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Miremos hacia arriba para variar – Charla TEDxPhoenix

Charla «Miremos hacia arriba para variar» de TEDxPhoenix en español.

¿Con qué frecuencia vemos la verdadera belleza del cielo nocturno? Lucianne Walcowicz, miembro de la comunidad TED, explica cómo la contaminación lumínica está arruinando la extraordinaria —y a menudo olvidada— experiencia de observar el espacio de manera directa.

  • Autor/a de la charla: Lucianne Walkowicz
  • Fecha de grabación: 2011-11-11
  • Fecha de publicación: 2012-02-19
  • Duración de «Miremos hacia arriba para variar»: 669 segundos

 

Traducción de «Miremos hacia arriba para variar» en español.

El cielo es intrínsecamente democrático.

En principio, es accesible para todos, en cualquier parte, simplemente mirando hacia arriba.

Pero, como tantas cosas bellas que nos rodean, se nos está escapando, y ni siquiera nos damos cuenta porque, en realidad, no lo estamos mirando.

¿Qué miramos, entonces?

Miramos el móvil, la computadora, miramos pantallas de todo tipo.

Y, honestamente, rara vez nos tomamos el trabajo de apartar la vista para mirarnos entre nosotros, y mucho menos para mirar hacia arriba, al cielo.

Suele pensarse que la pérdida del cielo oscuro de noche es el inevitable resultado del progreso, del cambio, de la tecnología.

Y según parece, no es verdad.

Más adelante les diré por qué.

Primero, quiero contarles mi experiencia con el cielo nocturno.

Nunca vi un cielo nocturno realmente oscuro hasta los 15 años de edad.

Fue aquí, en Arizona.

Viajaba en automóvil; me detuve en algún punto de la carretera.

No tenía la menor idea de dónde estaba; sólo sabía el nombre del estado.

Miré hacia arriba, y vi un cielo lleno de un número incalculable de estrellas.

En Nueva York, ciudad de la que provengo, es posible ver la luna, un par de estrellas —por lo general, son aviones a punto de aterrizar—.


(Risas)
Pero, en verdad, no más que eso.

Como resultado, la mayoría de mis colegas astrónomos pasaron parte de su juventud observando el cielo desde el patio de la casa.

Yo nunca lo hice.

Quizá por eso soy un caso perdido en los campamentos.

No conozco gran cantidad constelaciones.

Y las que conozco son probablemente las mismas que conocen Uds.

Pero nunca olvidaré aquella experiencia cuando por primera vez vi el cielo oscuro de noche.

Quedé anonadada ante la cantidad de estrellas que había.

Y me sentí muy pequeña.

Y me pregunté: «

¿Dónde había estado esto escondido hasta ahora?

¿Quién me estaba ocultando este cielo?

» La respuesta es obvia si nos detenemos a pensar, o si miramos esta imagen de la izquierda, donde vemos el mismo vecindario durante un apagón a diferencia de una noche común.

No es posible ver las estrellas si las luces las opacan.

Veamos nuestro planeta.

Este es nuestro planeta visto desde el espacio.

A diferencia de las estrellas, que tienen altas temperaturas y emiten una luz que nos posibilita verlas, nuestro planeta es, desde el punto de vista astronómico, bastante frío.

Por eso no brilla.

Cuando el planeta se ve como una esfera azul verdosa, como en esta imagen, lo vemos porque refleja la luz del sol y en consecuencia podemos ver los océanos, las nubes, los territorios.

Es decir que si el sol no iluminara la Tierra, no podríamos verla,

¿correcto?

¿Pero …

es realmente así?

Esta es la Tierra de noche, y es uno de los ejemplos más claros de lo mucho que hemos perjudicado nuestro planeta a escala global.

Podemos ver luces diseminadas por todo el planeta.

Obviamente, hay grandes extensiones de océanos que aún están a oscuras, y muchas zonas subdesarrolladas todavía están sin luz.

Pero, como pueden ver, el efecto es de alcance bastante global.

Cuando hablamos de lugares iluminados, tendemos a pensar en ejemplos extremos: Times Square, la Franja de las Vegas.

Pero, en realidad, las imágenes muestran que no se trata únicamente de estos ejemplos extremos, sino de cualquier lugar con alumbrado exterior.

Esto tiende a causar un efecto muy grande sobre el suelo.

Para entenderlo mejor, simplemente pensemos en la forma de la bombilla eléctrica.

Por razones prácticas, la bombilla eléctrica es más redonda.

Ideal para el propósito original de iluminar el interior.

Uno la enciende, y la luz se proyecta en todas las direcciones.

En líneas generales, una sola bombilla eléctrica puede alumbrar una sala entera.

Excelente para iluminar un recinto, pero su aplicación en el alumbrado exterior, con la forma tradicional de la bombilla eléctrica, —esa especie de esfera que emite luz en varios sentidos— es en realidad muy eficiente.

Cuando estamos afuera, lo que más nos interesa es iluminar el suelo y el entorno cercano.

Toda esa luz que se difunde hacia afuera y hacia arriba no ayuda realmente a alumbrar las zonas cercanas.

Lo que ocurre es que esa luz se proyecta hacia el cielo y se produce lo que llamamos «contaminación lumínica».

Y aunque no sepamos de observación de astros, este tema debería preocuparnos pues significa que entre el 60 y el 70 % de la energía que usamos para iluminar el exterior se desperdicia, y tapa las estrellas.

Como dije, soy gran admiradora de la tecnología.

Y obviamente la uso a diario, en mi trabajo de científica.

Y hay una tendencia a pensar que el progreso, —es decir, no estoy afirmando que viviremos a la luz de las velas— la tecnología nos permite acceder al cielo de un modo que sería imposible sin ella.

