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PW Singer en: robots militares y el futuro de la guerra – Charla TED2009

Charla «PW Singer en: robots militares y el futuro de la guerra» de TED2009 en español.

En esta intensa presentación, P.W. Singer muestra cómo el amplio uso de robots en la guerra está cambiando la realidad del combate. Nos muestra escenarios que parecen sacados de una película de ciencia ficción, pero que ahora ya no son mera ficción.

  • Autor/a de la charla: P.W. Singer
  • Fecha de grabación: 2009-02-04
  • Fecha de publicación: 2009-04-03
  • Duración de «PW Singer en: robots militares y el futuro de la guerra»: 965 segundos

 

Traducción de «PW Singer en: robots militares y el futuro de la guerra» en español.

Pensaba comenzar con una escena de guerra.

Había poco que advertir sobre el peligro inminente.

El insurgente iraquí había colocado el IED, un artefacto explosivo improvisado, cuidadosamente al borde de la carretera.

En 2006 hubo más de 2,500 ataques de este tipo cada mes, y fueron la principal causa de víctimas entre soldados estadounidenses y civiles iraquíes.

El equipo que estaba a la caza de este IED se llama EOD -Eliminación de Artefactos Explosivos- y son la punta de lanza en el esfuerzo estadounidense para suprimir estas bombas artesanales.

Cada equipo EOD interviene unas 600 veces al año desactivando alrededor de dos bombas al día.

Quizás la mejor indicación de su valor al esfuerzo de guerra, es que los insurgentes iraquíes ofrecían una recompensa de 50,000 dólares por la cabeza de cada soldado EOD.

Por desgracia, esa llamada en particular no terminaría bien.

Cuando el soldado avanzó suficientemente cerca para ver los cables reveladores de la bomba, ésta explotó en una ola de fuego.

Ahora, dependiendo de lo cerca que uno esté y la cantidad de explosivo que haya sido colocado en la bomba, puede causar la muerte o lesiones.

Hay que estar a una distancia aproximada de 50 metros para estar a salvo.

La explosión es tan fuerte que puede incluso romper un miembro, aunque el golpe no sea directo.

Ese soldado estaba encima de la bomba.

Cuando el resto del equipo se acercó, de él había quedado poco.

Esa noche el comandante de la unidad tuvo el penoso deber de escribir una carta de condolencias a los EE.UU.

que hablaba de lo duro que había sido para su unidad la pérdida, del hecho de haber perdido el soldado más valiente, un soldado que más de una vez había salvado la vida.

Luego se disculpó por no poder llevarlo de vuelta a casa.

Pero también habló de la lección positiva que aprendió de esa pérdida.

«Al menos», escribió, «cuando un robot muere, no hay necesidad de escribir una carta a su madre».

Suena a ciencia ficción pero ya es una realidad en el campo de batalla.

En ese caso el soldado era un robot de 21 kilos llamado PackBot.

La carta del comandante no se dirigía a una granja en Iowa como se ve en las viejas películas de guerra, sino a la iRobot Company, que toma el nombre de la novela de Asimov y de la no tan buena película con Will Smith, y…

uh…


(Risas)

si Uds.

recuerdan, en ese mundo ficticio los robots comenzaron realizando tareas ordinarias, y luego comenzaron a tomar decisiones de vida o muerte.

Es una realidad que hoy conocemos.

Lo que vamos a hacer es simplemente mostrarles una serie de fotos que muestran la realidad de los robots utilizados en la guerra en este momento o ya en fase de prototipo.

Es solo para darles una idea.

En otras palabras, no van a ver nada que funcione con la tecnología Vulcano o con las hormonas de algún geniecillo adolescente o cosas por el estilo.

Todo esto es real.

Así que sigamos adelante y comencemos a ver las imágenes.

Algo importante está sucediendo en la guerra, y quizás también en la historia de la humanidad.

El ejército de Estados Unidos fue a Irak con unos cuantos aviones no tripulados.

Ahora tenemos 5300.

Fuimos sin sistemas terrestres no tripulados.

Ahora tenemos 12000.

Y el término técnico «aplicación asesina» adquiere un nuevo significado en este contexto.

Y no olvidemos que estamos hablando de los Ford Modelo T, los aviones de los hermanos Wright, en comparación con lo que vendrá pronto.

Aquí es donde estamos ahora.

Una de las personas que conocí hace poco fue un general de tres estrellas de la Fuerza Aérea, y dijo, básicamente, que muy pronto tendremos decenas de miles de robots operando en nuestros conflictos, y estas son cifras importantes ya que no se habla solo de decenas de miles de robots modernos, sino de decenas de miles de estos prototipos y robots del futuro, porque, por supuesto, uno de los factores que funciona en la tecnología es la Ley de Moore, la cual puede incorporar más y más potencia de cálculo a estos robots, así que si la Ley de Moore sigue vigente dentro de 25 años, esos robots serán unos millones de veces más potentes que ahora.

