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Wade Davis habla sobre la red mundial de creencias y rituales – Charla TED2008

Charla «Wade Davis habla sobre la red de creencias y rituales» de TED2008 en español.

El antropólogo Wade Davis reflexiona sobre la red de creencias y rituales que nos hacen humanos. Comparte conmovedoras fotografías e historias entre otros de los Hermanos Mayores, un grupo indígena de la Sierra Nevada cuya práctica espiritual mantiene el mundo en equilibrio.

  • Autor/a de la charla: Wade Davis
  • Fecha de grabación: 2008-02-02
  • Fecha de publicación: 2008-06-10
  • Duración de «Wade Davis habla sobre la red de creencias y rituales»: 1152 segundos

 

Traducción de «Wade Davis habla sobre la red de creencias y rituales» en español.

¿Saben? La cultura nació de la imaginación y la imaginación — la imaginación como la conocemos fue adquirida cuando nuestra especie descendió de nuestro progenitor Homo erectus y, dotada de conciencia, comenzó un viaje que la llevaría a cada rincón del mundo habitable.

Durante un tiempo, compartimos el escenario con nuestros primos lejanos, los Neanderthal, quienes claramente tenían una chispa de conciencia, pero bien sea por el incremento en el tamaño del cerebro o el desarrollo del lenguaje o algún otro catalizador evolutivo, rápidamente dejamos a los Neanderthal luchando por sobrevivir.

Para cuando desapareció el último Neanderthal en Europa hace 27,000 años, nuestros ancestros ya habían estado, por 5,000 años, gateando en el vientre de la tierra.

Y a la parpadeante luz de velas de grasa animal, lograron crear el maravilloso arte del Paleolítico Superior.

Pasé dos meses en las cuevas del Suroeste de Francia con el poeta Clayton Eshleman, quien escribió un hermoso libro titulado «Juniper Fuse» (fusión del junípero) Y pudes ver ese arte y puedes, por supuesto, ver la compleja organización social de la gente que lo creó.

Pero aún más importante, noté que hablaba de una necesidad más profunda, algo mucho más sofisticado que la cacería mágica.

Y Clayton lo expresó de esta manera: Dijo, «Saben, claramente, en algún punto, todos éramos de naturaleza animal, y en algún punto, dejamos de serlo» Y veía el proto-chamanismo como una especie de intento original de, mediante rituales, una conexión que fue irrevocablemente perdida.

Así que veía este arte no como magia para la cacería, sino como postales de nostalgia.

Y apreciado bajo esa luz, adopta una resonancia completamente distinta.

Lo más asombroso del arte del Paleolítico Superior es que, como expresión estética, ha durado casi 20,000 años.

Si estas son postales de nostalgia, la nuestra es una despedida realmente larga.

Y también fue el comienzo de nuestro descontento, pues si quisiéramos destilar toda nuestra experiencia desde el Paleolítico, se reduciría a dos palabras: Cómo y Por qué.

Y sobre estos fragmentos de conciencia hemos forjado culturas.

Ahora, todos los pueblos comparten los mismos y crudos imperativos adaptativos.

Todos tenemos hijos.

Todos tenemos que lidiar con el misterio de la muerte, el mundo que espera tras la muerte, los ancianos que se deslizan hacia sus años de vejez.

Todo esto es parte de nuestra experiencia común, y no debería sorprendernos, porque después de todo, los biólogos comprobaron que es cierto — algo que los filósofos siempre soñaban fuera cierto: el hecho de que todos somos hermanos y hermanas.

Todos fuimos cortados de la misma tela genética.

Toda la humanidad, probablemente, desciende de mil personas que dejaron África hace apenas 70,000 años.

Pero el corolario a eso es que si todos somos hermanos y hermanas y compartimos el mismo material genético, toda población humana tiene la misma genialidad humana en crudo, la misma agudeza intelectual.

De modo que, si invertimos esa genialidad en desarrollar maravillas tecnológicas — lo que ha sido el gran logro de Occidente — o por contraste, en desenredar las complejas tramas de memoria inherentes a un mito, es una simple cuestión de elección y orientación cultural.

No hay una progresión en los asuntos de la experiencia humana.

No hay una trayectoria de progreso.

Ni una pirámide que convenientemente ubica a la Inglaterra Victoriana en el ápice y desciende por el costado hacia los llamados «primitivos» del mundo.

Todos los pueblos son simplemente opciones culturales, diferentes visiones de la vida misma.

