PIOTR KROPOTKIN: Citas y frases célebres



Recopilación de citas y frases célebres de PIOTR KROPOTKIN

frases célebres de PIOTR KROPOTKIN

La anarquía no es desorden, sino orden, pero es el orden que nace no del ejercicio del Poder (esto es, no de la amenaza, la fuerza y la violencia), sino del ejercicio de la libertad, la igualdad y la fraternidad

PIOTR KROPOTKIN

Una sociedad en la cual cada individuo sea un productor de trabajo manual o intelectual; en la que todo ser humano que no esté impedido sea un trabajador, y en la que todos trabajen, lo mismo en el campo que en el taller industrial

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Es preciso para un gobierno castigar a los que violan las leyes de la sociedad, hay muchas cosas que decir sobre eso, lo que hace difícil tratarlo por incidencia. Cuanto mas estudiamos la cuestión, tanto mas estamos obligados a afirmar que la sociedad, en si, es responsable de las acciones antisociales cometidas en medio de ella; y que ningún castigo, ninguna cárcel y ningún verdugo puede disminuir el número de tales hechos; solamente puede hacerlo una reorganización de la sociedad misma

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Las tres cuartas partes de los delitos que son juzgados por los tribunales cada año tienen su origen, o directa o indirectamente, en la desorganización actual de la sociedad, en lo que se refiere a la producción y distribución de la riqueza, y no en la perversidad de la naturaleza humana. En cuanto a los relativamente pocos delitos antisociales que resultan de inclinaciones antisociales de individuos, no es por las cárceles ni tampoco por el verdugo como podemos disminuir su número. Por nuestras cárceles, tan solo los multiplicamos y los empeoramos. Por nuestros agentes de policía secreta, nuestro -precio por la sangre-, nuestras ejecuciones y nuestras prisiones, propagamos en la sociedad una corriente tan terrible de las pasiones y odios mas bajos, que el que se diera cuenta de los efectos de estas instituciones en toda su extensión tendría miedo de lo que la sociedad está haciendo bajo el pretexto de mantener la moralidad. Es absolutamente preciso que busquemos otros remedios; y estos remedios han sido ya inclinados desde hace mucho tiempo

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La historia del pensamiento humano es similar a las oscilaciones del péndulo. Luego de un largo periodo de sueño ocurre un despertar y entonces se libera de las cadenas con las que los gobernantes, magistrados y clérigos la habían atado. Critica severamente lo que se le enseñara y desnuda la vanidad de los prejuicios religiosos, políticos legales y sociales. Investiga, va por caminos desconocidos, hace ricos descubrimientos imprevistos y crea nuevas ciencias

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La idea del bien y del mal existe en el hombre, cualquiera que sea su grado de desarrollo intelectual. Considera como bueno lo que es útil a la sociedad en que vive y malo a lo nocivo para esta. Pero la mayor parte no conoce mas que el clan o la familia, difícilmente a la nación y mas difícil aun, a la humanidad. ¿Cómo pretender que puedan considerar como bueno lo útil a la especie humana o que sientan solidaridad con su clan, a pesar de sus instintos tan egoístas?

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Llegando a ser anarquistas, le declaramos la guerra al amontonamiento de mentiras, astucia, explotación, depravación, vicio. La declaramos a esa manera de pensar, obrar. El gobernado, el engañado, el explotado, la prostituta lastiman, ante todo, nuestros sentimientos de igualdad. En nombre de esa igualdad, no queremos ni prostitutas, ni explotados, ni engañados, ni gobernados

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Nosotros, los anarquistas, no tememos renunciar al juez ni a la condena. No tememos declarar ‘haz lo que quieras y como quieras’, porque estamos convencidos de que la inmensa mayoría de los hombres, a medida que se eduquen y se quiten de encima las actuales trabas, actuara siempre en una dirección útil a la sociedad

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Hay que dejar que cada uno actué como mejor le parezca, negar a la sociedad el derecho a castigar cualquier acto antisocial. No renunciamos a nuestra facultad de amar lo que nos parezca malo. Amar y odiar, pues solo los que saben odiar saben amar. Solo pedimos una cosa: eliminar todo lo que en la sociedad actual impide el libre desenvolvimiento de estos sentimientos, todo lo que falsea nuestro juicio: Estado, iglesia, explotación, el juez, el clérigo. el gobierno, el explotador

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En una sociedad basada en la explotación y la servidumbre, la naturaleza humana se degrada. Pero a medida que la servidumbre vaya desapareciendo, volveremos a posesionarnos de nuestros derechos; sentiremos la necesidad de odiar y amar aun en casos complicados

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La , la brutalidad, etc, no son repugnantes porque lo digan los códigos de moralidad, lo son porque sublevan los sentimientos de igualdad de aquel para quien la igualdad no es una vana palabra: sublevan sobre todo a quien es realmente anarquista en su manera de pensar y obrar

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Lo que la humanidad observa en el hombre verdaderamente moral es su energía plena de vida, que le empuja a dar su inteligencia, sus sentimientos, sus actos, sin pedir nada a cambio

