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Lesley Hazelton: sobre la lectura del Corán – Charla TEDxRainier

Charla «Lesley Hazelton: sobre la lectura del Corán» de TEDxRainier en español.

Lesley Hazleton comenzó a leer el Corán. Y lo que encontró, como una no-musulmana que se denomina a sí misma «turista» del libro sagrado del Islam, no fue lo que esperaba. Producto de una investigación seria y del buen humor, Hazleton comparte la gracia, la flexibilidad y el que encontró en esta desmitificadora charla de TEDxRainier.

  • Autor/a de la charla: Lesley Hazleton
  • Fecha de grabación: 2010-10-10
  • Fecha de publicación: 2011-01-04
  • Duración de «Lesley Hazelton: sobre la lectura del Corán»: 573 segundos

 

Traducción de «Lesley Hazelton: sobre la lectura del Corán» en español.

Tal vez han escuchado que el concepto de paraíso del Corán son 72 vírgenes.

Les prometo que volveremos al tema de las vírgenes.

Pero de hecho, aquí ene el noroeste, vivimos muy cerca del concepto coránico del paraíso, definido en 36 ocasiones como «jardines regados por corrientes de agua».

Ya que yo vivo en un bote en la corriente del Lago Union, para mí tiene perfecto sentido.

Pero el caso es:

¿por qué nadie sabe esto?

Conozco a muchos no-musulmanes bienintencionados que han empezado a leer el Corán, pero se dieron por vencidos, desconcertados por su otredad.

El historiador Thomas Carlyle consideraba a Mahoma uno de los más grandes héroes del mundo e incluso llamó al Corán «la lectura más dura que jamás inicié, una tediosa y confusa maraña».


(Risas)
Parte del problema, considero, consiste en que creemos que el Corán puede leerse de la misma forma que un libro: poniéndonos cómodos en una tarde lluviosa con un tazón de palomítas de maíz a un lado, como si Dios (y el Corán es la voz de Dios hablando con Mahoma) fuera simplemente otro autor en la lista de los más vendidos.

El hecho de que tan poca gente lee de verdad el Corán explica por qué es tan sencillo citarlo, es decir, citarlo erróneamente.

Tomar frases y fragmentos fuera de contexto de lo que yo llamo la versión subrayada, que es la favorita tanto de los fundamentalistas musulmanes como de los islamófobos antimusulmanes.

Así que esta primavera, conforme me preparaba para comenzar a escribir una biografía de Mahoma, me di cuenta de que necesitaba leer adecuadamente el Corán, quiero decir, tan adecuadamente como pudiera.

Mi árabe se limita por el momento al uso de un diccionario, así que tomé cuatro traducciones reconocidas y me decidí a leerlas una al lado de la otra, versículo por versículo junto con una transcripción y el original árabe del siglo VII.

Yo contaba con una ventaja.

Mi último libro fue sobre la división entre suníes y chiíes y para ello estudié las historias iniciales del Islam.

Así que conocía los eventos a los que se refiere constantemente el Corán, el marco de referencia.

Sabía lo suficiente para darme cuenta de que sería una turista del Corán; una bien informada, tal vez hasta experimentada, pero todavía una forastera: una judía agnóstica leyendo el libro sagrado de otra persona.


(Risas)
Así que leí lentamente.


(Risas)
Me reservé tres semanas para este proyecto, y eso es lo que yo llamo arrogancia.


(Risas)
Porque resultó llevarme tres meses.

Resistí a la tentación de saltarme todo para llegar a los capítulos más claramente místicos.

Pero cada vez que creía que comenzaba a entender el Corán, que pensaba «Ya capto la idea», ese entendimiento se desvanecía durante la noche.

Y volvía a la tarea en la mañana preguntándome si me habría perdido en tierras extrañas.

Aun cuando el territorio era muy familiar.

El Corán establece que viene a renovar el mensaje de la Torá y los Evangelios.

Así que la tercera parte trata acerca de personajes bíblicos como Abraham, Moisés, José, María, Jesús.

El mismísimo Dios me era muy familiar, desde sus primeras manifestaciones como Yavé, insistiendo celosamente en ser el único dios.

