Saltar al contenido
Deberes escolares » Charlas educativas » Daniel Kahneman: El enigma de la experiencia frente a la memoria – Charla TED2010

Daniel Kahneman: El enigma de la experiencia frente a la memoria – Charla TED2010

Charla «Daniel Kahneman: El enigma de la experiencia frente a la memoria» de TED2010 en español.

Utilizando ejemplos que van desde unas vacaciones a colonoscopias, el premio Nobel y fundador de la economía conductual Daniel Kahneman revela cómo nuestro «yo que tiene experiencias» y nuestro «yo que recuerda» perciben la felicidad de manera diferente. Esta nueva revelación tiene profundas implicaciones para la economía, las políticas públicas… y nuestra propia conciencia de nosotros mismos.

  • Autor/a de la charla: Daniel Kahneman
  • Fecha de grabación: 2010-02-10
  • Fecha de publicación: 2010-03-01
  • Duración de «Daniel Kahneman: El enigma de la experiencia frente a la memoria»: 1206 segundos

 

Traducción de «Daniel Kahneman: El enigma de la experiencia frente a la memoria» en español.

Todo el mundo habla acerca de la felicidad en estos días.

Hice que alguien contara el número de libros con la palabra «felicidad» en el título, publicados en los últimos cinco años y se dieron por vencidos después de unos 40, y había muchos más.

Hay una enorme oleada de interés sobre la felicidad, entre los investigadores.

Hay un montón de asesoramiento sobre la felicidad.

A todo el mundo le gustaría hacer a la gente más feliz.

Pero a pesar de toda esta multitud de trabajos, hay varias trampas de tipo cognitivo que hacen casi imposible pensar con claridad acerca de la felicidad.

Y mi charla de hoy será sobre todo acerca de estas trampas cognitivas.

Esto se refiere tanto a la gente común que piensa sobre su propia felicidad.

como a los académicos que reflexionan sobre la felicidad, porque resulta que estamos tan confundidos como los demás.

La primera de estas trampas es la reticencia en admitir su complejidad.

Resulta que la palabra felicidad ya no es una palabra útil porque la aplicamos a demasiadas cosas diferentes.

Creo que hay un significado en particular a la que podríamos restringirla, pero, en general, esto es algo que tendremos que desechar y tendremos que adoptar el punto de vista más complicado de lo que es el bienestar.

La segunda trampa es una confusión entre experiencia y la memoria: en concreto entre estar contento en la vida y estar feliz con tu vida o valorar tu vida como feliz.

Y estos son dos conceptos muy diferentes, y ambos están agrupados en la noción de felicidad.

Y la tercera es la ilusión de enfoque, y es el desafortunado hecho de que no podemos pensar en ninguna circunstancia que afecte al bienestar sin distorsionar su importancia.

Es decir, esta es una trampa cognitiva fundamental.

Es imposible no equivocarse.

Ahora me gustaría comenzar con un ejemplo de alguien en una sesión de preguntas y respuestas después de una de mis conferencias que contó una historia.

[inaudible…] Dijo que había estado escuchando una sinfonía y que era una música absolutamente maravillosa y al final de la grabación, hubo un sonido chirriante horrible.

Y luego añadió, realmente muy afectado, que eso había echado a perder la experiencia por completo.

Pero no fue así.

Lo que se había echado a perder fueron los recuerdos de esa experiencia.

Había tenido la experiencia.

Había tenido 20 minutos de una música gloriosa.

Y no contaron en absoluto porque se quedó con un recuerdo, el recuerdo se había arruinado, y era todo lo que había quedado.

Lo que esto nos dice, en realidad, es que podríamos pensar en nosotros mismos y en otras personas en términos de dos yos.

Hay un yo que tiene experiencias, que vive en el presente y conoce el presente, es capaz de revivir el pasado, pero básicamente sólo tiene el presente.

Es el yo que tiene experiencias el que trata un médico cuando pregunta: «

¿Te duele ahora, cuando toco aquí?