Esto significa que ese tipo de cosas de las cuales se hablaba solo en las convenciones de ciencia ficción como la Comic-Con tendrán que ser discutidas en los centros de poder y en lugares como el Pentágono.

Se acerca una revolución de los robots.

Ahora, y en esto debo ser claro, no estoy hablando de una revolución en la que hay que preocuparse porque el gobernador de California se aparezca en su puerta a la Terminator.


(Risas)
Cuando los historiadores miren este periodo, van a concluir que estamos viviendo un tipo de revolución diferente: una revolución en la guerra, como la invención de la bomba atómica.

Pero podría ser aún más importante porque nuestros sistemas no tripulados no solo afectan el «cómo» de la guerra, sino también el «quién» de la guerra en su nivel más fundamental.

Es decir, cada revolución anterior en la guerra, ya sea la ametralladora o la bomba atómica, se basaba en un sistema que disparaba más rápido, o más lejos, o más fuerte.

Ese es ciertamente el caso de la robótica, pero también cambia la experiencia del guerrero e incluso su propia identidad.

En otras palabras, el monopolio que la humanidad ha tenido en los últimos cinco años para combatir la guerra se está desmoronando en nuestra vida.

He pasado los últimos años por ahí reuniéndome con todos los actores en este campo, desde creadores de robots a los autores de ciencia ficción que los inspiró, a los pilotos de 19 años de aviones no tripulados que combaten desde Nevada, a los generales de cuatro estrellas que los manejan, hasta los insurgentes iraquíes que son atacados para saber qué opinan de nuestros sistemas, y me parecieron interesantes no solo sus historias, sino cómo sus experiencias indican que estos efectos dominó se reflejan en nuestra sociedad, en nuestras leyes, en nuestra ética, etc.

Por eso quisiera utilizar el tiempo que queda para analizar un par de estos efectos.

El primero es que el futuro de la guerra, incluyendo la robótica, no va a ser exclusivamente americano.

Actualmente los Estados Unidos llevan la delantera en cuanto a robótica militar, pero sabemos que en la tecnología no hay avance o ventaja permanente.

Una encuesta rápida:

¿Cuántas personas aquí siguen utilizando computadoras Wang?


(Risas)
Lo mismo ocurre en la guerra.

Los británicos y los franceses inventaron el tanque.

Los alemanes descubrieron cómo usarlo mejor, así que lo que hay que pensar para los Estados Unidos, es que estamos por delante en este momento, pero hay otros 43 países por ahí trabajando en robótica militar, incluyendo países interesantes como Rusia, China, Pakistán, Irán.

Esto me plantea una gran preocupación:

¿Cómo podemos avanzar en esta revolución, dado nuestro nivel de producción, el estado de nuestra ciencia y la formación matemática en las escuelas?

También se puede pensar de este modo:

¿Qué significa enviar cada vez más soldados a la guerra con equipos cuyo hardware es hecho en China y el software programado en India?

Pero así como el software se ha vuelto de código abierto, también lo ha hecho la guerra.

A diferencia de un portaaviones o una bomba atómica, no es necesario un sistema de fabricación masiva para construir robots.

Muchos ya están a la venta.

Incluso muchos son «hágalo usted mismo».

Una de las cosas que acaban de ver pasar en frente es un Raven no tripulado, que se lanza con la mano.

Con unos dólares se pueden construir uno equivalente a los que usan los soldados en Irak.

Esto plantea otro problema cuando se trata de guerras y conflictos.

Los buenos podrían jugar y trabajar en como kits de pasatiempo, pero también podrían hacerlo los malos.

Este cruce entre robótica y cosas como el terrorismo resultará fascinante y hasta perturbador, y ya lo hemos visto comenzar.

Durante la guerra entre Israel, un estado y Hezbolá, un actor no estatal, el actor no estatal lanzó cuatro aviones no tripulados contra Israel.

Ya existe un sitio web yihadista en el que se puede entrar y detonar a distancia un IED en Irak sentado desde su computadora.

Y entonces creo que vamos a ver surgir dos tendencias.

La primera es que va a reforzar el poder de los individuos contra los gobiernos, pero la segunda es que vamos a ver una expansión en el ámbito del terrorismo.

El futuro de esto prodría ser una mezcla entre Al Qaeda 2.0 y la próxima generación de Unabomber.

Y otra forma de verlo es el hecho que, recuerden, no hay que convencer a un robot que recibirá 72 vírgenes después de su muerte para hacerlo inmolar.

Pero las repercusiones se van a hacer sentir en nuestra política.

Una de las personas que conocí era un asistente del secretario de defensa de Ronald Reagan, y me dijo lo siguiente: «Me gustan estos sistemas porque salvan vidas americanas, pero me preocupa la comercialización de las guerras, el lenguaje sensacionalista que distrae la atención acerca de los costos.

