Nervazón de angustia de César Vallejo
Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla; desclava mi tensión nerviosa y mi dolor… Desclava, amada eterna, mi largo afán y los dos clavos de mis alas y el clavo de mi amor! Regreso del desierto donde he caído mucho; retira la cicuta y obséquiame tus vinos: espanta con un llanto de amor a mis sicarios, cuyos gestos son férreas cegueras de Longinos! Desclávame mis clavos ¡oh nueva madre mía! ¡Sinfonía de olivos, escancia tu llorar! Y has de esperar, sentada junto a mi carne muerta, cuál cede la amenaza, y la alondra se va! Pasas… vuelves… Tus lutos trenzan mi gran cilicio con gotas de curare, filos de humanidad, la dignidad roquera que hay en tu castidad, y el judithesco azogue de tu miel interior. Son las ocho de una mañana en crema brujo… Hay frío… Un perro pasa royendo el hueso de otro perro que se fue… Y empieza a llorar en mis nervios un fósforo que en cápsulas de silencio apagué! Y en mi alma hereje canta su dulce fiesta asiática un dionisíaco hastío de café…!
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