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Ivan Krastev: ¿Puede existir la democracia sin confianza? – Charla TEDGlobal 2012

Charla «Ivan Krastev: ¿Puede existir la democracia sin confianza?» de TEDGlobal 2012 en español.

Cinco grandes revoluciones han dado forma a la cultura política durante los pasados 50 años, señala el teórico Iván Krastev. Él muestra como cada avance —desde la revolución cultural de la década de los 60, hasta los recientes hallazgos en el campo de las neurociencias— ha ayudado también a erosionar la confianza en las herramientas democráticas. Como él afirma: «Lo que salió bien, también salió mal». ¿Puede sobrevivir la democracia?

  • Autor/a de la charla: Ivan Krastev
  • Fecha de grabación: 2012-06-28
  • Fecha de publicación: 2012-08-13
  • Duración de «Ivan Krastev: ¿Puede existir la democracia sin confianza?»: 844 segundos

 

Traducción de «Ivan Krastev: ¿Puede existir la democracia sin confianza?» en español.

Me temo que soy uno de esos conferenciantes que Uds.

no esperan encontrarse en TED.

Primero, no tengo teléfono celular, así que estoy en el margen de seguridad.

Segundo, un politólogo teórico que va a hablar de la crisis de la democracia probablemente no hable del tema más apasionante que puedan imaginar.

Y además, no les daré ninguna respuesta.

Más bien trataré de añadir interrogantes al tema del que hablaré.

Y una de las cosas que quiero cuestionar es esa esperanza muy popular estos días de que la transparencia y la apertura pueden restaurar la confianza en las instituciones democráticas.

Hay una razón más por la que pueden sospechar de mí.

Uds., la Iglesia de TED, son una comunidad muy optimista.


(Risas)
Básicamente creen en la complejidad, pero no en la ambigüedad.

Como les han dicho, soy búlgaro.

Y según las encuestas, somos las personas más pesimistas del mundo.


(Risas)
La revista The Economist publicó hace poco un artículo que se refiere a un estudio reciente sobre felicidad, de título, «El feliz, el infeliz y los búlgaros».


(Risas)
Ahora, ya saben lo que les espera.

Les contaré una historia.

Es un día lluvioso de elecciones en un país pequeño —que puede ser mi país, pero también podría ser el suyo—.

Y debido a la lluvia, hasta las 4 de la tarde, nadie fue a las urnas.

Pero luego cesó la lluvia y la gente acudió a votar.

Y cuando contaron los votos, tres cuartas partes de las personas habían votado en blanco.

El Gobierno y la oposición estaban, simplemente, paralizados.

Porque ya se sabe qué hacer con las protestas; se sabe a quién arrestar, con quién negociar.

Pero,

¿qué hacer con las personas que votaron en blanco?

Así que el Gobierno decidió llamar a elecciones otra vez.

Y esta vez, incluso un número mayor, el 83% de las personas, votaron en blanco.

Básicamente fueron a las urnas a decir que no tenían a nadie por quién votar.

Esta es la apertura de una bella novela de José Saramago titulada «Ensayo sobre la lucidez».

En mi opinión plasma muy bien parte del problema que tenemos con la democracia en Europa estos días.

A cierto nivel, nadie cuestiona que la democracia sea la mejor forma de gobierno.

La democracia es el único juego posible.

El problema es que mucha gente empieza a creer que es un juego que no vale la pena jugar.

Durante los últimos 30 años, los politólogos han observado una disminución constante en la participación electoral y que las personas menos interesadas en votar son las que se supone que ganarían más votando.

Me refiero a los desempleados, los desfavorecidos.

Y esta es una cuestión importante.

Porque sobre todo ahora, con la crisis económica, se puede ver que la confianza en la política, que la confianza en las instituciones democráticas, realmente, fue destruida.

Según el último estudio realizado por la Comisión Europea, el 89% de los europeos creen que existe una brecha creciente entre la opinión de los políticos y la opinión pública.

Solo el 18% de los italianos y el 15% de los griegos creen que su voto es importante.

Básicamente la gente comienza a entender que puede cambiar los gobiernos, pero no las políticas.

Y la pregunta que quiero hacerles es:

¿cómo es posible que viviendo en sociedades que son mucho más libres que nunca, —tenemos más derechos, podemos viajar más fácilmente, tenemos acceso a más información— al mismo tiempo la confianza en nuestras instituciones democráticas básicamente se ha derrumbado?

