De pechos sobre una torre de Lope de Vega

De pechos sobre una torre que la mar combate y cerca, mirando las fuertes naves que se van a Inglaterra,

las aguas crece Belisa llorando lágrimas tiernas, diciendo con voces tristes al que se aparta y la deja:

«Vete, cruel, que bien me queda en quien vengame de tu agravio pueda».

«—No quedo con solo el hierro de tu espada y de mi afrenta, que me queda en las entrañas retrato del mismo Eneas,

y aunque inocente, culpado, si los pecados se heredan; mataréme por matarle, y moriré porque muera—».

«Vete, cruel, que bien me queda en quien vengarme de tu agravio pueda».

«Mas quiero mudar de intento y aguardar que salga fuera por si en algo te parece matar a quien te parezca.

Mas no le quiero aguardar, que será vívora fiera, que rompiendo mis entrañas saldrá dejándome muerta».

«Vete, cruel, que bien me queda en quien vengarme de tu agravío pueda».

Así se queja Belisa cuando la priesa se llega; hacen señal a las naves y todas alzan las velas.

«Aguarda, aguarda, le dice, fugitivo esposo, espera… Mas, ¡ay! que en balde te llamo; ¡plega a Dios que nunca vuelvas!—».

«Vete, cruel, que bien me queda en quien vengarme de tu agravio pueda».

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