Los árboles más viejos del mundo



Los arboles mas antiguos de los que se conoce su existencia son:

1.- Matusalén – 4,841 años de edad en las Montañas Blancas de California.
2.- Sarv-e Abarqu (Zaroastrian Sarv) es un ciprés que habita en la provincia de Yartz, en Irán.
3.- Tejo Llangernyw en Llangernyw, Gales. Con cerca de 4,000 años.
4.- Alerce – Al día de hoy, el más viejo de todos es de 3,640 años.
5.- El Senador Localizado en Florida Se estima que tiene alrededor de 3,500 años de edad
6.- Patriarca da Floresta habita en Brasil y se estima que tiene alrededor de 3,000 años.
7.- El olivo de Vouves olivo está en la isla de Creta con al menos 2,00 años de edad.

¿Cuáles son los árboles más longevos?

En el mundo vegetal hay numerosas especies que alcanzan una existencia milenaria.
Nacieron, crecieron y se fortificaron antes de la era cristiana y continúan en el mismo lugar, desafiando el paso del tiempo.

Algunos árboles famosos por su longevidad son la secoya gigante, el ciprés siempreverde, el castaño, el cedro del Líbano y el alerce.

¿Como se puede reconocer la edad de las plantas?
Simplemente observando el interior de un tronco, cortado en for­ma transversal.
Para establecerla con exactitud, antes hay que precisar en qué forma crece el tronco.
En el primer año de vida, el tron­co está formado por una faja leñosa que envuelve la médula en torno de la del año anterior.
Por tanto, cortando los anillos leñosos es posible sa­ber con certeza la edad de los árboles, así como también las condiciones climáticas en las que desenvolvieron su existencia en determinado períodos.

BOSQUE DE SECUOYAS

EL CLIMA Y LOS ÁRBOLES


El método que se utiliza para esclarecer los cli­mas prehistóricos se basa en el estudio de los ani­llos de crecimiento anual de los árboles.

Por ejemplo, se ha demostrado que los bosques de las regiones boreales, del IY al II milenio a. de J.C., correspondieron a un pe­ríodo de clima cálido y seco.

El drago es un árbol origi­nario de las islas Canarias. Tiene un tronco grueso, y una copa recogida siem­pre verde.
Los primitivos habitantes de la isla de Tenerife, del archipiélago de las Canarias, adoraban a un drago, árbol gigantesco que fue abatido por un huracán en el año 1860.
Considerado en su época como el árbol más viejo del mundo, ya que se le atribuía una existencia de 5.000 años, fue visitado en 1799 por el sabig inglés Alejandro Humboldt a quien le llamó la atención una supervivencia tan notable.
Un ejemplar de drago que existía en la isla de Tenerife fue abatido en 1860 y se le atribuían alre­dedor de 5.000 años de an­tigüedad.

AROS DE ARBOL CORTADO




ARBOLES DE LA ÉPOCA DE JESUCRISTO


La longevidad del olivo es enorme y puede llegar a los quinientos y hasta los mil años.
Algu­nos de ellos son un raro ejemplo de superviven­cia, pues aún hoy en Palestina, no lejos de Jeru­salén, se conservan olivos que ya existían en los tiempos de Jesucristo.
Conmueve pensar que esas especies vegetales han estado allí como silencio­sos testigos de la humanidad y han asistido a los comienzos del cristianismo.

LOS ÁRBOLES MÁS LONGEVOS


El que se lleva las palmas de la longevidad es la secoya gigante, el mayor de los árboles existentes, que puede alcanzar más de cien metros de altura.

Un diámetro superior a los 11 m puede significar una edad aproximada a los 4.000 años.
La secoya, aunque ampliamente extendida en la época boreal durante la epoca terciaria, se encuentra en la actualidad solo en California, Estados Unidos. La secoya es un árbol gigantesco de la familia de las coníferas. En la época terciaria for­mó extensos bosques, pe­ro hoy sólo existen dos es­pecies, ambas nativas de California, en los Estados Unidos de América.

El ci­prés es una planta que puede llegar a los 3.000 años. El ciprés siempreverde tiene de 15 a 20 metros de altura, tronco recto, ramas erguidas y cortas, copa fusiforme y alargada, de color verde oscuro; una planta de gran longevidad, que en algunos casos puede llegar a los 3.000 años.
En 1944, en Italia, un vendaval derribó un ciprés que había cumplido 1.209 años.

En Europa existe un árbol célebre por su longev­ídad: el castaño que crece al pie del volcán Etna, Italia, al cual se le atribuye mil años de vida.
Esta especie vegetal alcanza los 30 metros de altu­ra y es originaria del sur de Europa y del Asia Me­nor y no pocos ejemplares llegan a los dos mil años de existencia.

Otro raro ejemplo de pervi­vencia milenaria lo constituye el cedro del Líba­no, que supera los mil doscientos años. Hay ejemplares de cedro del Líbano que superan los 1.200 años de exis­tencia. Es una de las es­pecies arbóreas más pre­ciadas por su madera. Muy apreciado por su madera desde los tiempos bíblicos, se arraiga principalmente en las monta­ñas de Siria y el Taurus.

El pino cembro llega a los mil años. Por su par­te, el alerce también ha visto evolucionar el mun­do sin inmutarse.
Esta conífera se halla por Sibe­ria, Canadá, Japón, en las montañas de centro y sur de Europa y en América del Sur. En la Argen­tina, algunos ejemplares de dos y tres mil años atestiguan su origen prehistórico.

El tilo, planta muy común en España, tiene una larga existencia: de ochocientos a mil años.

La encina es un árbol de 10 a 12 metros de altura. Tiene tronco grueso y copa grande y redonda. Algunos ejemplares llegan a vivir mil años.
La historia de la encina es también muy anti­gua. Se mantiene airosa, sin perder su prestancia en un dilatado lapso: de 500 a 1.000 años.
Fue el árbol sagrado de Zeus, el dios griego, y según la mitología éste premiaba a los vencedores de los juegos nemeos con una corona de hojas de enci­na.
También en la antigua Roma estaba consa­grado a Júpiter y con él confeccionaban hermo­sas coronas cívicas.

El enebro es un arbusto y vive por lo general quinientos años.
Otro árbol centenario es el haya, que en algu­nos casos suele sobrepasar los 300 años y que, junto con las encinas y coníferas, forma grandes bosques en la península ibérica.

Pese a ser un arbusto, el enebro alcanza también larga vida. Muchos de ellos llegan a cumplir 500 años.

El castaño crece en los valles fértiles y a orillas de los ríos. Se desarrolla muy bien en la cuenca del mar Mediterráneo, y muchos ejemplares al­canzan los mil años.




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