¿A que me refiero con diferentes visones de la vida que crean posibilidades de existencia completamente diferentes? Bueno, vayamos por un momento a la mayor esfera cultural jamas creada por la imaginación — la de Polynesia.

10,000 kilómetros cuadrados, decenas de miles de islas dispersas como joyas en el mar del sur.

Hace poco navegué en el Hokulea, bautizado como la estrella sagrada de Hawaii, alrededor del Pacífico Sur para grabar un documental sobre los navegantes.

Estos hombres y mujeres que, incluso hoy día, pueden nombrar 250 estrellas en el cielo nocturno.

Estos son hombres y mujeres que pueden sentir la presencia de distantes atolones de islas más allá del horizonte visible, simplemente observando la reverberación de las olas en el casco de su nave, sabiendo perfectamente que cada grupo de islas del Pacífico tiene un patrón de refracción único que puede ser leído con la misma perspicacia con la que un científico forense lee una huella digital.

Estos navegantes que en la oscuridad, con ver el casco de la nave, pueden distinguir hasta 32 tipos de olas golpear su canoa al mismo tiempo, diferenciando las perturbaciones locales de las grandes corrientes que pulsan en todo el océano, que pueden seguirse con la misma facilidad con la que un explorador terrestre puede un río al mar.

En verdad, si tomáramos toda la genialidad que nos permitió poner un hombre en la luna y la aplicáramos al entendimiento del océano, obtendríamos la Polinesia.

Y si nos vamos del reino marino al reino del espíritu de la imaginación llegaríamos al reino del Budismo Tibetano.

Hace poco hice un filme llamado «The Buddhist Science of the Mind» (La Ciencia Budista de la Mente) ¿Por qué usé esa palabra, «ciencia»? ¿Qué es la ciencia sino la búsqueda empírica de la verdad? ¿Qué es el Budismo, sino 2,500 años de observación empírica de la naturaleza de la mente? Viajé por Nepal durante un mes con nuestro buen amigo, Matthieu Ricard, y recordarán que Matthieu sabiamente nos dijo una vez aquí en TED, «La ciencia Occidental es respuesta mayor a las necesidades pequeñas.» Nosotros pasamos toda la vida intentando vivir 100 años sin perder los dientes.

Los Budistas pasan toda su vida a intentando entender la naturaleza de la existencia.

Nuestras pancartas celebran niños desnudos en ropa interior.

Sus pancartas son manuales, oraciones por el bienestar de todas las criaturas sensibles.

Y con la bendición de Trulshik Rinpoche, comenzamos nuestro peregrinaje a un curioso destino, acompañados de un gran doctor.

El destino era una habitación sencilla en un convento donde una mujer había ido de retiro vitalicio 55 años atrás.

En el camino recibimos darshan (oraciónes budistas) de Rinpoche y él se sentó con nosotros y nos habló de las cuatro nobles verdades, la esencia del camino Budista.

Toda vida es sufrimiento.

Eso no significa que toda vida es negativa.

Significa que suceden cosas.

La causa del sufrimiento es la ignorancia.

Con esto, el Buda no se refiere a la estupidez, sino a aferrarse a la ilusión de que la vida es estática y predecible.

La tercera noble verdad dice que la ignorancia puede ser superada.

Y la cuarta y mas importante, por supuesto, fue la delineación de una práctica contemplativa que no sólo tuviera la posibilidad de transformar el corazón humano, sino que tuviera 2,500 años de evidencia empírica de que dicha transformación es una certeza.

Así al abrirse la puerta frente a una mujer que no salió de esa habitación en 55 años, no vimos una mujer loca Vimos una mujer que era más serena que un manantial de agua en la montaña.

Y por supuesto, esto es los monjes Tibetanos dijeron: dijeron, ¿sabes? hubo un punto en el no creíamos que realmente llegarían a la luna, pero lo hicieron.

Puede que ustedes no crean que lograríamos la iluminación en una sola vida, pero lo hicimos.

Y si vamos del reino espiritual al reino de lo físico, a la sagrada geografía del Perú, siempre me he interesado en las relaciones de los pueblos indígenas que literalmente creen que la tierra está viva, y responde a sus aspiraciones, a todas sus necesidades.

Y por supuesto, la población humana tiene sus propias obligaciones recíprocas.

Pasé 30 años viviendo entre el pueblo Chincherro y había escuchado de un evento en el que siempre quise participar.

Una vez al año, el niño más rápido de cada caserío tiene el honor de convertirse en mujer.

