Rima XXIX de Gustavo Adolfo Bécquer
Sobre la falda tenía el libro abierto; en mi mejilla tocaban sus rizos negros; no veíamos letras ninguno creo; mas guardábamos ambos hondo silencio. ¿Cuánto duró? Ni aun entonces pude saberlo. Sólo sé que no se oía más que el aliento, que apresurado escapaba del labio seco. Sólo sé que nos volvimos los dos a un tiempo, y nuestros ojos se hallaron ¡y sonó un beso! * Creación de Dante era el libro; era su Infierno. Cuando a él bajamos los ojos, yo dije trémulo: ¿Comprendes ya que un poema cabe en un verso? Y ella respondió encendida: ¡Ya lo comprendo!
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