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Jarreth Merz: Filmando la democracia en Ghana – Charla TEDGlobal 2011

Charla «Jarreth Merz: Filmando la democracia en Ghana» de TEDGlobal 2011 en español.

Jarreth Merz, un director de cine suizo-ghanés, viajó a Ghana en 2008 para filmar las elecciones nacionales. Lo que allí presenció, le dejó nuevas enseñazas acerca de la democracia y acerca de sí mismo.

  • Autor/a de la charla: Jarreth Merz
  • Fecha de grabación: 2011-07-14
  • Fecha de publicación: 2011-09-28
  • Duración de «Jarreth Merz: Filmando la democracia en Ghana»: 516 segundos

 

Traducción de «Jarreth Merz: Filmando la democracia en Ghana» en español.

Nací en Suiza y crecí en Ghana, África Occidental.

De niño, Ghana me resultaba un lugar seguro.

Era libre, era feliz.

El comienzo de los años 70 marcó un momento de excelencia artística y musical en Ghana.

Pero a fines de la década, el país había recaído en una inestabilidad política y mala administración.

En 1979, fui testigo de mi primer golpe militar.

Los niños nos habíamos reunido en la casa de un amigo.

Era una choza iluminada de forma tenue.

Había un televisor blanco y negro estropeado parpadeando en el fondo, y el ex jefe de estado y general tenía lo ojos vendados y estaba siendo atado a un poste.

El pelotón de fusilamiento apuntó, disparó; el general murió.

Esto estaba siendo transmitido en vivo.

Y, poco después, nos fuimos del país y regresamos a Suiza.

Europa fue una sorpresa para mí y creo que comencé a sentir la necesidad de mi piel para encajar.

Quería mimetizarme como un camaleón.

Creo que fue una táctica de supervivencia.

Y funcionó, o eso creí.

Allí estaba, en 2008 preguntándome dónde estaba situado en la vida.

Y sentía que estaba siendo encasillado como actor.

Siempre estaba interpretando al africano exótico.

Interpretaba al africano violento, al terrorista africano.

Y pensaba: ¿a cuántos terroristas podría interpretar antes de convertirme yo mismo en uno? Y me había avergonzado del otro, del africano en mí.

Y afortunadamente en 2008 decidí volver a Ghana, luego de 28 años de ausencia.

Quería documentar en una película las elecciones presidenciales de 2008.

Y, allí, comencé por buscar las huellas de mi niñez.

Y, antes de darme cuenta, de pronto estaba en un escenario rodeado por miles de personas que vitoreaban durante una congregación política.

Y me dí cuenta de que, cuando abandoné el país, las elecciones libres y justas en un ambiente democrático eran tan sólo un sueño.

Y ahora que regresé, ese sueño se había vuelto realidad, aunque una realidad frágil.

Y pensé: ¿Ghana buscaba su identidad, como yo buscaba la mía? ¿Acaso lo que sucedía en Ghana era una metáfora de lo que me sucedía a mí? Y fue como si a través de las normas de mi vida occidental no hubiese desarrollado todo mi potencial.

Y Ghana tampoco, aunque lo habíamos estado intentando mucho.

En 1957, Ghana fue la primera nación subsahariana en obtener su independencia.

Al final de la década del 50 Ghana y Singapur tenían el mismo PBI.

Y digo, actualmente, Singapur es un país del primer mundo y Ghana no lo es.

Pero quizá era momento de probarme a mí mismo que sí, es importante entender el pasado, es importante verlo bajo una perspectiva diferente, pero quizás deberíamos ver las fortalezas de nuestra propia cultura y construir a partir de esas bases en el presente.

Allí estaba, el 7 de diciembre de 2008.

Las urnas se abrieron para los votantes a las 7 AM, pero los votantes, ansiosos de tomar el destino político en sus propias manos comenzaron a hacer la cola a las 4 de la mañana.

Y venían de cerca y de lejos, porque querían hacer oír sus voces.

Y le pregunté a uno de los votantes: «¿Por quién va a votar?» Y me contestó: «Lo siento, no puedo decírselo».

Dijo que su voto estaba en su corazón.

Y comprendí que esta era su elección, y que no iban a dejar que nadie se las arrebatara.

La primera vuelta no produjo un ganador definitivo, nadie logró la mayoría absoluta, así que hubo segunda vuelta 3 semanas más tarde.

Los candidatos estaban de nuevo en carrera haciendo campaña.

La retórica de los candidatos, por supuesto, cambió.

Se acaloró.

Y luego vino el lugar común.

Había acusaciones de intimidación en las mesas de votación, de robo de urnas.

Empezaron a llegar resultados inflados y la muchedumbre comenzaba a salirse de control.

Fuimos testigos de un estallido de violencia en las calles.

Golpeaban a las personas de manera brutal.

El ejército comenzó a hacer uso de las armas.

La gente estaba descontrolada.

Era un caos total.

Y se me cayó el alma a los pies porque pensé, aquí estamos nuevamente.

He aquí otra prueba de que los africanos son incapaces de gobernarse a así mismos.

Y no solo eso, lo estoy documentando, documentando las flaquezas de mi propia cultura.

Y mientras el eco de los disparos toddavía resonaba, pronto fue opacado por el canto de la multitud, y no podía creer lo que estaba oyendo.

Cantaban: «Queremos paz.

Queremos paz».

Y me dí cuenta de que eso tenía que venir del pueblo.

Después de todo, ellos son quienes deciden, y así fue.

Entonces el sonido que antes era confuso y enérgico, de pronto se convirtió en una melodía.

El sonido de sus voces era armonioso.

Entonces era posible.

Una democracia podía sostenerse en paz.

Era posible, por la voluntad de las masas, que ahora presionaba apremiante con todo su corazón y su afán por la paz.

Aquí hay una comparación interesante.

En Occidente predicamos los valores, la luz dorada de la democracia, que somos el claro ejemplo de cómo debe ser.

Pero al ponerlo en práctica Ghana se encontró en la misma situación que cuando en Estados Unidos se estancaron las elecciones presidenciales del 2000: Bush vs.

Gore.

Pero en lugar de la falta de voluntad de los candidatos para permitir que el sistema continúe y que el pueblo decida, Ghana honró la democracia y a su pueblo.

No dejó que fuera una decisión de la Suprema Corte, sino del pueblo.

La segunda vuelta tampoco reveló un ganador definitivo.

Quiero decir, estuvo muy reñida.

El comisionado electoral declaró, con el consentimiento de los partidos, llevar a cabo un segundo ballotage sin precedentes.

Entonces las personas acudieron nuevamente a las urnas para definir su presidente ellos mismos, no el sistema legal.

¿Y qué creen? Funcionó.

El candidato derrotado abandonó el poder y cedió el lugar para que Ghana ingresara en un nuevo ciclo democrático.

Y, quiero decir, en el momento justo de una necesidad absoluta de democracia, no abusaron de su poder.

La fe en la verdadera democracia y en el pueblo es muy profunda, demostrando que los africanos son capaces de gobernarse a sí mismos.

Pero la cuesta arriba para Ghana y para África aún no termina, pero tengo pruebas de que existe el otro lado de la democracia, y que no debemos tomarlo a la ligera.

Aprendí que mi lugar no es sólo en Occidente o en África, aún sigo buscando mi identidad, pero ví a Ghana crear una mejor democracia.

Ghana me enseñó a mirar a las personas de una manera diferente; a mirarme a mí mismo de una manera diferente.

Y sí, nosotros, los africanos, podemos.

Gracias.

(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/jarreth_merz_filming_democracy_in_ghana/

 

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