Así que, básicamente quiero preguntar:

¿qué salió bien y qué salió mal en estos 50 años cuando hablamos de democracia?

Empezaré con lo que salió bien.

Lo primero que salió bien, por supuesto, fueron estas cinco revoluciones que, en mi opinión, cambiaron nuestra forma de vida y profundizaron nuestra experiencia democrática.

La primera fue la revolución cultural y social de 1968 y 1970, que puso al individuo en el centro de la política.

Era el momento de los derechos humanos.

Básicamente fue también un estallido importante, una cultura de la disidencia, una cultura de, básicamente, inconformismo, como no se conocía antes.

Así que creo que incluso cosas como éstas son, en definitiva, resultado del 68 —aunque la mayoría de nosotros aún no habíamos nacido entonces—.

Después tiene lugar la revolución del mercado de la década de los 80.

Y aunque mucha gente de izquierda trate de odiarla, la verdad es que la revolución del mercado envió, muy fuertemente, el mensaje de que «El Gobierno no lo sabe mejor».

Y así tenemos más sociedades gobernadas mediante votación.

Y por supuesto, el 1989, el fin del comunismo, el fin de la Guerra Fría.

Lo que fue el nacimiento del mundo global.

Y tenemos Internet.

Esta no es la audiencia a la haya que explicar hasta qué punto Internet ha dado poder a las personas.

Ha cambiado la forma en que nos comunicamos, y básicamente la manera de ver la política.

La pura idea de comunidad política ha cambiado totalmente.

Mencionaré una revolución más, la revolución de las neurociencias, que ha cambiado completamente la forma en que entendemos cómo las personas toman decisiones.

Esto salió bien.

Pero si vemos lo que salió mal, llegaremos a las mismas cinco revoluciones.

Porque primero, tenemos las décadas de los 60 y 70, revolución cultural y social, que en cierta forma destruyó la idea de un propósito colectivo.

La pura idea, todos estos sustantivos colectivos que nos han enseñado: nación, clase, familia.

Nos empezó a gustar el divorcio, en caso de estar casados.

Todo esto se atacó mucho.

Y es muy difícil involucrar a las personas en política cuando creen que lo que realmente importa, es su posición personal.

Y tenemos la revolución del mercado de la década de los 80 y el enorme aumento de la desigualdad social.

Recuerden que hasta la década de los 70, la propagación de la democracia siempre había estado acompañada de la disminución de la desigualdad.

Cuanto más democráticas eran nuestras naciones, más igualitarias se volvían.

Ahora tenemos la tendencia inversa.

La propagación de la democracia se acompaña ahora del aumento de la desigualdad.

Y esto me parece muy inquietante al hablar de lo bueno y malo de la actual democracia.

Y si vamos a 1989 —algo que básicamente no se espera que alguien critique— pero muchos dirán: «Pero si fue el final de la Guerra Fría lo que rompió el contrato social entre las élites y el pueblo en Europa occidental».

Cuando la Unión Soviética estaba todavía allí, los ricos y los poderosos necesitaban a la gente, porque les temían.

Ahora, básicamente, las élites han sido liberadas.

Son muy móviles.

No se pueden gravar.

Y básicamente no temen a la gente.

Como resultado, tienes esta situación muy extraña de que las élites, básicamente, se salieron del control de los votantes.

Así que no es por accidente que los votantes no están interesados en votar nunca más.

Y cuando hablamos de Internet, sí, es cierto, Internet nos conecta a todos nosotros, pero también sabemos que Internet creó estas cámaras de resonancia y guetos políticos donde uno puede permanecer en la comunidad política a la que pertenece.

Y se hace más y más difícil entender a las personas que no son como uno.

Sé que mucha gente aquí ha estado hablando espléndidamente sobre el mundo digital y la posibilidad de cooperación,

¿pero han visto lo que el mundo digital le ha hecho a la política estadounidense estos días?

Esto también es en parte un resultado de la revolución de Internet.

Este es el otro lado de las cosas que nos gustan.

Y cuando vas a las neurociencias, lo que aprendieron los consultores políticos es: no vuelvan a hablarme de ideas, ni de políticas públicas.

Lo que realmente importa es, básicamente, manipular las emociones de la gente.

