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Nancy Etcoff habla sobre la sorprendente ciencia de la felicidad – Charla TED2004

Charla «Nancy Etcoff habla sobre la sorprendente ciencia de la felicidad» de TED2004 en español.

Nancy Etcoff, Investigadora Cognitiva habla sobre la felicidad: de cómo buscamos lograrla e incrementarla, de cómo está desarticulada de nuestras circunstancias reales, y de su sorprendente efecto en nuestro cuerpo.

  • Autor/a de la charla: Nancy Etcoff
  • Fecha de grabación: 2004-02-02
  • Fecha de publicación: 2009-06-10
  • Duración de «Nancy Etcoff habla sobre la sorprendente ciencia de la felicidad»: 1185 segundos

 

Traducción de «Nancy Etcoff habla sobre la sorprendente ciencia de la felicidad» en español.

Esto se llama Enganchado a un Sentimiento: La Búsqueda de la Felicidad y el Diseño Humano.

Coloqué un Darwin con una expresión severa, pero con un chimpancé muy feliz.

Mi primer punto es que la búsqueda de la felicidad es obligatoria.

El hombre desea ser feliz, sólo desea ser feliz, y no puede desear no serlo.

Estamos programados para buscar la felicidad, no sólo para disfrutarla, sino para querer más de ella.

Así que, partiendo de que esto es cierto,

¿qué tan buenos somos incrementándola?

Bueno, ciertamente lo intentamos.

Si buscamos en Amazon, hay más de dos mil títulos con consejos sobre los siete hábitos, las nueve elecciones, los diez secretos, los catorce mil pensamientos que nos darán felicidad.

Otra forma en que buscamos incrementar nuestra felicidad es medicándonos.

Así que hay más de 120 millones de personas tomando antidepresivos.

El Prozac fue la primera droga taquillera.

Era limpia, eficiente, sin alucinación, sin ningún peligro real, sin valor comercial.

En 1995, las drogas ilegales generaban $400 mil millones, representando el 8% del comercio mundial, casi lo mismo que el petróleo.

Estas rutas hacia la felicidad realmente no la incrementado mucho.

Un problema que tenemos ahora es que, aunque las tasas de felicidad son casi tan planas como la luna, la depresión y la ansiedad están aumentando.

Algunos dicen que se debe a que somos mejores diagnosticando, así que estamos descubriendo más personas.

No es sólo eso.

Lo vemos alrededor del mundo.

En los Estados Unidos hoy día hay más suicidios que homicidios.

Hay un brote de suicidios en China.

Y la Organización Mundial de la Salud predice que para el año 2020 la depresión será la segunda mayor causa de discapacidad.

La buena noticia en esto es que si hacemos encuestas alrededor del mundo, vemos que unas tres cuartas partes de la gente se considera, al menos, bastante feliz.

Pero esto no se ajusta a las tendencias.

Por ejemplo, estas dos muestran gran aumento del ingreso, pero curvas de felicidad totalmente planas.

Mi campo, el de la psicología, no ha hecho mucho por avanzar nuestra comprensión de la felicidad humana.

En parte seguimos el de Freud, un pesimista, que decía que la búsqueda de la felicidad está condenada al fracaso, impulsada por aspectos infantiles del individuo que jamás pueden alcanzarse en la realidad.

Decía «Uno se inclina a decir que la intención de que el hombre deba ser feliz no está incluida en el plan de la creación».

Así que el objetivo máximo de la psicoterapia psicoanalítica era lo que Freud llamaba la miseria ordinaria.


(Risas)
Y Freud en parte refleja la anatomía del sistema emocional humano – que tenemos un sistema positivo y uno negativo, y que nuestro sistema negativo es extremadamente sensible.

Así, por ejemplo, tenemos un amor innato a los sabores dulces y una reacción adversa a los sabores amargos.

También sabemos que la pérdida genera más aversión que la felicidad de ganar.

La formula para un matrimonio feliz es cinco interacciones positivas, por cada interacción negativa.

Así de poderosa es la interacción negativa.

Las expresiones de desprecio o disgusto, especialmente, necesitan muchas positivas para contrarrestarlas.

También incluí la respuesta al estrés.

Estamos programados para peligros inmediatos, físicos, inminentes, así que el cuerpo tiene una reacción increíble cuando se activan los opioides endógenos.

Tenemos un sistema muy antiguo, y muy ajustado al peligro físico.

Así, con el tempo, se convierte en una respuesta al estrés, con enormes efectos en el cuerpo.

El cortisol inunda el cerebro, destruye las células del hipocampo y la memoria, y puede generar todo tipo de problemas de salud.

Pero, desafortunadamente, necesitamos esta parte.

Si sólo nos gobernara el placer no podríamos sobrevivir.

Realmente tenemos dos centros de control.

Las emociones son respuestas intensas de corta duración a los retos y las oportunidades.

Y cada una nos permite acceder a distintos estados que se adaptan, encienden y generan pensamientos, percepciones, sentimientos y recuerdos.