» Y luego hay un yo que recuerda, y el yo que recuerda es el que toma nota, y mantiene la historia de nuestra vida, y es al que el médico le pregunta, «

¿Cómo se siente últimamente?

» o «

¿Cómo fue su viaje a Albania?

» o algo así.

Estas son dos entidades muy diferentes, el yo que tiene experiencias y el yo que tiene recuerdos y confundirse entre ellos es parte de la problemática de la noción de felicidad.

Ahora bien, el yo que tiene recuerdos es un narrador de historias.

Y eso se inicia realmente como una respuesta inmediata a nuestros recuerdos – se inicia automáticamente.

No sólo contamos historias, cuando nos disponemos a contar historias.

Nuestra memoria nos cuenta historias, es decir, lo que nos queda para recordar de nuestras experiencias es una historia.

Y permítanme comenzar con un ejemplo.

Este es un viejo estudio.

Estos son pacientes reales siendo tratados mediante un procedimiento doloroso.

No voy a entrar en detalles.

Ya no es doloroso estos días, pero lo era, cuando se realizó este estudio en la década de 1990.

Se les pidió que informaran sobre su dolor cada 60 segundos.

Y aquí tenemos dos pacientes.

Estos son sus datos.

Y si os preguntan, «

¿Quién de ellos sufrió más?

» Es una pregunta muy fácil.

Evidentemente, el paciente B sufrió más.

Su colonoscopia duró más tiempo, y cada minuto de dolor que tuvo el paciente A también lo tuvo el paciente B y aún más.

Pero ahora hacemos otra pregunta: «

¿Cuánto piensan estos pacientes que han sufrido?

» Y aquí está la sorpresa: Y la sorpresa es que el paciente A tenía un recuerdo mucho peor de la colonoscopia que el paciente B.

Las historias de las colonoscopias eran diferentes y debido a que una parte muy importante de la historia es como termina – y ninguna de estas historias inspira mucho o es grandiosa pero una de ellas es diferente…


(Risas)
pero una de ellas es claramente peor que la otra.

Y la que es peor fue aquella en que el dolor tuvo su apogeo al final.

Es una mala historia.

¿Cómo lo sabemos?

Porque le preguntamos a estas personas después de la colonoscopia, y mucho después, también, «

¿Cuán dolorosa fue la experiencia, en general?

» y fue mucho peor para A que para B en como la recuerdan.

Entonces se trata de un conflicto directo entre el yo que tiene experiencias y el yo que recuerda.

Desde el punto de vista del yo que tiene experiencias, está claro que B tuvo una experiencia peor.

Ahora, lo que podríamos hacer con el paciente A, y de hecho realizamos experimentos clínicos, y se ha hecho, y funciona, realmente se podría extender la colonoscopia del paciente A con sólo mantener el tubo sin que se moviera demasiado.

Eso hará que el paciente sufra, pero sólo un poco y mucho menos que antes.

Y si lo haces por un par de minutos, has hecho que el yo que tiene experiencias del paciente A experimente una situación peor, y que el yo que recuerda del paciente A esté mucho mejor, porque ahora has proporcionado al paciente A una mejor historia sobre su experiencia.

¿Qué define una historia?

Y eso es verdad de las historias que la memoria nos proporciona, y también es verdad de las historias que nos inventamos.

Lo que define a una historia son los cambios, los momentos importantes y los finales.

El final es muy, muy importante y, en este caso, prevalecía el final.

Ahora bien, el yo que tiene experiencias vive su vida de forma continua.

Tiene experiencias, una tras otra.

Y os preguntareis:

¿Qué pasa con estas experiencias?

Y la respuesta es muy sencilla.

Se pierden para siempre.

Quiero decir, la mayoría de los momentos de nuestra vida – y lo he calculado, sabéis, el presente psicológico se dice que tiene unos tres segundos de duración.

Lo que significa que en una vida hay alrededor de 600 millones de ellos.

En un mes, hay cerca de 600.000.

La mayoría de ellos no dejan rastro.

