Miguel de Cervantes mas allá del Quijote

 




 



Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares en 1547 y falleció en Madrid el 23 de abril de 1616.

Este gran escritor ocupa un lugar de honor en la historia de la literatura mundial.

Gran parte de la gente conoce a Cervantes únicamente por el Quijote, pero su trayectoria va mucho mas allá.

Las novelas ejemplares de Cervantes

La historia de Tomás Rodaja, que acaba recuperando el juicio, se conoce con el nombre de “El licenciado Vidriera” y constituye una de las novelas ejemplares de Cervantes, autor de Don Quijote de la Mancha.

Cervantes
Cervantes

 

Ya sabemos que Don Quijote de la Mancha es una de las más grandes creaciones literarias de todos los tiempos y que, junto con la Biblia, es el libro más leído y traducido de la humanidad, pero el genio de Cervantes se manifestó también en otras muchas creaciones, como en esas novelas ejemplares, llenas de color y vida y penetradas por un gran sentido filosófico.

 

Lo que más importa en ellas no es su intriga novelesca, sino la magistral descripción que hace de determinados ambientes.

Aparte El licenciado Vidriera, son también novelas ejemplares La ilustre fregona, La española inglesa, La fuerza de la sangre, Rínconete y Cortadillo, La gítanílla, El coloquio de los perros, etc.

Asi mismo, Cervantes escribió La Galatea, novela pastoril, Los trabajos de Persíles y Segísmunda, y doce comedias, de las que sólo se conocen dos: El cerco de Numancia y El trato de Argel.

He aquí un fragmento del El licenciado Vidriera de sus novelas ejemplares:

Se llamó Tomás Rodaja y asistió a la Universidad de Salamanca.

Su principal estudio fue de leyes, pero en lo que más se distinguió fue en letras humanas.
Luchó en Italia y Flandes, cuando esos dos países formaban parte del imperio español, y regresó a España.

Después de comerse un membrillo hechizado que le ofreció una enamorada desdeñada, Tomás cayó gravemente enfermo…
Seis meses estuvo en la cama Tomás, en los cuales se secó y se puso, como suele decirse, en los huesos, y mostraba tener turbados todos los sentidos; y aunque le hicieron los remedios posibles, sólo le sanaron la enfermedad del cuerpo, pero no la del entendimiento; porque quedó sano, y loco de la más extraña locura que entre las locuras hasta entonces se había visto.
Imaginose el desdichado que era todo hecho de vidrio, y con esta imaginación, cuando alguno se llegaba a él, daba terribles voces, pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acercasen, porque le quebrantarían; que real y verdaderamente él no era como los otros hombres: que todo era de vidrio, de píes a cabeza.




Para sacarle de esta extraña imaginación, muchos, sin atender a sus voces y rogativas, arremetieron a él y le abrazaron, diciéndole que advirtiese y mirase como no se quebraba. Pero lo que se granjeaba en esto era que el pobre se echaba en el suelo dando mil gritos, y luego le tomaba un desmayo del cual no volvía en sí en
cuatro horas; y cuando volvía, era renovando las plegarías y rogativas de que otra vez no le llegasen. Decía que le habla­sen desde lejos, y le preguntasen lo que quisiesen, porque a todo les respondía con más entendimiento, por ser hombre de vidrio y no de carne; que el vidrio, por ser materia sutil y delicada, obraba por ella el alma con más prontitud y eficacia que no por la del cuerpo, pesada y terrestre.

Quisieron algunos experimentar sí era verdad lo que decía, y así, le preguntaron muchas y difíciles cosas, a las cuales respondió espontáneamente con grandísima agudeza de ingenio; cosa que causó admiración a los más letrados de la uni­versidad y a los profesores de la Medicina y Filosofía, viendo que en un sujeto donde se contenía tan extraordinaria locura como era el pensar que fuese de vidrio, se encerrase tan grande entendimiento, que respondiese a toda pregunta con propiedad y agudeza.

Pidió Tomás le diesen alguna funda donde pusiese aquel vaso quebradizo de su cuerpo, porque al vestirse algún vestido estrecho no se quebrase; y así, le dieron una ropa parda y una camisa muy ancha, que él se vistió con mucho tiento y se ciñó con una cuerda de algodón.

No quiso calzarse zapatos en ninguna manera, y el orden que tuvo para que le diesen de comer sin que a él llegasen fue poner en la punta de una vara una vasera de orinal, en la cual le ponían alguna cosa de fruta, de las que la sazón del tiempo ofrecía.
Carne ni pescado, no lo quería; no bebía sino en fuente o en río, y esto, con las manos: cuando andaba por las calles, iba por la mitad dellas, mirando a los tejados, temeroso no le cayese alguna teja encima y le quebrase; los veranos dormía en el campo al cielo abierto, y los inviernos se metía en algún mesón, y en el pajar se enterraba hasta la garganta, diciendo que aquélla era la más propia y más segura cama que podían tener los hombres de vidrio.
Cuando tronaba, temblaba como un azogado, y se salla al campo, y no entraba en poblado hasta haber pasado la tempestad. Tuvíéronle encerrado sus amigos mucho tiempo; pero viendo que su desgracia pasaba adelante, determinaron de condescender con lo que él les pedía, que era le dejasen andar libre, y así, le dejaron, y él salió por la ciudad, causando admiración y lástima atodos los que le conocían.

Cercáronle luego los muchachos; pero él con la vara los detenía, y les rogaba le hablasen apartados, porque no se que­brase; que por ser hombre de vidrio, era muy tierno y quebradizo.
Los muchachos, que son la más traviesa generación del mundo, a despecho de sus ruegos y voces, le comenzaron a tirar trapos, y aun piedras, por ver sí era de vidrio, como él decía; pero él daba tantas voces y hacía tales extremos, que movía a los hombres a que riñesen y castigasen a los muchachos porquenole tirasen.
Mas un día que le fatigaron mucho se volvió a ellos, diciendo:
-¿Qué me queréis, muchachos, porfiados como moscas, sucios como chinches, atrevidos como pulgas? ¿Soy yo por ventura el monte Testacho de Roma, para quemetiréis tantos tiestos y tejas? …

 

 

 




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