Uno de los mayores ejemplos es, sin dudas, el telescopio espacial Hubble.

Desde el espacio, el Hubble envía imágenes todos los días, y nos permite ver cosas que no podríamos observar a simple vista, de un modo que jamás se pudo hacer antes, en toda la historia de la humanidad.

Otro ejemplo son las exhibiciones en los planetarios.

En los últimos años, se han incorporado tecnologías más sofisticadas a estas grandes visualizaciones y, si no son un acceso directo al cielo, sí lo son, al menos, a nuestro conocimiento del cielo.

Efectivamente, podemos observar el cielo en un planetario de una manera que sería imposible con sólo sentarse a contemplar el cielo de noche.

Supongo que ya han oído hablar del telescopio Hubble y los planetarios, pero hay otras maneras en que la tecnología puede permitir a la gente tener su propia experiencia con el cielo de un modo que quizá desconozcan.

Se llaman «proyectos de ciencia ciudadana» La ciencia ciudadana es la publicación en línea de datos de un proyecto de investigación, que muestra a la gente común, cómo interactuar con esos datos y de este modo contribuyen a la investigación con descripciones interesantes o necesarias.

Un ejemplo es «Galaxy Zoo», un proyecto en el que los participantes aprenden a través de un tutorial de 20 minutos, o menos, a interactuar con imágenes de galaxias.

Aprenden a hacer anotaciones sobre las imágenes, y en minutos se ponen manos a la obra, haciendo categorizaciones y clasificaciones de las galaxias que resultan sumamente útiles.

Ahora bien, resulta fácil entender por qué Galaxy Zoo sería una invitación tentadora para que la gente participe: ofrece imágenes bonitas; las galaxias, en general, son muy bellas.

Pero los proyectos de ciencia ciudadana tienen también otros atractivos que han seducido a los participantes.

Son proyectos con distintos niveles de abstracción, de los que uno no pensaría ser de interés para el público.

Un ejemplo es el proyecto de ciencia ciudadana asociado a la misión de la que formo parte: la Misión Kepler.

Kepler es un telescopio espacial en busca de planetas que giran alrededor de otras estrellas, midiendo de manera muy precisa la luz que emiten esas estrellas.

Nuestro objetivo es detectar las disminuciones que se producen en la intensidad de la luz cuando las estrellas bloquean parte de esa luz.

Hemos incorporado un proyecto de ciencia ciudadana llamado «Planet Hunters» [Cazadores de planetas].

Este proyecto, al igual que Galaxy Zoo, ofrece un breve tutorial que en unos minutos capacita al interesado en la observación de los datos recogidos por la Misión Kepler y en la búsqueda de planetas.

La idea de este proyecto es realmente tentadora.

Pero el proceso de búsqueda de planetas supone un análisis pormenorizado de gráficos, como se ve en esta imagen, que deben ser anotados.

Yo hago esta tarea a diario y no la veo particularmente interesante.


(Risas)
Sin embargo, esta actividad no sólo es de interés para los participantes, sino para los científicos aficionados de Planet Hunters quienes han logrado encontrar planetas a partir de los datos que de otra manera habrían pasado inadvertidos.

Esta es una lista de los autores que publicaron el trabajo sobre el planeta que descubrieron.

Y todas las personas que contribuyeron figuran abajo, dando lugar a una rara amalgama entre los nombres reales de las personas y sus nombres de usuario.

Si lo piensan detenidamente, este es el primer reconocimiento académico de la importancia del café irlandés en el proceso de descubrimiento.


(Risas)
No quiero insinuar que estas personas son científicos desempleados o un grupo de nerds a quienes les interesó este tema.

Hay 60 mil participantes en este proyecto, la mayoría de los cuales no tiene formación técnica.

Queda claro, entonces, que este proyecto se alimenta de la curiosidad de la gente y del interés por participar en el proceso del descubrimiento científico.

La gente quiere hacerlo.

Pero toda esta tecnología y todos estos medios digitales para estudiar el cielo aún me dan la sensación de estar observando animales en el zoológico.

Es un medio válido de experimentarlo; de hecho, el león en la jaula siendo siendo real, las imágenes del Hubble son reales, y podemos estar más cerca de un león en un zoológico que en su hábitat natural.

Pero algo está faltando: esa belleza salvaje de vivir la experiencia en el entorno natural, de primera mano, sin que medie una pantalla.

La experiencia de mirar al cielo y de saber que ese cielo rodea todo ser viviente conocido en el universo es muy profunda.

Detengámonos a pensar un segundo.

Somos el único planeta conocido en donde hay vida.

El cielo que vemos es compartido por todos los otros seres vivos de existencia conocida.

Una de las cosas que más me gusta de mi trabajo es que me permite tomar distancia de la vida cotidiana y percibir un contexto más amplio.

Siento que cuando exploramos el universo en busca de planetas que pueden parecerse al nuestro, me doy cuenta de cuán valioso es lo que tenemos aquí.

Nuestro cielo nocturno es como un recurso natural, como un parque que se puede visitar sin necesidad de viajar para estar allí.

Pero, como todo recurso natural, si no lo protegemos, si no lo conservamos y valoramos, se escurrirá y desaparecerá.

Si están interesados y desean tener más información, los invito a ingresar la web darksky.org para aprender más sobre las posibilidades que tenemos de proteger el cielo oscuro de noche, porque pertenece a todos, nos pertenece, y por lo tanto, de depende disfrutarlo como queramos.

Y también de depende el perderlo.

Gracias.


(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/lucianne_walkowicz_look_up_for_a_change/

 

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