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Jessica Jackley: Pobreza, dinero… y amor – Charla TEDGlobal 2010

Charla «Jessica Jackley: Pobreza, dinero… y amor» de TEDGlobal 2010 en español.

¿Qué piensas de la gente pobre? Quizás lo mismo que solía pensar Jessica Jackley: “ellos” necesitan “nuestra” ayuda, como unas pocas monedas en un tarro. La cofundadora de Kiva.org habla de cómo cambió su actitud, y de cómo su trabajo con micropréstamos ha dado nuevo poder a personas que viven con unos pocos dólares al día.

  • Autor/a de la charla: Jessica Jackley
  • Fecha de grabación: 2010-07-14
  • Fecha de publicación: 2010-10-18
  • Duración de «Jessica Jackley: Pobreza, dinero… y amor»: 1113 segundos

 

Traducción de «Jessica Jackley: Pobreza, dinero… y amor» en español.

Las historias que nos contamos unos a otros son muy importantes.

Las historias que contamos sobre nustras propias vidas son importantes.

Y creo que, sobre todo, la manera en que participamos en las historias de los demás es de gran importancia.

Tenía seis años cuando, por primera vez, escuché historias sobre los pobres.

Pero no las escuché de los pobres mismos, las escuché de mi maestra de catequesis y de Jesús, a través de mi maestra de catequesis.

Recuerdo que aprendí que la gente pobre necesitaba algo material -alimento, ropa, albergue- que no tenía.

Y también me enseñaron, junto con eso, que, aparentemente, mi trabajo… nuestro trabajo -de esta clase llena niños de 5 y 6 años- era ayudar.

Eso era lo que Jesús nos pedía.

Y luego decía: “Lo que haces por el menor de ellos, lo haces por mí”.

Ahora estaba bastante mentalizada.

Estaba ansiosa por ser útil en el mundo.

Creo que todos tenemos ese sentimiento.

Y también, me resultaba interesante que Dios necesitara ayuda.

Eso era nuevo para mí, y parecía ser muy importante involucrarse.

Pero también aprendí, poco tiempo después, que Jesús también decía -y estoy parafraseando- que los pobres siempre estarián con nososotros.

Esto me frustraba y me confundía.

Sentía que acababan de darme una tarea que debía realizar, y estaba entusismada por hacerlo, pero que sin importar lo que hiciera, terminaría fallando.

Me sentía confundida, un poco frustrada y enojada; quizás yo había malinterpretado algo.

Me sentía abrumada.

Y por primera vez, empecé a temerle a este grupo de personas y a tener sentimientos negativos hacia todo un grupo de personas.

Me imaginaba una especie de fila larga de individuos que nunca desaparecerían, que siempre estarían con nosotros.

Siempre me pedirían que los ayudara y que les diera cosas, lo cual me entusiasmaba, pero no sabía como iba a resultar.

Y no sabía qué pasaría cuando me quedara sin cosas para dar, sobre todo si el problema nunca iba a desaparecer.

los años siguientes, las demás historias que escuchaba sobre los pobres no eran más positivas.

Por ejemplo, veía fotografías e imágenes generalmente de tristeza y sufrimiento.

Oía hablar sobre cosas que andaban mal en la vida de los pobres.

Oía hablar de enfermedades.

Oía hablar de guerra.

Siempre parecían estar relacionadas.

Y en general, tenía esta suerte de idea de que los pobres del mundo vivían vidas forjadas por el sufrimiento y la tristeza, por la devastación y la desesperanza.

Y luego de un tiempo, desarrollé esta respuesta previsible -que creo que muchos de nosotros desarrollamos- donde cada vez que oía hablar de ellos comenzaba a sentirme mal.

Comencé a sentirme culpable por mi relativo bienestar, porque, aparentemente, no estaba haciendo más para mejorar las cosas.

E incluso sentí vergüenza por eso.

Y entonces, naturalmente, empecé a distanciarme.

Dejé de escuchar sus historias tan atentamente como antes.

Y dejé de esperar que las cosas cambiaran en verdad.

Seguí dando.

De lejos parecía que seguía bastante involucrada.

Daba mi tiempo y mi dinero.

Daba cuando las soluciones estaban en oferta.

El valor de una taza de café puede salvar la vida de un niño.

Quiero decir, ¿quién puede discutir con eso? Daba cuando me encontraba acorralada, cuando era difícil evitarlo, y daba, generalmente, cuando los sentimientos negativos se acumulaban tanto que daba para aliviar mi propio sufrimiento, no el de alguien más.

