La harina destinada a la alimentación es un polvo que se obtiene moliendo los granos de ciertas plantas, que contienen su parte más nutritiva. El ser humano lleva usando harina desde tiempos muy remotos para fabricar pan, tortas, galletas y otros alimentos básicos.
De qué está hecha y cómo se muele
Bajo su cáscara, los granos de cereal contienen sustancias como el almidón, el gluten, la glucosa e incluso ciertas grasas. Convertirlos en polvo, primero con mano de mortero y más tarde con piedras de molino, es una tradición antiquísima.
La calidad de una harina se juzga principalmente por su pureza. Al cerner (tamizar) la harina de trigo se separa la “flor”, más blanca y fina; moliendo y cerniendo dos veces se obtiene la harina de mayor calidad. Los últimos cernidos, más bastos y ricos en salvado, dan las harinas que suelen usarse para alimentar al ganado.
Muchas harinas, muchas tradiciones
Según la región, se consumen harinas muy distintas:
- Con harina de centeno se elabora el pan integral, muy consumido en Centroeuropa.
- Con harina de maíz se hace la polenta italiana y las tortitas mexicanas.
- Con harina de castaña se preparan gachas, tortas y galletas en algunas zonas rurales.
Otros usos de la harina
Además de la cocina de cada día, la harina tiene otras aplicaciones:
- Las papillas para bebés suelen llevar harina de legumbres, que favorece su crecimiento.
- La industria de sopas preparadas y piensos para animales también usa gran variedad de harinas.
El trigo y su harina son una materia prima indispensable en la dieta de prácticamente todas las culturas, tanto orientales como occidentales.