La mayoría de ellos son completamente ignorados por el yo que recuerda.

Y, sin embargo, de alguna manera nos parece que deberían tenerse en cuenta, que lo que nos sucede en estos momentos y experiencias es nuestra vida.

Es el recurso finito que tenemos mientras estamos en este mundo.

Y cómo usarlo, parecería ser relevante, pero esa no es la historia con la que se queda para nosotros el yo que recuerda.

Así que tenemos el yo que recuerda y el yo que tiene experiencias, y son realmente muy diferentes.

La mayor diferencia entre ellos es en su tratamiento del tiempo.

Desde el punto de vista del yo que tiene experiencias, si tienes unas vacaciones, y la segunda semana es tan buena como la primera, entonces estas vacaciones de dos semanas son el doble de buenas en comparación a unas vacaciones de una semana.

Esa no es la forma en que funciona en absoluto el yo que recuerda.

Para el yo que recuerda, dos semanas de vacaciones son apenas mejores que las vacaciones de una semana porque no se añaden nuevos recuerdos.

No ha cambiado la historia.

Y de esta manera, el tiempo es realmente la variable fundamental que distingue al yo que recuerda del yo que tiene experiencias.

El tiempo tiene muy poco impacto en esta historia.

Ahora bien, el yo que recuerda hace más que recordar y contar historias.

En realidad, es el que toma las decisiones porque, si tienes un paciente que ha tenido, digamos, dos colonoscopias con dos cirujanos diferentes y tiene que decidir cuál de ellos elegir, entonces, elegirá a aquel cirujano del que tiene un recuerdo menos malo.

elegirá a ese cirujano El yo que tiene experiencias no tiene ni voz ni voto en esta elección.

En realidad no elegimos entre experiencias.

Elegimos entre los recuerdos de experiencias.

E, incluso cuando pensamos en el futuro, no pensamos en nuestro futuro normalmente en cuanto a experiencias.

Pensamos en nuestro futuro en cuanto recuerdos previstos.

Y en esencia lo puedes ver, como una tiranía del yo que recuerda, y se puede pensar en el yo que recuerda como obligando al yo que tiene experiencias a tener experiencias que en realidad no necesita.

Tengo la sensación de que cuando vamos de vacaciones este es un caso muy frecuente, es decir, vamos de vacaciones, en gran medida , al servicio de yo que recuerda.

Y pienso que esto es un poco difícil de justificar.

Quiero decir,

¿cuánto pensamos sobre nuestros recuerdos?

Esa es una de las explicaciones que se da para el dominio del yo que recuerda.

Y cuando pienso en ello, pienso en unas vacaciones que tuvimos en la Antártida hace unos años, que fueron sin duda las mejores vacaciones que he tenido, y pienso en ellas con relativa frecuencia, en comparación con cuanto pienso en otras vacaciones.

Y probablemente haya pensado sobre mis recuerdos de ese viaje de tres semanas, diría que, durante unos 25 minutos en los últimos cuatro años.

Bueno, si alguna vez hubiera abierto la carpeta con las 600 fotos en ella, hubiera pasado otra hora.

Eso para tres semanas, y es como mucho una hora y media.

Parece haber una discrepancia.

Bueno, puedo parecer un poco extremo, en las pocas ganas que tengo en reflexionar sobre mis recuerdos, pero incluso si lo hacéis más tiempo, aparece una cuestión importante.

¿Por qué damos tanta importancia a nuestros recuerdos en relación a la importancia que damos a las experiencias?

Así que quiero que hagáis un experimento mental.

Imaginar que en vuestras próximas vacaciones sabéis que al final de las vacaciones se destruirán todas vuestras fotos, y os administrarán una droga amnésica de modo que no recordareis nada.

Ahora,

¿elegiríais las mismas vacaciones?


(Risas)
Y si eligierais unas vacaciones diferentes, habría un conflicto entre vuestros dos yos, y hay que pensar en cómo dirimir ese conflicto, y en realidad no es tan evidente, ya que, si lo pensáis en términos de tiempo, entonces obtendréis una respuesta.