Solemos pensar en las emociones como simples sentimientos.

Pero, de hecho, las emociones son alertas generales que cambian lo que recordamos, las decisiones que tomamos, y cómo percibimos las cosas.

Asi que avanzaré a la nueva ciencia de la felicidad.

Nos hemos alejado de la melancolía freudiana, y estamos estudiando activamente ésto.

Y uno de los puntos clave de la ciencia de la felicidad es que la felicidad y la infelicidad no son los extremos de una línea continua.

El modelo freudiano es una línea continua donde, cuando te haces menos miserable, eres más feliz.

Y no es cierto: cuando te haces menos miserable, eres menos miserable.

Y la felicidad es otra variable totalmente distinta.

Y ha estado ausente de la psicoterapia.

Así que cuando los síntomas de la persona se van, tienden a regresar, porque no existe percepción de la otra mitad – del placer, felicidad, compasión, gratitud, que son las emociones positivas.

Y por supuesto, esto lo sabemos intuitivamente, que la felicidad no es sólo la ausencia de la miseria.

Pero por algún motivo no fue planteado hasta hace poco, enfocar estos dos sistemas como paralelos.

Para que el cuerpo pueda buscar oportunidades y protegerse del peligro, al mismo tiempo.

Y son dos sistemas recíprocos con interacciones dinámicas.

La gente también ha querido desmontar.

Usamos esta palabra, «feliz», y es un paraguas muy grande.

Y hay tres emociones que no tienen palabras en inglés: fiero, el orgullo por la superación de un reto; schadenfreude, la felicidad en la desgracia de otra persona, un placer malicioso; y naches, el orgullo y gozo en nuestros hijos.

Ausente en esta lista, y en nuestras discusiones sobre la felicidad, está la felicidad en la felicidad de los demás.

Parece que no tenemos una palabra para eso.

Somos muy sensibles a lo negativo, pero esto se compensa parcialmente porque tenemos algo positivo.

Somos buscadores de placer innatos.

Los bebés adoran el sabor dulce y odian el sabor de lo amargo.

Adoran tocar superficies suaves en vez de las ásperas.

Les gusta ver caras hermosas en vez de las planas.

Les gusta escuchar melodías consonantes en vez de las disonantes.

Los bebés realmente nacen con muchos placeres innatos.

Una vez, un psicólogo declaró que el 80% de la búsqueda de la felicidad depende únicamente de los genes, y que hacerse más feliz es tan difícil como hacerse más alto.

Es una tontería.

Los genes contribuyen bastante a la felicidad – alrededor del 50% – pero queda un 50% que no se explica.

Entremos al cerebro por un momento, y veamos desde dónde surge la felicidad durante la evolución.

Tenemos, basicamente, dos sistemas, y ambos son muy antiguos.

Uno es el sistema de recompensas, que se alimenta de la dopamina química.

Y comienza en el área del tegmento ventral.

Luego va al nucleus accumbens, hasta la corteza orbitofrontal, donde se toman las decisiones, a un alto nivel.

Originalmente, esto era visto como el sistema del placer en el cerebro.

En los años 50, Olds y Milner colocaron electrodos en el cerebro de una rata.

Y la rata presionaba la barra miles y miles de veces.

No comía, no dormía, no copulaba.

No hacía nada más que presionar la barra.

Así que asumieron que esto era el «orgasmatrón» cerebral.

Resultó que no lo era, que en realidad es el sistema de la motivación, un sistema de deseos.

Le da a los objetos una llamada «notabilidad incentiva».

Hace que algo se vea tan atractivo que no puedes evitar perseguirlo.

Eso es diferente del sistema del placer, que dice, simplemente, «esto me gusta».

El sistema del placer, como ven, que son los opiatos internos, la hormona oxitocina, está distribuida en el cerebro.

El sistema de la dopamina, el del deseo, está mucho más centralizado.

Otra cosa que tienen las emociones positiva es una señal universal.

Que es la sonrisa.

Y la señal universal no es sólo elevar los extremos de los labios hasta el cigomático mayor.

También es reducir el extremo externo del ojo, el músculo orbicular.

Incluso los bebés de 10 meses, al ver a su madre, mostrarán este tipo de sonrisa.

Los extrovertidos la usan más que los introvertidos.

La gente que ha superado la depresión la muestran más que antes.

Para identificar una visión verdadera de la felicidad, busquen esta expresión.

Nuestros placeres son muy antiguos.

Y aprendemos, por supuesto, muchos placeres, pero muchos de ellos son básicos.

Y uno de ellos es la biofilia – una respuesta al mundo natural que tiene gran profundidad.

Existen estudios interesantes hechos en gente en recuperación de cirugías, descubrieron que quienes veían un muro de ladrillos en comparación con quienes veían árboles y naturaleza, los que veían el muro de ladrillos pasaban más tiempo en el hospital, necesitaban más medicamentos, y tenían más complicaciones.

La naturaleza tiene un carácter restaurativo, y estamos sintonizados con eso.