La presencia de camellos, montañas, y jardines me llevó en el tiempo al año que pasé viajando por el desierto del Sinaí.

Y además estaba el idioma y su ritmo musical, lo que me recordaba las tardes que pasé escuchando a los ancianos beduinos recitar poemas durante horas totalmente de memoria.

Y empecé a entender por qué dicen que el Corán es verdaderamente el Corán cuando está en árabe.

Por ejemplo la fatiha, el capítulo inicial de siete líneas que es la combinación del padrenuestro y del Shemá Israel.

Son tan solo 29 palabras árabes, que se convierten en entre 65 y 72 al traducirlas.

De hecho, cuanto más agregas, más parece que se pierde el significado.

El árabe tiene un encantamiento de una calidad casi hipnótica, que pide ser escuchado en lugar de ser leido, sentido más que analizado.

Quiere ser cantado en voz alta, para hacer sentir su música en los oídos y en los labios.

Así que el Corán en otro idioma es una sombra de sí mismo, o como Arthur Arberry llamó a su traducción: «una interpretación».

Pero no todo se pierde en la traducción.

De acuerdo con la promesa del Corán, la es recompensada, y hay aún muchas sorpresas…

Por ejemplo, un grado de conciencia ambiental que ve a los humanos como administradores de la creación de Dios y que no tiene equivalente en la Biblia.

Y mientras la Biblia está dirigida exclusivamente a los hombres, usando solo pronombres masculinos, el Corán incluye a las mujeres, hablando por ejemplo de hombres y mujeres creyentes, hombres y mujeres honorables.

O por ejemplo el tristemente famoso fragmento acerca de matar a los no creyentes.

Sí, eso dice exactamente, pero en un contexto muy específico: cuando preveían la conquista de la ciudad santa de la Meca, donde normalmente se prohibían los combates.

Y el permiso vino entonces limitado con restricciones: No, no debes asesinar a los infieles en la Meca, aunque puedes hacerlo, te está permitido, pero solo cuando haya terminado el periodo de gracia, y solo si no hay otro tratado en vigor, y solo si tratan de impedirte llegar a la Kaaba, y solo si te atacan a ti primero.

Y aún así, Dios es misericordioso, el perdón es supremo, así que, básicamente, mejor si no lo haces.


(Risas)
Esta fue tal vez mi mayor sorpresa: ver la flexibilidad del Corán, por lo menos en las mentes de aquellos que no son fundamentalmente inflexibles.

«Algunos de estos parrafos tienen significados definidos» dice, «y otros son ambiguos.

El de corazón perverso buscará los términos confusos y tratará de crear división seleccionando aquello que le convenga.

Solo Dios conoce el verdadero significado».

La frase «Dios es sutil» aparece una y otra vez.

Y de hecho, todo el Corán es mucho más sutil que lo que nos han hecho creer a muchos de nosotros.

Por ponerles un ejemplo, esa idea de las vírgenes y el paraíso.

La ancestral cultura oriental entra en juego aquí.

La palabra que se usa en cuatro ocasiones es «Houris», que se traduce como doncellas de ojos negros con voluptuosos pechos o simplemente vírgenes voluptuosas.

Sin embargo, todo lo que se lee en el árabe original es solo esa palabra: «Houris».

Nada de senos voluptuosos ni cosa parecida.


(Risas)
Ahora, esto puede ser una manera de decir seres puros, como ángeles, o tal vez como el kurós griego o el koré, la eterna juventud.

Pero lo cierto es que nadie sabe realmente y ese es el quid.

Porque el Corán es muy claro cuando dice que se sufrirá «una nueva creación en el paraíso» y que seremos «recreados en una forma desconocida para nosotros», lo que a mí me parece mucho más lógico que una virgen.


(Risas)
Y el número 72 no aparece nunca.

No hay tales 72 vírgenes en el Corán.

La idea llegó 300 años después y la mayor parte de los estudiosos del Islam la consideran el equivalente a las personas aladas sentadas en las nubes tocando sus arpas.

El paraíso es en realidad lo opuesto.

No es virginidad, es fecundidad, es plenitud, son jardines regados por arroyos en constante flujo.

Gracias.


(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/lesley_hazleton_on_reading_the_koran/

 

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