Y si lo pensáis en términos de recuerdos, obtendréis otra respuesta.

¿Por qué elegimos las vacaciones que elegimos?

, es un problema que nos remite a una elección entre los dos yos.

Ahora bien, los dos yos plantean dos nociones de felicidad.

En realidad hay dos conceptos de felicidad a los que podemos referirnos, uno para cada yo.

Así que podéis preguntar:

¿Qué tan feliz es el yo que tiene experiencias?

Y luego te preguntarías:

¿Cómo son de felices los momentos en la vida del yo que tiene experiencias?

Y todos lo son – la felicidad en cada momento es un proceso bastante complicado.

¿Qué emociones se pueden medir?

Y, por cierto, ahora somos capaces de obtener una idea bastante buena de la felicidad del yo que tiene experiencias a lo largo del tiempo.

Si te preguntas por la felicidad del yo que recuerda, es una cosa totalmente diferente.

No es acerca de cómo es de feliz una persona.

Se trata de cuan satisfecha está una persona cuando piensa sobre su vida.

Una noción muy diferente.

Cualquier persona que no distingue estos conceptos, se va a confundir en el estudio de la felicidad, y yo pertenezco a un grupo de estudiosos del bienestar, que han estado confundidos en el estudio de la felicidad durante mucho tiempo debido a ello.

La distinción entre la felicidad del yo que tiene experiencias y la satisfacción del yo que recuerda ha sido reconocida en los últimos años, y actualmente se intenta medir las dos por separado, la Organización Gallup realiza una encuesta mundial con más de medio millón de personas a las que se les ha preguntado acerca de lo que piensan de su vida y de sus experiencias.

Y ha habido otras tentativas en ese sentido.

Así, en los últimos años, hemos comenzado a aprender acerca de la felicidad de los dos yos.

Y la principal lección que creo que hemos aprendido, es que son realmente diferentes.

Tu puedes saber cuan satisfecho está alguien con su vida, y eso realmente no te indica gran cosa sobre si están viviendo su vida de manera feliz , y viceversa.

Para dar una idea de la correlación, la correlación es de 0.5.

Lo que significa que si conociste a alguien, y te dijeron, ¡oh su padre mide seis pies de altura,(1.83 cm)

¿cuánto sabes acerca de su altura?

Bueno, sabrás algo acerca de su altura, pero hay mucha incertidumbre.

Tienes aún mucha incertidumbre.

Si te digo que alguien clasificó su vida con un ocho en una escala de diez, aún existe una gran cantidad de incertidumbre acerca de lo feliz que es con respecto a su yo que tiene experiencias.

Así que la correlación es baja.

Sabemos algo acerca de lo que controla la satisfacción de la felicidad del yo.

Sabemos que el dinero es muy importante, nuestras metas son muy importantes.

Sabemos que la felicidad es fundamentalmente estar satisfecho sobre todo con la gente que nos gusta estar, pasar tiempo con la gente que nos gusta.

Hay otros placeres, pero este es el dominante.

Así que si deseas maximizar la felicidad de los dos yos, terminarás haciendo cosas muy diferentes.

La conclusión de lo que he dicho aquí es que realmente no se debería pensar en la felicidad como un sustituto para el bienestar.

Es un concepto completamente diferente.

Ahora, muy rápidamente, otra razón por la que no podemos pensar con claridad acerca de la felicidad es que no prestamos atención a las mismas cosas cuando pensamos en la vida, y cuando realmente vivimos.

Así que, si preguntas simplemente qué tan feliz es la gente de California, no vas a conseguir una respuesta correcta.

Al hacer esa pregunta, crees que la gente debe ser más feliz en California, Que si vives en Ohio, por ejemplo.


(Risas)
Y lo que pasa es Que cuando piensas sobre la vida en California, estás pensando en el contraste entre California y otros lugares, y ese contraste es, por ejemplo, en el clima.