A decir verdad, esa era mi postura cuando daba, no un genuino sentimiento de generosidad y de esperanza y entusiasmo por ayudar.

Se volvió para mí una transacción, una especie de intercambio.

Estaba comprando algo.

Estaba comprando mi derecho a seguir con mi día y no molestarme por estas malas noticias.

Y creo que la manera en que manejamos eso puede, en primer lugar, despersonalizar a un grupo de personas, individuos en el mundo.

Y puede, además, transformarse en una mercancía, lo cual pavoroso.

Así cuando hacía esto -y creo que muchos lo hacemos- estamos comprando nuestra distancia, estamos comprando nuestro derecho a seguir con nuestro día.

Creo que ese intercambio puede interferir con aquello que realmente queremos.

Puede interferir con nuestro deseo de realmente ser significativos y útiles en la vida de alguien más y de, en una palabra, amar.

Afortunadamente, hace algunos años, las cosas cambiaron para mí porque escuché hablar a este caballero, el Dr.

Muhammad Yunus.

Probablemente muchos aquí saben exactamente quién es, pero esta es la versión corta para aquellos que no lo han escuchado hablar, el Dr.

Yunus ganó el premio Nobel de la Paz hace unos años por su trabajo pionero en microfinanza moderna.

Fue tres años antes de eso que lo escuché hablar.

Básicamente, microfinanza -si esto también es nuevo para ustedes- piensen en ello como servicios financieros para los pobres.

Piensen en todas las cosas que obtienen en su banco e imaginen esos productos y servicios adaptados a las necesidades de alguien que vive con unos pocos dolares por día.

El Dr.

Yunus compartió su historia, que explicaba qué era eso y qué había hecho él con su Banco Grameen.

También habló, en particular, sobre micropréstamos, que son pequeños préstamos que pueden ayudar a alguien a montar un negocio o hacerlo crecer.

Cuando lo escuché hablar me resultó fascinante por varias razones.

y principal, porque aprendí sobre este nuevo método de cambio en el mundo que, de una vez por todas, me mostraba una posible forma de relacionarme con alguien y de dar, de compartir recursos de una forma que no me resultaba extraña y que no me hacía sentir mal.

Eso era fascinante.

Pero, más importante aún, contaba historias sobre los pobres diferentes a todas las historias que había escuchado antes.

Hablaba de individuos que eran pobres, pero el ser pobre era una nota al margen.

Hablaba de emprendedores fuertes, inteligentes y trabajadores que se levantaban cada día y hacían cosas para mejorar sus vidas y las de sus familias.

Lo único que necesitaba para poder hacerlo mejor y más rápido era un poco de capital.

Fue una sorprendente revelación para mí.

Y, de hecho, me estremeció mucho, es difícil ahora expresar cuánto me afectó, pero me estremeció tanto que renuncié a mi trabajo unas semanas después y me mudé a África Oriental para tratar de ver con mis propios ojos de qué se trataba esto.

Por primera vez en mucho tiempo quería conocer a esos individuos, quería conocer a estos emprendedores, y ver con mis propios ojos cómo eran sus vidas.

Entonces pasé tres meses en Kenya, Uganda y Tanzania entrevistando a emprendedores que habían recibido 100 dólares para montar o para hacer crecer un negocio.

Y, de hecho, a través de estas interacciones comencé, por primera vez, a hacerme amiga de algunas de estas personas de ese gran grupo amorfo que parecía estar muy lejos.

Comencé a hacer amigos y a conocer sus historias personales.

Y una y otra vez, mientras los entrevistaba y pasaba mis días con ellos, escuché historias de transformación y sorprendentes detalles de cambio.

Escuché sobre pastores de cabras que habían usado el dinero que habían recibido para comprar algunas cabras más.

La trayectoria de su negocio cambiaría.

Ganarían un poco más de dinero.

Su de vida mejoraría.

Y podrían hacer pequeños e interesantes cambios en sus vidas, como mandar a sus hijos al colegio.

Podrían comprar mosquiteros.

Quizás podrían comprar una cerradura para su puerta y sentirse seguros.

Quizás, simplemente, podrían poner azúcar en el té y ofrecérmela cuando fuera de visita y eso los haría sentir orgullosos.

