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Peter Diamandis: Un futuro de abundancia – Charla TED2012

Charla «Peter Diamandis: Un futuro de abundancia» de TED2012 en español.

En el escenario de TED2012, Peter Diamandis, hace un planteo optimista respecto a que vamos a inventar, innovar y maneras de resolver los desafíos que se ciernen sobre nosotros. «No estoy diciendo que no tenemos nuestros buenos problemas, desde luego los tenemos, a la larga, acabaremos con ellos».

  • Autor/a de la charla: Peter Diamandis
  • Fecha de grabación: 2012-02-28
  • Fecha de publicación: 2012-02-29
  • Duración de «Peter Diamandis: Un futuro de abundancia»: 974 segundos

 

Traducción de «Peter Diamandis: Un futuro de abundancia» en español.

(Aplausos) (Video) Locutor: Crecen las amenazas por la muerte de Bin Laden.

Locutor 2: Hambruna en Somalia.

Locutor 3: La policía arroja gas pimienta.

Locutor 4: Carteles despiadados.

Locutor 5: Cruceros mordaces.

Locutor 6: Decadencia social.

Locutor 7: 65 muertos.

Locutor 8: Alerta de tsunami.

Locutor 9: Ciberataques.

Varios locutores: Guerra al narcotráfico.

Destrucción masiva.

Tornado.

Recesión.

Bancarrota.

Juicio final.

Egipto.

Siria.

Crisis.

Muerte.

Desastre.

¡Oh, Dios mío! Peter Diamandis: Estos son sólo algunos de los clips que conseguí en los últimos seis meses.

Tranquilamente podrían ser de los últimos 6 días o de los últimos 6 años.

La idea es que los medios de prensa prefieren brindarnos noticias negativas porque nuestras mentes les prestan atención.

Y eso responde a una muy buena razón.

En cada segundo de cada día nuestros sentidos reciben muchísimos más datos de los que probablemente el cerebro puede procesar.

Y como nada nos importa más que sobrevivir, la primera parada de todos esos datos es un antiguo fragmento del lóbulo temporal llamado amígdala.

La amígdala es nuestro detector de alerta temprana, el detector de peligro.

Ordena y registra toda la información buscando algo en el entorno que pudiera hacernos daño.

Por eso de una decena de historias preferiremos mirar las negativas.

Ese viejo refrán de la prensa: «Si hay sangre, vende», es muy cierto.

Y que todos los dispositivos digitales nos brindan noticias negativas los 7 días de la semana, 24 horas al día, no es de extrañar que seamos pesimistas.

No sorprende que la gente piense que el mundo va de mal en peor.

Pero quizá no sea así.

Tal vez, en cambio, lo que realmente sucede es que recibimos distorsiones.

Quizá el progreso enorme realizado en el último siglo por una serie de fuerzas está acelerándose de tal forma que tenemos el potencial para un mundo de abundancia en las próximas tres décadas.

No estoy diciendo que no tenemos nuestros buenos problemas: el cambio climático, la extinción de especies, la escasez de agua y energía; sin dudas los tenemos.

Como seres humanos somos muy buenos para avizorar los problemas y, a la larga, acabamos con ellos.

Analicemos entonces lo ocurrido en el último siglo para ver hacia dónde vamos.

En los últimos cien años, el promedio de vida se ha más que duplicado, el ingreso promedio per cápita ajustado por inflación se ha triplicado en todo el mundo.

La mortalidad infantil se ha reducido 10 veces.

Además, el costo de los alimentos, de la electricidad, del transporte y las comunicaciones, ha caído de 10 a 1000 veces.

Steve Pinker nos mostró que estamos viviendo la época más pacífica de la historia de la humanidad.

Y Charles Kenny que la alfabetización mundial pasó del 25% a más del 80% en los últimos 130 años.

Realmente estamos viviendo una época extraordinaria.

Mucha gente lo olvida.

Y seguimos poniéndonos expectativas cada vez más altas.

De hecho, redefinimos el significado de pobreza.

Piénsenlo, hoy en EE.UU., gran parte de las personas que viven bajo la línea de pobreza tienen electricidad, agua, baños, refrigeradores, televisión, móviles, aire acondicionado y coches.

Los magnates barones del caucho del siglo pasado, los emperadores del planeta, jamás habrían soñado con tales lujos.

Apoyando mucho de esto está la tecnología y, últimamente, su crecimiento exponencial.

Mi buen amigo Ray Kurzweil mostró que cualquier herramienta que deviene en tecnología de la información salta en esta curva, la Ley de Moore, y duplica el rendimiento del precio en unos 12 a 24 meses.

Por ese motivo el móvil que tienen en el bolsillo es un millón de veces más barato y mil veces más rápido que una supercomputadora de los años 70.

Ahora miren esta curva.

Es la Ley de Moore durante los últimos cien años.

Quiero que observen dos cosas en esta curva.

Primero, lo suave que es…

en buenos y malos tiempos, en la guerra y en la paz, en recesión, en depresión y en auge.

