El algodón es una planta que se cultiva en países cálidos. Sus semillas están envueltas en una borra blanca de fibras largas, y esa borra vegetal es precisamente lo que llamamos algodón.
La fibra textil vegetal más importante
El algodón es la más importante de todas las fibras textiles de origen vegetal. Sus fibras, compuestas principalmente de celulosa, pueden hilarse y tejerse sin necesidad de tratamiento especial. Por naturaleza son hidrófilas (absorben el agua con rapidez), aunque el agua no llega a disolverlas.
El algodón natural admite además todo tipo de tratamientos químicos: por ejemplo, el llamado algodón mercerizado se obtiene sumergiéndolo en sosa cáustica, lo que lo hace más brillante y voluminoso. El algodón usado en medicina, en cambio, es blanco y se somete a un proceso de esterilización.
La celulosa, más allá del algodón
La celulosa también se encuentra en forma de fibras largas en la madera, en los tallos del lino y el yute, y en las hojas del cáñamo y el esparto. Con celulosa se fabrican, además de tejidos, fibras artificiales como el rayón, explosivos (la nitrocelulosa o “algodón pólvora”), plásticos como el celuloide, y barnices que protegen el hierro frente al óxido.
Del algodón al papel: un apunte histórico
Los chinos, que ya habían inventado el fieltro (una tela que no se teje), fueron también los inventores del papel. Antes de eso escribían con pinceles sobre telas de seda, muy costosas. Hacia el año 100 de nuestra era, Cai Lun tuvo la idea de fabricar una pasta a partir de retales de tejido y fibras de bambú trituradas en agua; al tamizar esa pasta con un filtro de seda y dejar secar el sedimento, obtuvo las primeras hojas de papel. En Europa no se construyó un molino de papel hasta unos mil años después.