Bueno, resulta que el clima no es muy importante para el yo que tiene experiencias y ni siquiera es muy importante para el yo que reflexiona que decide cuán feliz es la gente.

Ahora bien, debido a que el yo que reflexiona es el que manda, puedes acabar – algunas personas pueden acabar mudándose a California.

Y es interesante descubrir lo que le sucede a las personas que se mudan a California con la esperanza de ser más felices.

Bueno, su yo que tiene experiencias no va a ser más feliz.

Eso lo sabemos Pero va a suceder una cosa.

Ellos creerán que son más felices, porque, cuando piensan en ello, recordarán lo horrible que era el tiempo en Ohio.

Y pensarán que tomaron la decisión correcta.

Es muy difícil pensar con claridad sobre el bienestar, y espero haberos dado una idea de lo difícil que es.

Gracias.


(Aplausos)
Chris Anderson: Gracias.

Tengo una pregunta para usted.

Muchísimas gracias.

Cuando estábamos al teléfono hace unas semanas, usted mencionó que había un resultado muy interesante que surgió de la encuesta de Gallup.

¿Hay algo que pueda decirnos ya que todavía le queda algún tiempo aún?

Daniel Kahneman: Claro.

Pienso que el resultado más interesante que hemos hallado en la encuesta de Gallup es un número, que no esperábamos encontrar en absoluto.

Hallamos ese número con respecto a la felicidad del yo que tiene experiencias.

Cuando analizamos cómo los sentimientos varían con los ingresos.

Y resulta que, por debajo de unos ingresos de 60.000 dólares al año, para los estadounidenses, y esto es una muestra muy grande de estadounidenses, alrededor de 600.000, es una muestra representativa significativa, por debajo de unos ingresos de 600.000 dólares al año…

CA: 60.000 DK: 60.000
(Risas)
60.000 dólares al año, la gente es infeliz, y son más infelices cuanto más pobres son.

Pero por encima de ese umbral, obtenemos una línea totalmente plana.

Quiero decir, pocas veces he visto líneas tan planas.

Es evidente que lo que sucede es que el dinero no compra la felicidad de nuestras experiencias, pero la falta de dinero con seguridad produce miseria, y podemos medir esa miseria con mucha precisión.

En términos del otro yo, el yo que recuerda, la historia es diferente.

Cuanto más dinero ganas más satisfecho estas.

Eso no se cumple para las emociones.

CA: Pero Danny, el principal empeño americano se centra en la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Si la gente se toma en serio esta afirmación, me parece que revoluciona todo lo que creemos sobre, digamos, por ejemplo, la política fiscal y temas por el estilo.

¿Hay alguna posibilidad de que los políticos, que el país en general, tomé esta conclusión en serio y defina políticas públicas basadas en ella?

DK: Usted sabe que yo creo que hay un reconocimiento del papel de la investigación de la felicidad en las políticas públicas.

El reconocimiento va a ser lento en los Estados Unidos, no hay duda de ello, pero en el Reino Unido, se está reconociendo, y en otros países se está reconociendo.

La gente reconoce que debe pensar en la felicidad cuando piensa en políticas públicas.

Va a llevar un tiempo y la gente va a debatir si quiere estudiar la felicidad de nuestras experiencias, o si quiere estudiar la evaluación de la vida, por lo tanto tenemos que tener ese debate bastante pronto.

El cómo aumentar la felicidad, se ve de distintas maneras dependiendo de lo que piensas y si lo haces sobre el yo que recuerda o el yo que tiene experiencias Ello va a influir en la políticas públicas, creo yo, en los años venideros En los Estados Unidos, se está intentando medir la felicidad experimentada por la población.

Esto formará, en la próxima década o la siguiente, parte de las estadísticas nacionales.

CA: Bueno, me parece, que este tema será, o al menos debería ser, la discusión política más interesante para desarrollar en los próximos años.

Muchas gracias por inventar la economía conductual.

Gracias Danny Kahneman

https://www.ted.com/talks/daniel_kahneman_the_riddle_of_experience_vs_memory/

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *