La Batracomiomaquia o la Batalla de las ranas y ratones

 




 



Homero, autor de La Batracomiomaquia, debe sobre todo su inmortalidad a La Iliada y La Odisea, las dos magnas epopeyas griegas.

Se sabe muy poco de la vida de Homero, que se sitúa en el siglo IX a.de J.C.

Se cree que fue ciego de nacimiento y que, tras nacer en Esmirna, residió durante la mayor parte de su vida en Chíos.

La Batracomiomaquia es, sin duda, una de las más extravagantes batallas imaginadas jamás por escritor alguno.

 

La Batracomiomaquia
La Batracomiomaquia

Y como muchas veces los más graves sucesos encuentran su origen en los más risueños episodios, he aquí el feliz inicio de este delicioso poema cómico, llamado La Batracomiomaquia en el que se narra la descomunal batalla entre ratones y ranas.

 

Cierto día, un ratón alterado, libre ya del peligro de la comadreja, sumergía su tierno hociquillo en un vecino estanque, deleitándose con el agua, dulce como la miel.

Una rana que se recreaba en el estanque le vio y le dijo estas palabras:

-Forastero, ¿quién eres? ¿de dónde has llegado a esta orilla? ¿quién es tu padre?
Dime la verdad, para que no te coja en mentira alguna.
Y si reconozco en ti a un amigo digno, te llevaré a mi morada y te ofreceré numerosos y selectos presentes hospitalarios.
Yo soy el rey Fisignato, el de las mejillas hinchadas, honrado en todo el estanque, soberano eterno de las ranas, y mi padre, Peleo el Fangoso, me engendró en otro tiempo, uniéndose por vínculos de amor a Hidromedusa, la reina del agua en las orillas del Erídano.
Mas veo que, hermoso y valiente entre todos, debes de ser un rey portacetros y un gran guerrero en las batallas.
¡Vamos! Dime pronto cuál es tu estirpe.




Y Sicarpas, el ladrón de migajas, le respondió y le dijo:
-¿Por qué preguntarme por mi estirpe, amigo?
Es conocida de todos los hombres, de los dioses y de los pájaros del aire.
A la verdad, me llamo Sicarpas, ladrón de migajas, y soy el hijo de Trojarte, el roedor de pan, mi magnánimo padre, y mi madre es Licomila, que lame las piedras de moler, hija del rey Pernotroco, roedor de jamón.

Me crió con cosas exquisitas, con higos, con nueces y manjares por el estilo. ¿Cómo, pues, harás de mí un amigo tuyo si somos de distinta naturaleza? Vives tú, en. efecto, en el agua y yo acostumbro roerlo todo entre los hombres.

El pan amasado tres veces no se libra de mí en el redondo cesto, ni las largas galletas que contienen abundante sésamo, ni el hígado revestido de su blanca túnica, ni el reciente queso de dulce cuajada, ni el rico pastel de miel que apetecen los propios dioses, ni ninguna de las cosas que los cocineros preparan para alimento de los hombres, cuando adornan los platos de arcilla con salsas de todas clases.
Jamás eludí el terrible fragor de la guerra, y, lanzándome derecho a la pelea, siempre me mezclé con los primeros combatientes.
No temo al hombre, a pesar de su gran tamaño, y subiéndome a su iecho, le muerdo en la punta de un dedo…

¿Qué ocurrió después?
La rana quiso conducir el ratón a su morada, para que viera que también su pueblo tenía grandes cosas dignas de ser vistas.
Agarrado al cuello del batracio, el ratón atraviesa la superficie del estanque.
De improviso, aparece un hidra. La rana. asustada, se sumerge sin pensar en su viajero y el ratoncito muere ahogado.

Los demás ratones, para vengar su muerte, declaran la guerra a las ranas.

Se inicia el tremendo combate y las ranas llevan la peor parte.

Zeus, apiadado por el triste destino de los batracios, les envía unos aliados, los cangrejos, provistos de coraza y tremendas pinzas, con las que cortan los pies y manos de los ratoncitos, que, espantados, acaban dándose a la fuga…

 

Producto disponible en Amazon.es

 











Puedes ayudar al resto de usuarios compartiendo tu opinión y conocimientos en los comentarios inferiores.



Sé el primero en comentar

Comentar el artículo

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*




: .