Durante un día usa la ropa de su hermana y se convierte en un travesti, llamado «waylaka».

Y durante ese día guía a todos los hombres sanos en una carrera, pero no es tu carrera ordinaria.

Empieza a 3,500 metros.

Corre descendiendo hasta la base de la montaña sagrada, Antkilka*.

Luego corres ascendiendo hasta 4,500 metros de altura, baja 1,000 metros, y vuelve a subir en el curso de 24 horas.

Y por supuesto, el Waylakamaspin*, la trayectoria de la ruta, es marcada con montículos de tierra sagrados donde se ofrece coca a la tierra, sorbos de alcohol al viento, el vértice de lo femenino es llevado a la cima de la montaña.

La metáfora es clara: entras en la montaña como un individuo, pero mediante agotamiento, mediante sacrificio, emerges como una comunidad que una vez más ha reafirmado su sentido de pertenencia en el planeta.

Y a los 48, yo era el primer forastero en participar en esto, y el único en terminarlo.

Sólo lo logré masticando más hojas de coca en un día que cualquier persona en los 4,000 años de historia de la planta.

Pero estos rituales específicos se vuelven pan-Andinos, y estos fantásticos festivales, como el de Qoyllur Rit’i, que ocurre cuando las estrellas Pléyades reaparecen en el cielo inviernal.

Es como un tipo de Woodstock andino: 60,000 indígenas en peregrinación al lado de un camino de tierra que conduce al valle sagrado, llamado Sinakara, que es dominado por las tres lenguas del gran glaciar.

La metáfora es tan clara.

Se llevan las cruces de la comunidad, en esta maravillosa fusión de ideas Cristianas y pre-Colombinas.

Se pone la cruz sobre el hielo a la sombra de Ausangate, el más sagrado de los Apus, o montañas sagradas de los Inca.

Y luego se hacen las danzas rituales que dan poder a las cruces.

Ahora, estas ideas y estos eventos nos permiten deconstruir lugares icónicos que muchos de ustedes conocen, como Machu Picchu.

Machu Picchu nunca fue una ciudad perdida.

Todo lo contrario, estaba completamente vinculada con los 14,000 kilómetros de caminos reales que los Incas construyeron en menos de un siglo.

Pero más importante, estaba vinculada con las nociones Andinas de geografía sagrada.

El Intiwatana, el punto de encuentro del sol, es realmente un obelisco que constantemente refleja la luz que cae sobre el sagrado Apu de Machu Picchu, que es la montaña azucarada llamada Huayna Picchu.

Si vienes del sur de Intiwatana, encontrarás un altar Al escalar Huayna Picchu, encontrarán otro altar.

Si miras en un eje norte-sur notarán para su asombro que divide en dos la piedra Intiwatana, apunta al horizonte, golpea el corazón de Salcantay, la segunda entre las montañas más importantes del imperio Inca, y después de Salcantay, por supuesto, cuando la cruz del sur llega a su punto más al sur en el cielo, directamente en esa misma dirección, la Vía Láctea queda justo de frente.

Pero lo que abraza a Machu Picchu desde abajo: el río sagrado, Urubamba o el Vilcanota, que es en si mismo el equivalente terreste de la Vía Láctea, también es el trayecto que Viracocha caminó al principo del tiempo, cuando creó el universo.

¿Y a dónde apunta el río? Justo a las colinas de Koiariti*.

Así que 500 años después de Colón, estos ancestrales ritmos del paisaje aún son ejecutados ritualmente.

Cuando estuve en el primer TED, mostré esta fotografía — dos hombres de los Hermanos Mayores, los descendientes, sobrevivientes de El Dorado.

Ellos, por supuesto, son los descendientes de la antigua civilización Tairona.

Quienes estuvieron aquí recordarán que mencioné que ellos siguen siendo gobernados por una hermandad sacerdotal ritual.

pero el entrenamiento para ese sacerdocio es extraordinario.

Son tomados de sus familias, confinados en un sombrío mundo de oscuridad durante 18 años — dos periodos de nueve años deliberadamente escogidos para evocar los nueve meses que permanecieron en la matriz de sus madres.

Durante todo ese tiempo, el mundo existe sólo como una abstracción mientras aprenden los valores de su sociedad.

Valores que mantienen el supuesto que sus oraciones, y sólo sus oraciones, mantienen el balance cósimo.

Ahora, la medida de una sociedad no es sólo lo que hace, sino la calidad de sus aspiraciones.

