda, servicios de emergencia, energía solar, para que la gente pueda tener más dignidad en la solución de sus problemas.

El capital paciente no es cómodo para las personas que buscan soluciones simples, categorías simples, porque no vemos la ganancia como instrumento directo.

Sino que buscamos esos emprendedores que ponen a la gente y al planeta delante de la ganancia.

En última instancia queremos ser parte de un movimiento que mida el impacto, que mida qué es lo más importante para nosotros.

Y mi sueño es que un día tengamos un mundo en el que no sólo rindamos honores a quien con el dinero hace más y más dinero sino que encontremos a esos individuos que convierten nuestros recursos en un cambio para el mundo de la manera más positiva.

Y sólo cuando les rindamos honores, les demos notoriedad y estatus, será cuando el mundo realmente cambiará.

El mayo pasado tuve este período extraordinario de 24 horas en el que vi 2 visiones del mundo viviendo lado a lado: una basada en la violencia y la otra en la trascendencia.

De casualidad estaba en Lahore, Pakistán, el día del ataque a 2 mezquitas por terroristas suicidas.

Y la razón por las que atacaron estas mezquitas era debido a que la gente que oraba dentro era de una secta particular del Islam que los fundamentalistas no creen que sea totalmente musulmana.

Y esos atacantes suicidas no sólo se cobraron una centena de vidas sino que hicieron más porque sembraron más odio, más rabia, más miedo y, sin duda, desesperación.

Pero menos de 24 horas después yo estaba a 20 km de esas mezquitas visitando a uno de nuestros inversores de Acumen un hombre increíble, Jawad Aslam, que se atreve a vivir una vida de inmersión.

Nacido y criado en Baltimore cursó estudios en bienes raíces, trabajó en inmobiliarias, y después del 11-S decidió mudarse a Pakistán a marcar una diferencia.

Durante 2 años apenas hizo algo de dinero, un pequeño estipendio, pero aprendió con esta desarrolladora increíble de viviendas llamada Tasneem Saddiqui.

Y tuvo el sueño de construir una comunidad de viviendas en este pedazo de tierra yerma usando capital paciente pero siguió pagando un precio.

Se plantó en terreno moral y se negó a pagar sobornos.

Le llevó casi 2 años el registro de la tierra.

Pero vi cómo el nivel de la norma moral puede elevarse con la acción de una sola persona.

Hoy 2.000 personas viven en 300 casas en esta hermosa comunidad.

Y hay escuelas, clínicas y comercios.

Pero hay sólo una mezquita.

Y le pregunté a Jawad «

¿Cómo se manejan?

Esta es una comunidad muy diversa.

¿Quién usa la mezquita los viernes?

» Él dijo: «Es una historia larga.

Fue difícil, fue un camino difícil, pero al final se reunieron los líderes comunitarios y se dieron cuenta que sólo nos tenemos unos a otros.

Y decidimos que íbamos a elegir a los 3 imanes más respetados y esos imanes se turnarían para decir la oración de los viernes.

Pero toda la comunidad, las diferentes sectas, incluidos chiíes y suníes, se sentarán juntos a orar».

Hace falta este tipo de liderazgo y coraje moral en nuestro mundo.

Como planeta enfrentamos grandes problemas: la crisis financiera, el calentamiento global, y esta sensación creciente de miedo y alteridad.

Y cada día tenemos una elección.

Podemos tomar el camino fácil, el camino más cínico, que es un camino en base a veces a sueños de un pasado que nunca existió, con miedo de unos a otros, de distanciamiento y culpa, o podemos tomar el camino mucho más difícil de transformación, trascendencia, compasión y amor pero rindiendo cuentas y con justicia.

Tuve el gran honor de trabajar con el Dr.

Robert Coles, psicólogo infantil que defendió el cambio durante el Movimiento de Derechos Civiles de EE.UU.

Él contaba esta historia increíble de haber trabajando con esta niña de 6 años llamada Ruby Bridges, primer caso de eliminación de segregación en las escuelas del Sur, en este caso en Nueva Orleans.

Y él decía que cada día esta niña de 6 años, con su hermoso vestido, caminaba con verdadera gracia en medio de una falange de blancos que le gritaban airadamente, llamándola monstruo, la amenazaban con envenenarla y desfigurarle la cara.

Y él la veía cada día y le parecía que ella estaba hablando.

Entonces le preguntó: «Ruby,

¿qué estás diciendo?

» Y ella dijo: «No estoy hablando».

Hasta que le dijo: «Ruby, veo que estás hablando.

¿Qué estás diciendo?

» Y ella dijo: «Dr.

Coles, no estoy hablando; Estoy orando».

Él preguntó: «Bueno,

¿qué estás pidiendo?

» Y respondió: «Estoy pidiendo, Padre perdónalos porque no saben lo que hacen».

A los 6 años esta niña estaba viviendo una vida de inmersión y su familia pagó un precio por ello.

Pero ella se volvió parte de la historia e instauró esta idea de que todos deberíamos tener acceso a la educación.

Mi última historia trata sobre un hombre joven, hermoso, llamado Josephat Byaruhanga; otro de Acumen Fund, oriundo de una comunidad agrícola de Uganda.

Y lo ubicamos en una en al oeste de Kenia, a unos 320 km.

Y él me dijo al final de su año «Jacqueline, fue un ejercicio de humildad porque pensé que como agricultor y como africano entendería cómo trascender la cultura.

Pero sobre todo al hablar con las mujeres africanas a veces cometí errores…

fue muy difícil para mí a escuchar».

Y dijo: «Así que concluí que, en muchos aspectos, el liderazgo es como una panícula de arroz.

Porque en el pico de estación, en la cima de su poder, es hermosa, es verde, nutre al mundo, llega al cielo».

Y agregó: «Pero apenas después de la cosecha se arquea con gran gratitud y humildad para tocar la tierra de la que proviene».

Necesitamos líderes.

Nosotros mismos tenemos que liderar desde la audacia para creer que podemos ampliar el supuesto fundamental que todos los hombres son creados iguales a cada hombre, mujer y niño del planeta.

Y tenemos que tener la humildad de reconocer que no podemos hacerlo solos.

Robert Kennedy dijo una vez «Pocos tienen la grandeza para doblar el curso de la historia pero todos podemos trabajar para cambiar una pequeña parte de los acontecimientos.

Y es la suma de todos esos actos la que escribirá la historia de esta generación».

Nuestras vidas son muy cortas, nuestro tiempo en el planeta es muy precioso, y sólo nos tenemos unos a otros.

Cada uno de ustedes puede vivir una vida de inmersión.

No será necesariamente una vida fácil pero al final es lo que nos va a sostener.

Gracias.


(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/jacqueline_novogratz_inspiring_a_life_of_immersion/

 

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