Y eran estos hermosos detalles, incluso si hablaba con 20 pastores seguidos -y algunos días pasaba eso- estos hermosos detalles de transformación eran lo más valioso para ellos.

Eso fue lo que me emocionó.

Era una lección de humildad ver por primera vez, y entender realmente que, incluso si hubiera podido tomar una varita mágica y todo, probablemente habría errado bastante.

Porque para una persona la mejor manera de cambiar su propia vida es tener el control y hacerlo de la forma que crean más conveniente para ellos.

Ver eso fue una lección de humildad.

Otra cosa interesante ocurrió mientras estaba allí.

Ni una sola vez me pidieron una donación, lo cual había sido mi modalidad.

Hay pobreza y uno da dinero para ayudar.

Pero nadie me pidió una donación.

De hecho, nadie quería que sintiera pena por ellos.

Solo querían poder hacer más de lo que ya venían haciendo y crecer con sus propias habilidades.

Lo que sí oía, de vez en cuando, era que la gente quería un préstamo…

Eso me parecía muy razonable y emocionante.

A propósito, estudié filosofía y poesía en la universidad, así que no sabía la diferencia entre ganancias e ingresos cuando fui a África Oriental.

Solo tenía la impresión de que el dinero serviría.

Y mi iniciación a los negocios fue con estas pequeñas infusiones de capital de 100 dólares.

Y aprendí sobre ganancias e ingresos, sobre apalancamiento, y todo tipo de cosas, de granjeros, de costureras, de pastores de cabras.

Y así, la idea de que estas nuevas historias de negocios y esperanza pudieran ser compartidas con mi familia y amigos, y de esa forma pudieramos conseguir parte del dinero que necesitaban como préstamos para poder continuar con sus negocios, esa es la pequeña idea que se convirtió en Kiva.

Unos meses después, regresé a Uganda con una cámara digital y un sitio web básico que mi compañero Matthew y yo habíamos construído, y tomé fotos de siete de mis nuevos amigos, publiqué sus historias en el sitio web, estas historias de emprendimientos, las envié a mi familia y amigos y les dije: «Pensamos que estos es legal.

Aún no hemos tenido respuesta de la SEC sobre los detalles, pero, ¿Les interesaría participar en esto? ¿Aportar el dinero que necesitan?» El dinero llegó de la noche a la mañana.

Lo enviamos a Uganda.

Y a lo largo de los seis meses siguientes, algo hermosos ocurrió: los emprendedores recibieron el dinero, se les pagó, y, de hecho, sus negocios crecieron, y fueron capaces de mantenerse a ellos mismos y cambiar la trayectoria de sus vidas.

En octubre de 2005, luego de que esos siete préstamos fueron pagados, Matt y yo sacamos la frase «versión de prueba» del sitio.

Dijimos: «Nuestro pequeño experimento ha sido un éxito.

Llevémoslo a la realidad».

Ese fue nuestro lanzamiento oficial.

Y ese primer año, de octubre de 2005 a 2006, Kiva facilitó $500,000 dólares en préstamos.

El año, fue un total de 15 millones.

El tercer año, el total fue de cerca de 40 millones.

El cuarto año, un poco menos de 100 millones.

Y hoy, con menos de cinco años, Kiva ha facilitado más de 150 millones de dólares, en pequeñas sumas de 25 dólares cada una, entre prestamistas y emprendedores…

más de un millón de ellos, conjuntamente en 200 países.

Así está Kiva hoy en día, para traerlos al presente.

Y aunque esos números y esas estadísticas son divertidas de contar y son interesantes, para mí, Kiva se trata de las historias.

Se trata de volver a contar la historia de los pobres, y de darnos a nosotros mismos una oportunidad de involucrarnos que valide su dignidad, que valide una relación de colaboración, y no una relación basada en la tradicional extrañeza que ocurre entre donante y beneficiario.

Sino en cambio, una relación que pueda promover el respeto y la esperanza y este optimismo de que juntos podemos avanzar.

Eso es lo que espero, no sólo que el dinero siga fluyendo a través de Kiva -eso es algo muy positivo y significativo- pero espero que Kiva pueda atenuar esas líneas entre las categorías tradicionales de ricos y pobres que nos enseñan a ver en el mundo, esta falsa dicotomía entre nosotros y ellos, entre tener y no tener.

Espero que Kiva pueda atenuar esas líneas.

