DE LA MARQUESA DE AYAMONTE Y SU HIJA, EN LEPE de Luis de Góngora
A los campos de Lepe, a las arenas Del abreviado mar en una ría, Extranjero pastor llegué sin guía, Con pocas vacas y con muchas penas.
Muro real, orlado de cadenas, A cuyo capitel se debe el día, Ofreció a la turbada vista mía El templo santo de las dos Sirenas:
Casta madre, hija bella, veneradas Con humildad de prósperos vaqueros, Con devoción de pobres pescadores.
Si ya a sus aras no les di terneros, Dieron mis ojos lágrimas cansadas, Mi fe suspiros, y mis manos flores.
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