Una hélice es una pieza acoplada a un motor que, al girar sobre su eje dentro de un fluido (aire o agua), provoca el movimiento de ese fluido. Cuando se monta en una embarcación o una aeronave, ese empuje sobre el fluido sirve para impulsarla hacia delante.

De Arquímedes a los primeros submarinos
El origen de la hélice se remonta al tornillo de Arquímedes, ideado por el sabio griego en el siglo III a.C. como sistema para elevar agua. A lo largo del siglo XVIII, varios físicos franceses y británicos propusieron adaptar esa misma idea como sistema de propulsión para barcos, un proyecto que finalmente llevó a la práctica el estadounidense David Bushnell.
Bushnell construyó en 1775 el primer submarino del que se tiene constancia, el Turtle, que se sumergía y se desplazaba gracias a dos hélices muy primitivas, accionadas a mano. En 1800, el Nautilus de Robert Fulton usó con éxito una hélice de dos palas con el mismo fin. Aun así, estos primeros dispositivos seguían siendo pesados y poco eficaces.
La hélice moderna
El desarrollo de la hélice moderna se debe al británico Francis Pettit Smith y al ingeniero sueco, nacionalizado estadounidense, John Ericsson. En 1837, Ericsson consiguió por primera vez impulsar un barco de vapor mediante hélices, el Francis B. Ogden. Dos años más tarde, en 1839, Smith hizo lo mismo con el buque Archimedes, y a partir de ese éxito incorporó la hélice a todos sus barcos de guerra, sustituyendo definitivamente a las ruedas de paletas que se habían usado hasta entonces.