Y se percibe muy fuertemente hasta el punto de que al hablar ahora de revoluciones estas ya no se denominan ideologías o ideas.

Antes, solían tener nombres ideológicos.

Podían ser comunistas, podían ser liberales, podían ser fascistas o islámicas.

Ahora las revoluciones se nombran en función del medio en que son más usadas.

Tienes la revolución de Facebook, la de Twitter.

No importa el contenido, el asunto es el medio de comunicación.

Digo esto porque uno de mis principales puntos es que lo que salió bien, también salió mal.

Y ahora al intentar ver cómo podemos cambiar la situación, para ver qué se puede hacer con la democracia, debemos tener en mente esta ambigüedad.

Porque probablemente algunas de las cosas que más amamos serán también las que más nos pueden lastimar.

En estos días es muy popular creer que este impulso a la transparencia, este tipo de combinación entre ciudadanos activos, nuevas tecnologías y mucha más legislación apoyando la transparencia pueden restaurar la confianza en la política.

Creen que con estas nuevas tecnologías y personas que están listas para usarlas puede ser mucho más difícil para los gobiernos mentir, que les será más difícil robar y probablemente, incluso, que les será más difícil matar.

Probablemente es cierto.

Pero creo que debemos tener también muy claro que ahora que situamos la transparencia en el centro de la política, el mensaje es, que la transparencia es estúpida.

La transparencia no trata de cómo restaurar la confianza en las instituciones.

La transparencia es la gestión política de la desconfianza.

Estamos asumiendo que nuestras sociedades estarán basadas en la desconfianza.

Y por cierto, la desconfianza siempre fue muy importante para la democracia; por esto tiene controles y contrapuntos.

Por eso, se tiene toda esta desconfianza creativa entre los representantes y aquellos a quienes representan.

Pero cuando la política es solo gestión de desconfianza, entonces (estoy muy contento de que «1984» haya sido mencionado) tendremos un «1984» a la inversa.

No será el Gran Hermano observándonos, sino que seremos el Gran Hermano observando a la clase política.

¿Pero es esta la idea de una sociedad libre?

Por ejemplo,

¿imaginan que la gente decente, cívica, talentosa se postule para un cargo si realmente cree que la política es también gestionar la desconfianza?

¿No tienen miedo de que con todas estas tecnologías se vaya a rastrear cualquier declaración que los políticos hagan sobre determinados temas?

¿No tienen miedo de que esto sea una señal muy fuerte para los políticos de repetir sus posiciones, incluso las muy erradas, porque la constancia será más importante que el sentido común?

Y los estadounidenses que están aquí,

¿no tienen miedo de que los presidentes los vayan a gobernar siguiendo lo que dijeron en las elecciones primarias?

Encuentro esto muy importante, porque la democracia consiste en que las personas modifiquen sus opiniones con discusiones y argumentos racionales.

Y podemos perder esto por la muy noble idea de mantener a las personas responsables de decirle a la gente que no toleraremos en los políticos el oportunismo en la política.

Para mí esto es extremadamente importante.

Y creo que al discutir de política actualmente, probablemente tiene sentido mirar también este lado de la historia.

Y no olviden, revelar algo es también ocultar algo.

Sin importar qué transparentes quieran ser nuestros gobiernos, serán transparentes selectivamente.

En un país pequeño que podría ser mi país, pero podría el suyo, tomaron la decisión —es una historia real— de que todas las decisiones gubernamentales, debates del Consejo de Ministros, se publicarían en Internet.

24 horas después.

El público lo apoyaba completamente.

Tuve la oportunidad de hablar con el Primer Ministro, sobre por qué tomó esta decisión.

Me dijo: «Mira, es la mejor manera de mantener cerrada la boca de mis ministros, porque será muy difícil para ellos disentir sabiendo que 24 horas después esto será del dominio público y que, en cierta forma, va a producir una crisis política.» Así que cuando hablamos de transparencia, cuando hablamos de apertura, realmente creo que lo que debemos tener en cuenta es, que «lo que salió bien, también salió mal».

Esto es de Goethe, que no es ni búlgaro ni politólogo, quien hace unos siglos, dijo: «Hay una gran sombra donde hay mucha luz».

Muchas gracias.


(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/ivan_krastev_can_democracy_exist_without_trust/

 

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