Es la resultante de computadoras rápidas usadas para construir computadoras más rápidas.

No se detiene ante ninguno de los grandes desafíos.

Y aunque esté graficada en una ley a la izquierda, se curva va hacia arriba.

La tasa de crecimiento de la tecnología es en sí cada vez más rápida.

Y en esta curva, a horcajadas de la Ley de Moore, hay una serie de tecnologías extraordinariamente poderosas con las que hoy contamos.

La computación en la nube, que mis amigos de Autodesk llaman computación infinita, sensores y redes, la robótica, la impresión 3D y su capacidad de democratizar y distribuir producción personalizada en todo el planeta, la biología sintética, los combustibles, las vacunas y los alimentos, la medicina digital, los nanomateriales y la IA.

Digo, ¿cuántos vieron la victoria en Jeopardy de Watson, de IBM? Fue épica.

Busqué en los periódicos el mejor titular que hubiera.

Y me encantó éste: «Watson vence a oponentes humanos».

Jeopardy no es un juego fácil.

Juega con los matices del lenguaje humano.

Imaginen esta inteligencia artificial en la nube, disponible para todos en el móvil.

Hace 4 años, aquí en TED, Ray Kurzweil y yo, lanzamos una nueva universidad llamada Singularity University.

Le enseñamos estas tecnologías a nuestros alumnos, y, en particular, cómo pueden usarse para resolver los grandes retos de la humanidad.

Y cada año les pedimos que lancen una empresa, o un producto o servicio, que pueda afectar positivamente las vidas de mil millones de personas en una década.

Piensen en eso, el hecho de que un grupo de estudiantes hoy pueda impactar la vida de mil millones de personas.

Hace 30 años eso habría sonado absurdo.

Hoy podemos señalar una decena de compañías que ya lo han hecho.

Cuando pienso en abundancia, no significa crear vida lujosa para cada habitante del planeta; se trata de crear una vida de lo posible.

Se trata de tomar eso que es y volverlo abundante.

Ya ven, la escasez es contextual y la tecnología es una fuerza que libera recursos.

Les pondré un ejemplo.

Es una historia de Napoleón III de mediados del 1800.

Él es el tipo de la izquierda.

Invitó a cenar el rey de Siam.

Las tropas de Napoleón comieron con cubiertos de plata, y el mismo Napoleón, con cubiertos de oro.

Pero el rey de Siam, comió con cubiertos de aluminio.

Ya ven, el aluminio era el metal más valioso del planeta; valía más que el oro y el platino.

Por esa razón la punta del Monumento a Washington es de aluminio.

Ya ven, aunque el aluminio es el 8,3% de la masa de la Tierra, no viene como metal puro.

Está ligado por el oxígeno y los silicatos.

Pero luego llegó la electrólisis e hizo del aluminio algo tan barato que lo usamos como si descartable.

Proyectemos esta analogía hacia el futuro.

Pensemos en la escasez de energía.

Damas y caballeros, estamos en un planeta bañado por 5000 veces más energía de la que usamos en un año.

Llegan a la Tierra 16 teravatios de energía cada 88 minutos.

No se trata de escasez, sino de accesibilidad.

Y hay buenas noticias.

Este año, por primera vez, el costo de la energía solar en India es el 50% menos que el de la generada por diesel: 8,8 rupias versus 17 rupias.

El costo de la energía solar cayó 50% el año pasado.

El mes pasado, el MIT publicó un estudio que muestra que a finales de la década, en las partes soleadas de Estados Unidos, la electricidad solar costará 6 centavos el kilovatio por hora comparado con los 15 centavos de la media nacional.

Y si tenemos abundancia de energía también tenemos abundancia de agua.

Hablemos ahora de las guerras por el agua.

¿Recuerdan cuando Carl Sagan apuntó la nave espacial Voyager hacia la Tierra, en 1990, después que pasó Saturno? Sacó una foto famosa.

¿Cómo se llamaba? «Un pálido punto azul».

Porque vivimos en un planeta de agua.

Vivimos en un planeta cubierto en un 70% por agua.

Sí, el 97,5% es agua salada, el 2% es hielo, y peleamos por el 0,5% del agua del planeta, pero también aquí hay una esperanza.

Es una tecnología disponible no en 10 ó 20 años, sino ahora mismo.

Viene la nanotecnología, los nanomateriales.

En una conversación con Dean Kamen esta mañana, uno de los innovadores del bricolaje…

me gustaría compartir con Uds., me dio permiso para hacerlo…

su tecnología llamada Slingshot -quizá ya la conozcan- es del tamaño de un refrigerador pequeño.

Es capaz de generar mil litros de agua potable al día de cualquier fuente -agua salada, agua contaminada, una letrina- por menos de 2 centavos el litro.

El presidente de Coca-Cola acaba de acordar que hará una prueba importante de cientos de estas unidades en el mundo en desarrollo.

Si eso sale bien, y tengo plena confianza en que así será, Coca-Cola lo implementará mundialmente en 206 países del planeta.