Porque, mientras eso ocurra, creo que podremos sentirnos libres de interactuar de una manera más abierta, más justa y más creativa, de comprometernos y de ayudarnos el uno al otro.

Piensen en cómo se sienten cuando ven a alguien mendigando en la calle y están a punto de acercársele.

Piensen en cómo se sienten.

Y luego imaginen la diferencia de ver a alguien que tiene una historia de emprendimiento y de trabajo duro que quiere contarles sobre su negocio.

Quizás esté sonriendo, y quiera contarles sobre lo que ha hecho.

Imaginen que están hablando con alguien que está cultivando algo y haciéndolo florecer, alguien que está usando su talento para hacer algo productivo, alguien que ha montado su propio negocio desde cero, alguien que está rodeado de abundancia, y no de escasez, que está, de hecho, generando abundancia, alguien con las manos llenas de algo para ofrecer, y no con las manos vacías pidiendo que le des algo.

Imagina si pudieras oír una historia inesperada de alguien que se levanta cada día y trabaja muy pero muy duro para hacer su vida mejor.

Estas historias pueden cambiar la manera en que pensamos en los demás.

Y si pudiéramos convencer a una entusiasta comunidad de acercarse a estos individuos y de participar en sus historias prestándoles un poquito de dinero, creo que eso podría cambiar la forma en que creemos en los demás y en el potencial de los demás.

Para mí, Kiva es solo el comienzo.

Y cuando miro hacia adelante, me útil reflexionar sobre las cosas que he aprendido hasta aquí.

La primera de ellas es, como dije, la idea de emprendimiento que era nueva para mí.

Los prestatarios de Kiva, a medida que fui entrevistándolos y conociéndolos, me han enseñado lo que es un emprendimiento.

Y creo que, en el fondo, es querer cambiar tu vida para mejor.

Ver una oportunidad y decidir qué vas a hacer para tratar de aprovecharla.

En pocas palabras, es decidir que mañana puede ser mejor que hoy, y luchar por ello.

La segunda cosa que aprendí es que los préstamos son una herramienta muy interesante para la conectividad.

No son una donación.

Quizás no parezca muy distinto.

Pero, de hecho, cuando damos algo a alguien y dice «gracias», y nos hace saber cómo van las cosas, eso es una cosa.

Cuando les prestas dinero, y de a poco van devolviéndotelo con el tiempo, tienes esta excusa para matener un diálogo constante.

Esta atención continua, esta atención constante, es muy importante para construir distintos tipos de relaciones entre nosotros.

Y en tercer lugar, a partir de lo que he escuchado de los emprendedores que he conocido, a iguales condiciones, teniendo la opción de elegir entre solo el dinero para hacer lo que necesitan o el dinero sumado al soporte y el estímulo de una comunidad global, la gente elije la comunidad sumada al dinero.

Esa es una combinación mucho más significativa, mucho más poderosa.

Con eso en mente, ese episodio particular me ha llevado a trabajar en lo que estoy haciendo ahora.

Ahora que estoy compenetrada con esto veo emprendedores en todos lados.

Y una cosa que he visto es que ya existen muchas comunidades de apoyo en el mundo.

Con las redes sociales, es una forma increíble de aumentar rápidamente el número de personas que tenemos a nuestro alrededor en nuestras comunidades de apoyo.

Así, al pensar en ello, me he estado preguntando: ¿cómo podemos comprometer a estas comunidades de apoyo a catalizar más ideas emprendedoras y a ayudarnos a nosotros a hacer que mañana sea mejor que hoy? Al estudiar lo que sucede en Estados Unidos, he encontrado datos interesantes.

Por un lado, como podemos esperar, muchos negocios pequeños en E.E.

U.U.

y en todo el mundo todavía necesitan dinero para crecer y para hacer más de lo que quieren hacer, o puede que necesiten dinero un mes difícil.

Pero siempre hay una necesidad de recursos en algún lugar cercano.

Por otro lado, que esos recursos no siempre vienen de donde uno esperaría -bancos, inversionistas de riesgo, u otras organizaciones y estructuras de apoyo- vienen de amigos o familiares.

Algunas estadísticas señalan que más del 85% del financiamiento para pequeños negocios proviene de familiares o amigos.

Son alrededor de 130 mil millones de dolares al año.

Es mucho.

Y en tercer lugar, cuando la gente está llevando a cabo esta colecta de fondos entre familiares y amigos, les incómodo, no saben exactamente qué pedir, cómo pedirlo, qué prometer a cambio, aunque tengan las mejores intenciones y quieran agradecer a esas personas que los están apoyando.