Los humanos, en particular, somo criaturas imitadoras.

Imitamos casi desde el nacimiento.

Este es un bebé de tres semanas.

Si sacas la lengua hacia el bebé, él hará lo mismo.

Somos seres sociales desde el principio.

Y los estudios sobre la cooperación muestran que la cooperación entre individuos estimula centros de placer en el cerebro.

Un problema de la psicología es que, en vez de ver la intersubjetividad – o la importancia del cerebro social para personas que llegan indefensas al mundo y se necesitan intensamente – se enfocan en el ser, en el autoestima, y no en la otredad.

Es el «yo», no «nosotros».

Y creo que este ha sido un gran problema que va contra la biología y la naturaleza, y no nos ha hecho más felices.

Porque, si lo pensamos, la gente es más feliz en fluctuación, cuando están absortos en algo en el mundo, cuando están con otras personas, activas, haciendo deportes, enfocados en la pareja, aprendiendo, teniendo sexo, cualquier cosa.

No están sentados frente al espejo tratando de entenderse, o pensando en sí mismos.

Estos no son los períodos de mayor felicidad.

La otra evidencia es, si vemos un análisis computarizado de textos de gente que se ha suicidado, lo que encontramos, muy interesante, es el uso de la primera persona del singular – «Yo», «,mi», y no «nosotros» – y las cartas no son tan desesperadas sino más bien solitarias.

Y la soledad es innatural al humano.

Hay una profunda necesidad de pertenecer.

Pero hay formas en que nuestra historia evolucionaria nos sabotea.

Por ejemplo, los genes no se interesan de si estamos felices, les importa que nos reproduzcamos, que transmitamos los genes.

Por ejemplo, tenemos tres sistemas que soportan la reproducción, pues es muy importante.

Está la lujuria, que es querer tener sexo.

Y está mediada por las hormonas sexuales.

La atracción romántica, tiene que ver con el sistema de deseos.

Está mediada por dopamina.

Es «necesito a esta persona».

Está el apego, que es oxitocina, y los opiáceos, que dice «éste es un vínculo a largo plazo».

El problema es que, en los humanos, los tres pueden separarse.

Así que una persona puede tener una relación a largo plazo, enamorarse de otra persona, y querer tener sexo con otra tercera persona.

La otra forma en que los genes nos pueden sabotear es a través del estatus social.

Somos muy concientes de nuestro estatus social y siempre buscamos incrementarlo.

En el mundo animal, sólo hay una forma de incrementarlo, y es a través del dominio.

Tomo el control a través de la destreza física, y lo mantengo golpeando mi pecho, y tu haces gestos sumisos.

El ser humano tiene otra manera de ascender, y es a través del prestigio, que se confiere libremente.

Alguien tiene experticia y conocimiento, y sabe hacer las cosas, así que le damos estatus a esa persona.

Y esa es, claramente, la forma que tenemos de más nichos de estatus para que la gente no tenga que ser inferior en la jerarquía, como lo son en el mundo animal.

La idea de que el dinero compra la felicidad no está muy respaldada en datos.

Pero no es irrelevante.

Si medimos la satisfacción en la vida, vemos que aumenta con el nivel de ingreso.

La angustia mental aumenta con la disminución del ingreso.

Así que sí existe un efecto.

Pero es relativamente pequeño.

Uno de los problemas del dinero es el materialismo.

Cuando la gente busca el dinero con demasiada avidez, olvida los placeres básicos de la vida.

Tenemos esta pareja.

«

¿Crees que los menos afortunados tienen mejor sexo?

» Y este niño diciendo «Déjame solo con mis juguetes».

Es algo que se apodera.

El sistema de la dopamina se apodera y descarrila el sistema de placeres.

Maslow tuvo la idea en los 50s de que, a medida que la gente supera sus necesidades biológicas, a medida que el mundo se hace más seguro y no tenemos que preocuparnos por cubrir lo básico – que nuestro sistema biológico está satisfecho – podemos superarlas, pensar más allá hacia la trascendencia, y superar el materialismo.

Quiero concluir con algunos datos que sugieren que esto es así.

Uno es la gente que experimentó un cambio drástico: sintió que su vida y valores cambió.

Y claramente, al ver los valores adquiridos, conseguimos riqueza, aventura, logro, placer, diversión, respeto, antes del cambio, y valores mucho más post-materialistas después.

Las mujeres tuvieron un cambio de valores diferente.

Pero similarmente, el único que sobrevivió fue el de la felicidad.

Pasaron de belleza y felicidad y riqueza y autocontrl a la generosidad y clemencia.

Quiero concluir con algunas citas.

«Sólo existe una pregunta:

¿Cómo amar este mundo?

» Y Rilke: «Si tu cotidianidad parece pobre, no la culpes a ella, sino a tí mismo.

Dite a tí mismo que debes ser más poeta para descubrir sus riquezas».

«Primero, dí lo que quieres ser.

Luego haz lo que sea necesario».

Gracias.


(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/nancy_etcoff_happiness_and_its_surprises/

 

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