Esta es una innovación potenciada por esta tecnología que hoy existe.

Y lo hemos visto en los móviles.

Dios mío, vamos a llegar al 70% de penetración de los móviles en el mundo en desarrollo para finales de 2013.

Piénsenlo, ese guerrero masai tiene mejores comunicaciones móviles en medio de Kenia que el presidente Reagan hace 25 años.

Y, de contar con un móvil inteligente con Google, tiene acceso a más conocimiento e información que el presidente Clinton hace 15 años.

Vive en un mundo de abundancia de información y comunicaciones que nadie podría haber predicho jamás.

Mejor que eso, las cosas por las que Uds.

y yo hemos decenas y cientos de miles de dólares -GPS, video HD, imágenes, bibliotecas de libros y música, tecnología de diagnóstico médico- ahora se desmaterializan y pierden valor de mercado con los móviles.

Quizá lo mejor llegue cuando surjan las aplicaciones en salud.

El mes pasado, tuve el placer de anunciar con la Fundación Qualcomm algo llamado el Premio X Qualcomm Tricorder, de 10 millones de dólares.

Estamos desafiando a los equipos del mundo para que combinen estas tecnologías en un dispositivo móvil con el que hablan, y que tiene IA, pueden toser, pueden extraerse sangre del dedo.

Para ganar tiene que hacer mejores diagnósticos que un equipo médico certificado.

Imaginen este dispositivo en medio del mundo en desarrollo en el que no hay médicos, donde la carga de morbilidad es del 25% y hay 1,3% de trabajadores de la salud.

Cuando este dispositivo secuencie un virus de ARN o ADN que no reconozca, llamará al ente de salud y, en primer lugar, evitará que ocurra la pandemia.

Pero esta es la mayor fuerza de producir un mundo de abundancia.

Lo llamo los mil millones en aumento.

Las líneas blancas de aquí son la población.

Acabamos de pasar la marca de los 7 mil millones.

Por cierto, la mejor protección contra la explosión demográfica es dotar al mundo de educación y salud.

En 2010, teníamos menos de 2 mil millones de personas en línea, conectadas.

Para 2020, pasará de 2 mil millones a 5 mil millones de usuarios de Internet.

Tres mil millones de mentes nunca antes oídas que se suman a la conversación global.

¿Qué querrán estas personas? ¿Qué consumirán? ¿Qué deseos tendrán? Y en lugar de un colapso económico tendremos la mayor inyección económica de la historia.

Estas personas representan decenas de billones de dólares inyectados en la economía global.

Y gozarán de más salud gracias al Tricorder, de una mejor educación con la Academia Khan y debido al uso de las impresiones en 3D y a la computación en la nube serán más productivos que nunca antes.

¿Qué nos pueden brindar 3000 millones más de miembros de la humanidad, saludables educados y productivos? ¿Qué tal unas voces nunca antes oídas? ¿Qué tal si les damos a los oprimidos, dondequiera que estén, una voz para ser escuchados y poder actuar por primera vez? ¿Qué aportarán estos 3000 millones? ¿Y si son contribuciones que ni podemos predecir? Algo que aprendí con el Premio X es que equipos pequeños, guiados por su pasión con un objetivo claro, pueden hacer cosas extraordinarias; cosas que antes sólo podían hacer las grandes corporaciones y los gobiernos.

Voy a terminar compartiendo una historia que realmente me entusiasmó.

Hay un programa que quizá algunos ya conozcan.

Se llama FoldIt.

Surgió en la Universidad de Washington, en Seattle.

Es un juego en el que las personas pueden tomar una secuencia de aminoácidos y averiguar la forma en que se plegará la proteína.

Los pliegues determinan la estructura y la funcionalidad.

Es algo muy importante en la investigación médica.

Y, hasta ahora, era un problema de supercomputadoras.

Han jugado con esto profesores universitarios, entre otros.

Luego cientos de miles de personas se sumaron y comenzaron a jugarlo.

Y se ha demostrado que hoy la maquinaria de reconocimiento de patrones humana es mejor plegando proteínas que las mejores computadoras.

Y estas personas buscaron a quien mejor plegaba proteínas en el mundo; y no enseñaba en el MIT, ni estudiaba en CalTech; era una persona de Inglaterra, de Manchester, una mujer que, durante el día, era asistente ejecutiva en una clínica de rehabilitación y, por las noches, era la mejor plegadora de proteínas del mundo.

Damas y caballeros, lo que me da una confianza enorme en el futuro es que hoy tenemos más poder como personas para asumir los grandes retos del planeta.

Tenemos las herramientas con esta tecnología exponencial.

Tenemos la pasión del innovador del bricolaje.

Tenemos el capital del tecnofilántropo.

Y tenemos 3000 millones de mentes nuevas que se nos sumarán para trabajar en la solución de los grandes retos y hacer lo que debamos hacer.

Tenemos por delante unas décadas extraordinarias.

Gracias.

(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/peter_diamandis_abundance_is_our_future/

 

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