Entonces, para aprovechar el poder de estas comunidades de apoyo de una nueva manera y para permitirle a los emprendedores decidir por sí mismos exactamente cómo quieren que sea su transacción financiera, qué es apropiado para ellos y para la gente que los rodea, esta semana estamos, discretamente, lanzando Profounder, que es una plataforma que agrupa fondos colectivos para que los pequeños negocios puedan recaudar lo que necesitan a través de inversiones de sus familiares y amigos.

Y son inversiones, ya no donaciones ni préstamos, sino inversiones que tienen un retorno dinámico.

Así, su participación en la historia fluye con las alzas y bajas.

En pocas palabras, es una herramienta de «hágalo usted mismo» para que pequeños negocios puedan recaudar sus fondos.

Y lo que uno puede hacer es entrar al sitio, crear un perfil, crear plazos de inversión de manera muy fácil.

Es muy muy simple, tanto para mí como para cualquiera que quiera usar el sitio.

Y permitimos que los emprendedores compartan un porcentaje de sus ingresos.

Pueden recaudar hasta un millón de dólares de un número ilimitado de inversores no acreditados ni sofisticados -gente común- y pueden compartir sus ganancias a lo largo del tiempo bajo los términos que decidan.

Conforme los inversionistas deciden involucrarse bajo esos términos, pueden cambiar sus ganancias por efectivo, o pueden donar esas ganancias a una organización sin fines de lucro.

Así, pueden ser inversionistas en efectivo o en una causa.

Mi deseo es que este tipo de herramienta pueda brindarle, a cualquiera que tenga una idea, un camino para hacer lo que quiere hacer en el mundo y reunir a la gente que ya tiene a su alrededor, a la gente que mejor conoce y que lo aman y quieren ayudarlo, reunirlos para hacerlo realidad.

En eso estoy trabajando ahora.

Y para terminar, me gustaría decir que estas son herramientas.

En este momento, Profounder está recién comenzando, y es muy tangible, está claro para mí que es solo un canal, solo una herramienta.

Lo que necesitamos es que la gente se interese, que lo utilice, así como se interesaron en utilizar Kiva para hacer esas conexiones.

Pero la buena noticia es que no necesito pararme aquí y convencerlos de que les importe.

Ni siquiera voy a intentarlo.

Aunque a menudo oímos las razones éticas y las razones morales, las razones religiosas, «Estas son las razones por las que involucrarte y dar te hará feliz».

No creo que necesitemos ser convencidos de eso.

Creo que lo sabemos.

De hecho, creo que lo sabemos tan bien, y es una realidad que nos importa profundamente que, de hecho, lo que nos detiene es el miedo a intentar y estropearlo, porque nos interesa tanto ayudarnos y ser significativos en la vida de los demás.

Así que lo que puedo hacer hoy, lo mejor que puedo darles…

les he dado mi historia, que es lo mejor que puedo hacer.

Y puedo recordarles que a todos nos interesa.

Creo que todos ya sabemos eso.

Y sabemos que el amor es lo suficientemente fuerte como para salir e intentarlo.

Un momento, por favor.

(Aplausos) Gracias.

(Aplausos) Gracias.

(Aplausos) En mi opinión, la mejor maneja de inspirarnos para intentarlo es detenernos a escuchar la historia de alguien más.

Y estoy agradecida de haber podido lograr eso aquí en TED.

Y estoy agradecida porque siempre que hago eso, les garantizo, me siento inspirada, me siento inspirada por la persona a la que estoy escuchando.

Y cada vez que escucho creo más en el potencial de esa persona para hacer grandes cosas en el mundo y en mi propio potencial para ayudar.

Y eso…

olvídense de las herramientas, olvídense del flujo de recursos, eso es fácil.

Creer en nosotros, estar seguros cuando llegue el momento de que cada uno de nosotros puede hacer cosas asombrosas en el mundo, eso es lo que puede transformar nuestras historias en historias de amor y nuestra historia colectiva en una historia que perpetúa la esperanza y lo bueno para nosotros.

Este creer en los demás, sin dudarlo, y practicándolo cada día en todo lo que hacemos, eso es lo que yo creo que va a cambiar el mundo y va a hacer que mañana sea mejor que hoy.

Gracias.

(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/jessica_jackley_poverty_money_and_love/

 

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