Y siempre quise volver a esas montañas para ver si esto podria ser cierto, en efecto como fue reportado por el gran antropólogo, Reichel-Dolmatoff.

Hace literalmente dos semanas, regresé de haber pasado seis semanas con los Hermanos Mayores en lo que fue claramente el más extraordianrio viaje de mi vida.

Esta es gente que realmente vive y respira el reino de lo sagrado, una religiosidad barroca simplemente magnífica.

Consumen más hojas de coca que cualquier población humana, un cuarto de kilo (media libra) , por hombre, por día.

El recipiente de calabaza que ven acá es — todo en sus vidas es simbólico.

Su metáfora central es un telar.

Dicen, sobre este telar, tejo mi vida.

Se refieren a los movimientos mientras explotan los nichos ecológicos de gradientel como «trenzas».

Cuando rezan por los muertos, hacen estos gestos con sus manos, para impulsar sus pensamientos a los cielos.

Pueden ver la acumulación de calcio en la cabeza del recipiente Poporo.

El recipiente es el aspecto femenino, la vara el masculino.

Se pone la vara en el polvo para tomar las cenizas sagradas — bueno, no son cenizas, es piedra caliza quemada — que estimula a que la hoja de coca cambie el pH de la boca para facilitar la absorción de clorhidrato de cocaína.

Pero si se rompe el recipiente, no se puede simplemente botarlo, porque cada golpe de la vara que ha acumulado ese calcio es la medida de la vida de un hombre, hay un pensamiento detrás de cada golpe.

Los campos son plantados de forma extraordinaria, un lado del campo es plantado así por las mujeres; el otro lado es plantado así por los hombres, metafóricamente, al voltearlo sobre un lado, se obtiene un tejido.

Y son los descendientes de la antigua civilización Tairona, los mejores orfebres de Sudamérica, quienes al despertar de la conquista escaparon a este aislado macizo volcánico que se eleva 6,000 metros sobre los llanos costeros del Caribe.

Hay cuatro sociedades: los Kogi, los Wiwa, los Kankuamo y los Arhuacos.

Viajé con los Arhuacos, y lo maravilloso de esta historia es que este hombre, Danilo Viathanya* — si pudiéramos retroceder un segudo…

Cuando ví a Danilo por primera vez, en la embajada Colombiana en Washington, no puede evitar decirle, ¿Saben? «eres muy parecido a un viejo amigo mío.» Bueno, resulta que él era hijo de mi amigo, Aroberto*, de 1974, quien fue asesinado por las FARC, y le dije: «Danilo, no creo que lo recuerdes, pero cuando eras un niño, te llevaba en mi espalda de arriba a abajo en las montañas.» Y por eso, Danilo nos invitó al mismo corazón del mundo, un lugar donde a ningún periodista se le había permitido entrar.

No sólo a la falda de las montañas, sino a los propios picos helados que son el destino de los peregrinos.

Y este hombre sentado de piernas cruzadas es Yuhenio*, ya adulto; un hombre a quien conozco desde 1974.

Y él es uno de esos aprendices.

No, no es cierto que los mantengan en la oscuridad durante 18 años, pero se mantienen confinados al círculo ceremonial de los hombres durante 18 años.

Este niño no saldrá del terreno sagrado que rodea la choza de los hombres en todo ese tiempo, hasta que comience su viaje de iniciación.

Durante todo este tiempo, el mundo existe sólo como una abstracción mientras aprende los valores de la sociedad, incluyendo la noción de que sólo sus oraciones mantienen el equilibrio cósmico Ante de comenzar nuestro viaje, teníamos que ser purificados en el portal de la tierra.

Es extraordinario ser llevado por un sacerdote — podrán ver que el sacerdote no lleva zapatos porque no debe haber nada entre los sagrados pies del Mamo y la tierra.

Este es el lugar donde la gran madre envió al mundo el eje que elevó las montañas y creó la tierra que llaman el corazón del mundo.

Subimos hasta el Potomo, y mientras bordeábamos las colinas, notamos que los hombres estaban interpretando cada salto del paisaje en términos de su intensa religiosidad.

Y claro, cuando llegamos a nuestro destino, un lugar llamado Mananakana*, recibimos una sorpresa, las FARC nos esperaban para secuestrarnos.

Así que terminamos por rodear unas cabañas, ocultarnos hasta la oscuridad.

Y luego, abandonando todo nuestro equipo, nos vimos forzados a cabalgar en medio de la noche, en una escena bastante dramática; como de película de vaqueros de John Ford.