La gente es más propensa a apoyar el uso de la fuerza si ve que no cuesta nada».

Para mí, los robots siguen ciertas tendencias que ya están jugando un papel importante en nuestra vida política y tal vez los llevan a su conclusión lógica.

No tenemos ningún proyecto.

Ya no hacemos declaraciones de guerra ni compramos bonos de guerra.

Y ahora hay que considerar que cada vez más estamos reemplazando nuestros soldados americanos que mandaríamos al peligro por máquinas, y así poder superar los obstáculos que quedan en la guerra y hacerlos caer al suelo.

Pero el futuro de la guerra también va a ser una guerra en YouTube.

Es decir, nuestras nuevas tecnologías no se limitan a alejar la gente del riesgo.

También registran todo lo que ven.

No solo desvinculan el público: redefinen su relación con la guerra.

Ya hay miles de video clips de escenas de combates en Irak en este momento en Youtube, la mayoría filmados por aviones no tripulados.

Ahora, esto podría ser una cosa positiva.

Podría crear conexiones entre el frente interno y el frente de guerra como nunca antes.

Pero recuerden, todo esto sucede en nuestro extraño y bizarro mundo, y así, inevitablemente, la posibilidad de descargar estos video clips en el iPod o Zune nos da la capacidad para convertirlos en entretenimiento.

Los soldados tienen un nombre para estos videos.

Los llaman pornografía bélica.

Un ejemplo típico fue uno que me enviaron por email con un archivo adjunto de un video del ataque de un Predator a una base enemiga.

Golpes de misiles, cuerpos volando por el aire por la explosión.

Fue hecho con música.

Era con la canción «I Just Want To Fly» de Sugar Ray.

Esta capacidad de ver más pero sufrir menos crea un desequilibrio en la relación del público con la guerra.

Hago una comparación con el deporte.

Es como la diferencia entre ver un partido de la NBA, un partido de baloncesto profesional en televisión, donde los jugadores son pequeñas figuras en la pantalla, y estar en el mismo partido en persona y darse cuenta cómo es realmente alguien de 2,10 metros.

Pero hay que recordar que estos son solo videos.

Es solo la versión del partido de ESPN.

Pierden el contexto.

Pierden la estrategia.

Pierden la humanidad.

La guerra se convierte solo en mates y bombas inteligentes.

La cosa irónica en todo esto es que mientras el futuro de la guerra puede involucrar cada vez más máquinas, es nuestra psique humana la que impulsa todo esto, son nuestros errores humanos los que están llevando a estas guerras.

Un ejemplo de esto que tiene gran resonancia en la esfera política es cómo se manifiesta en nuestra verdadera guerra de ideas que estamos librando contra los grupos radicales.

Qué mensaje creemos que estamos enviando con estas máquinas, frente al mensaje que se está recibiendo del otro lado.

Una de las personas que conocí era un alto funcionario del gobierno Bush, que dijo lo siguiente acerca de la deshumanización de la guerra: «Contribuye a nuestra fuerza.

Lo que asusta a la gente es nuestra tecnología».

Pero cuando conoces a la gente del Líbano, por ejemplo, es una historia muy diferente.

Allá conocí a un editor de noticias.

Mientras hablábamos, un avión no tripulado volaba sobre nosotros, y dijo esto al respecto: «Esto es otra muestra más de la insensibilidad de los israelíes y los americanos, que son cobardes porque envían máquinas para luchar contra nosotros.

No quieren luchar contra nosotros como hombres de verdad, pero tienen miedo de luchar, así que es suficiente matar a algunos de sus soldados para derrotarlos».

El futuro de la guerra trae consigo un nuevo tipo de guerrero que en realidad está redefiniendo la experiencia de ir a la guerra.

Se puede llamar guerreros de cubículo.

Fue así que un piloto de avión no tripulado Predator describió su experiencia de lucha en la guerra de Irak sin salir de Nevada: «Vas a la guerra durante 12 horas, disparas a los blancos, matas directamente a los enemigos, luego tomas el coche, conduces hasta tu casa y en 20 minutos estás sentado en la mesa hablando con tus hijos de sus tareas».

Pues bien, el equilibrio psicológico de estas experiencias es increíblemente difícil, y de hecho los pilotos de aviones no tripulados tienen mayores índices de trastorno por estrés postraumático que muchas de las unidades físicas en Irak.

Pero algunos temen que esta desconexión conducirá a otra cosa, que hará que sea más fácil aceptar los crímines de guerra cuando se tiene esta distancia.

«Es como un videojuego», me dijo un joven piloto hablando del ataque de las tropas enemigas desde la distancia.

Cualquiera que haya jugado Grand Theft Auto, sabe que en el mundo hacemos cosas que nunca haríamos en la vida real.