Al amanecer nos encontramos con una patrulla de las FARC, así que fue bastante tensionante.

Será una película interesante.

Pero lo que resulta fascinante es que en el minuto en que hubo una sensación de peligro, los Mamos hicieron un círculo de bendición.

Y, por supuesto, esta es una fotografía literalmente tomada mientras nos escondíamos, mientras ellos bendicen la ruta que nos sacaría de las montañas.

Fue posible, porque habíamos capacitado a la gente en cinematografía, continuar con nuestro trabajo y enviar a nuestros cineastas Wiwa y Arhuaco a los lagos sagrados finales para conseguir las últimas tomas del filme, y seguimos al resto de los Arhuacos hasta el mar, tomando los elementos desde las colinas al mar.

Acá pueden ver cómo su paisaje sagrado ha sido cubierto de hoteles, burdeles y casinos; sin embargo, ellos siguen orando.

Y es fascinante pensar que estando tan cerca de Miami, a dos horas de Miami, hay toda una civilización de personas que oran día a día por nuestro bienestar.

Se llaman a si mismos los Hermanos Mayores.

A quienes arruinamos el mundo nos desprecian llamandonos los hermanos menores.

Ellos no logran entender por qué le hacemos lo que le hacemos a la tierra.

Ahora, deslicémonos al otro lado del mundo.

Estuve en el alto Ártico para contar una historia sobre el calentamiento global, inspirado en parte por el maravilloso libro del Ex Vicepresidente (Al Gore).

Lo que me pareció extraordinario fue que al volver a estar con los Inuit — un pueblo que no le teme al frío sino que lo aprovecha.

Un pueblo que con su imaginación encuentra un camino para obtener vida del mismo hielo.

Un pueblo para quienes la sangre en la nieve no es una señal de muerte sino una afirmación de vida.

Y sin embargo, al visitar esas comunidades del norte, descubrimos para nuestro desconcierto que aunque el hielo marino solía llegar en Septiembre y quedarse hasta Julio, a lugares como Kanak, al norte de Groenlandia, ahora literalmente llega en Noviembre y se queda hasta Marzo.

De modo que el año se ha partido por la mitad.

Ahora, quiero enfatizar que ninguno de los pueblos de los que he hablado brevemente es un mundo en desaparición.

Estos no son pueblos agonizantes.

Por el contrario, saben, si tienen el corazón para sentir y los ojos para ver, descubrirán que el mundo no es plano.

El mundo sigue siendo un rico tapiz.

Sigue siento una rica topografía del espíritu.

Estas incontables voces de humanidad no son intentos fallidos de ser nuevos, ni intentos fallidos de ser modernos.

Son facetas únicas de la imaginación humana.

Son respuestas únicas a una pregunta fundamental: ¿Qué significa ser humano y estar vivo? Y al preguntarse esto, responden con 6,000 voces diferentes.

Y, colectivamente, estas voces se convierten en el repertorio humano para lidiar con los cambios que enfrentaremos en el milenio que despierta.

La sociedad industrial tiene apenas 300 años de antigüedad.

Esta superficial historia no debería sugerirle a nadie que tenemos todas las respuestas a las preguntas que enfretaremos en futuros milenios.

Las incontables voces de humanidad no son intentos fallidos de ser nosotros mismos.

Son respuestas únicas a la pregunta fundamental: ¿Que significa ser humano y estar vivo? Y en realidad existe un incendio sobre la tierra que no arrasa sólo con plantas y animales, sino con el legado de genialidad humana.

Ahora mismo, mientras estamos en este recinto, de los 6,000 idiomas que se hablaban cuando nacimos, sólo la mitad están siendo enseñados a los niños.

Vivimos en una época en la que permitimos que virtualmente la mitad del legado intelectual, social y espiritual de la humanidad esté desapareciendo sutilmente.

Esto no tiene que pasar.

Estos pueblos no son intentos fallidos de ser modernos — curiosos, coloridos y destinados a desaparecer casi por regla natural.

En todos los casos, estos son pueblos vivos y dinámicos son empujados hacia la desaparición por fuerzas identificables.

Esa es en realidad una observación optimista, porque sugiere que si los seres humanos somos los agentes de la destrucción cultural, también podemos, y tenemos que ser, facilitadores de la supervivencia cultural.

Muchas Gracias.

https://www.ted.com/talks/wade_davis_the_worldwide_web_of_belief_and_ritual/

 

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