Gran parte de lo que estoy diciendo es que hay otro aspecto de las revoluciones tecnológicas que está dando forma a nuestro presente, y quizás dará forma a nuestro futuro en la guerra.

La Ley de Moore se aplica, al que la Ley de Murphy.

La niebla de la guerra no se levanta.

El enemigo tiene un voto.

Estamos ganando increíbles nuevas capacidades, pero también estamos viendo y experimentando nuevos dilemas humanos.

A veces no son más que momentos «¡oops!», que es lo que el jefe de una compañía de robótica describió como «patinazos».

Bien,

¿Cuáles son los patinazos de los robots en la guerra?

Bueno, a veces son graciosos.

A veces son como esa escena de la película con Eddie Murphy «La mejor defensa, ¡el ataque!», por ejemplo, cuando pusieron a prueba un robot que estaba armado, y durante la demostración, éste comenzó a girar en un círculo apuntando con sus ametralladoras hacia la tribuna de las personalidades.

Afortunadamente el arma no estaba cargada y nadie resultó herido, pero otras veces los patinazos son trágicos, como el año pasado en Sudáfrica, donde un cañón antiaéreo tuvo un «problema de software», y en realidad se activó y disparó, matando a soldados.

Existen nuevos escollos en las leyes de guerra y la rendición de cuentas.

¿Qué hacemos en situaciones como la masacre no tripulada?

¿Qué es masacre no tripulada?

Ya hemos tenido tres casos de ataques con aviones no tripulados Predator donde pensábamos que tenían a Bin Laden, y resultó no ser así.

Y ahí es donde estamos ahora.

Ni siquiera estamos hablando de sistemas autónomos armados con plena autoridad para usar la fuerza.

Y no creo que esto no vaya a suceder.

Durante mi investigación me topé con cuatro diferentes proyectos del Pentágono sobre diversos aspectos del problema.

Y entonces surge la pregunta:

¿cómo plantear cuestiones relacionadas con crímenes de guerra?

Los robots no tienen emociones, así que no se enojan si un compañero es asesinado.

No cometen crímenes de rabia y venganza.

Pero los robots no sienten emociones.

Ven a una abuela de 80 años en silla de ruedas del mismo modo que ven un tanque T-80: son solo una serie de ceros y unos.

Debemos hallar entonces una respuesta a esta pregunta:

¿Cómo podemos adaptar nuestras leyes de guerra del siglo XX, tan viejas que podrían jubilarse, a estas tecnologías del siglo XXI?

Por último, he hablado de lo que parece ser el futuro de la guerra, pero tengan en cuenta que solo he usado ejemplos del mundo real y que solo han visto fotos y videos reales.

Y esto representa un gran desafío del cual todos debemos preocuparnos, antes de tener que preocuparnos de que una aspiradora nos succione la vida.

¿Vamos a dejar que esto que está sucediendo en la guerra, solo porque suena a ciencia ficción nos mantenga en la negación?

¿Vamos a enfrentar la realidad de la guerra del siglo XXI?

¿Nuestra generación va a repetir el error que cometió una generación pasada con las armas atómicas, y no va a lidiar con las cuestiones que lo rodean sino hasta que la caja de Pandora esté abierta?

Ahora, yo podría estar equivocado, como afirmó un científico de robots del Pentágono diciendo: «No hay verdaderos problemas sociales, éticos y morales cuando se trata de robots.

Es decir», añadió, «a menos que la máquina mate repetidamente a las personas equivocadas.

Entonces es simplemente una cuestión de retiro del producto».

Y el punto de esto es que podemos recurrir a Hollywood.

Hace unos años, Hollywood reunió a los personajes más famosos y creó una lista de los 100 mejores héroes y los 100 mejores villanos de toda la historia de Hollywood, los personajes que representan lo mejor y lo peor de la humanidad.

Solo un personaje aparece en ambas listas: Terminator, una máquina asesina.

Y esto indica que nuestras máquinas pueden ser usadas ya sea para bien o para mal, pero para mí indica que hay una dualidad en el ser humano.

Esta semana celebramos nuestra creatividad.

Nuestra creatividad ha llevado nuestra especie a las estrellas.

Nuestra creatividad ha creado obras de arte y la literatura para expresar nuestro amor.

Ahora estamos usando nuestra creatividad en una cierta dirección, para construir máquinas fantásticas con increíbles capacidades, y quizás, algún día, incluso una nueva especie.

Pero una de las principales razones por las que hacemos esto se debe a nuestro instinto de destruirnos unos a otros.

Por lo tanto, deberíamos preguntarnos:

¿son nuestras máquinas, o estamos auto diseñados para la guerra?

Gracias.


(Aplausos)

https://www.ted.com/talks/p_w_singer_military_robots_and_the_future_of_war/

 

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