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Cuando el ser humano examina la religión desde un punto de vista crítico y en lugar de obediencia y temor ciego busca convicciones basadas en la razón, esa condición no puede mantenerse mucho tiempo. La contradicción interna es una sentencia de muerte para toda ética, un gusano que roe la energía del hombre

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Si somos tan ricos, ¿por qué hay tanta miseria a nuestro alrededor?, ¿por qué las masas se embrutecen con trabajos penosos? Los socialistas ya lo dijeron: porque todo lo necesario para la producción fue acaparado por algunos, a lo largo de una historia de saqueos, guerras, ignorancia y opresión que vivió la humanidad antes de dominar las fuerzas de la Naturaleza

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Todo se ensalza: ciencia e industria, conocimiento y aplicación, descubrimiento y realización práctica que lleva a otras invenciones, trabajo mental y trabajo físico. Cada descubrimiento y progreso, cada incremento en la riqueza de la humanidad, se origina en el conjunto del trabajo manual y cerebral de ayer y hoy. Entonces, ¿qué derecho tiene nadie de apoderarse de una partícula de ese todo y decir: ‘Esto es mío y no vuestro’?

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Hoy el suelo pertenece a minorías que impiden al pueblo cultivarlo. Las minas trabajadas por tantas generaciones también pertenecen a unos pocos que limitan la extracción del carbón o lo prohíben. La maquinaria es propiedad de algunos, y si los nietos de su inventor reclamaran los derechos, serían fusilados

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Esta organización monstruosa hace que cuando el hijo del trabajador ingresa en la vida, no tiene campo que cultivar, ni máquina que manejar, ni mina que explotar si no le cede al amo la mayor parte de lo que produzca. Vende entonces la fuerza de su trabajo a cambio de una ración mezquina e insegura. Si tiene permiso para dedicarse al cultivo de un campo, debe ceder la cuarta parte del producto al amo y la otra al gobierno y a los intermediarios. Si se dedica a la industria, podrá trabajar a condición de no recibir mas que un tercio o la mitad del producto. El resto será para quien la ley reconoce como propietario de la máquina

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Toda nuestra producción es una contrasentido. Al negocio no le interesan las necesidades de la sociedad, solo trata de aumentar las ganancias del negociante. Por eso, la industria fluctúa constantemente y está en una crisis crónica

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Se comprende fácilmente que, sin respeto, simpatía ni apoyo mutuo, la especie degenera. Pero eso no importa a la clase directiva e inventa toda una ciencia falsa para probar lo contrario

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Se habla de compartir con quienes no tienen. Pero cuando alguno lo pone en práctica, se le advierte que son sentimientos adecuados para libros poéticos y no para la vida

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Dejemos atrás las formas ambiguas que dicen: ‘derecho al trabajo’ o ‘a cada uno el producto íntegro de su ’. Nosotros proclamamos el derecho al bienestar, el bienestar para todos

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Para que el bienestar se transforme en realidad, se necesita que el capital deje de ser considerado como propiedad privada del acaparador. El instrumento de producción debe ser la propiedad común para que el espíritu colectivo saque los máximos beneficios para todos. Hay que expropiar. El bienestar de todos es el fin. La expropiación, el medio. El problema de la expropiación no se resuelve por la vía legislativa. Pobres y ricos saben que los gobiernos actuales ni los por venir, puede resolverlo. Se siente la necesidad de una revolución social, y ni a unos ni a otros se les oculta que esta revolución está próxima. ¿De dónde vendrá la revolución?, ¿Cómo se anunciará? Incógnita. Pero los observadores y quienes meditan no lo dudan: trabajadores, explotadores, revolucionarios, conservadores, pensadores y hombres prácticos, todos afirman que está llamando a nuestras puertas




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Después de la Revolución, el pueblo sufre y se pregunta cómo hacer para salir del atolladero. En principio, reconocer que cada cual tiene ante todo derecho a vivir y que la sociedad debe repartir los medios de existencia disponibles. Que desde el primer día, el trabajador sepa que se abre una nueva era. Que se produce una revolución que piensa en las necesidades del pueblo, antes de leerse la lista de sus deberes. Esto no puede hacerse por decreto sino por la posesión inmediata de todo lo necesario para la vida de todos. Es la única manera científica de proceder, la única que comprende y desea la masa del pueblo

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Toda sociedad que rompa con la propiedad privada se verá en la necesidad de organizarse dentro del comunismo anarquista

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No podemos coincidir con los colectivistas en cuanto a que una remuneración proporcional a las horas de trabajo aportadas por cada uno sea un ideal. No es siquiera un paso adelante. El colectivista nos parece irrealizable en una sociedad que considere los instrumentos de producción como patrimonio común. Basada en tal principio, se vería obligada a abandonar cualquier sistema de salario. El salario nació de la apropiación individual del suelo y de los instrumentos de producción por parte de algunos. Esa era la condición necesaria para el desarrollo de la producción capitalista y morirá con ella, aunque se trate de disfrazarla bajo la forma de ’bonos de trabajo’. La posesión de las herramientas traerá consigo el goce en común de los frutos de la labor común

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Nuestro comunismo no es el del falansterio, ni el de los teóricos autoritarios alemanes. Es el comunismo anarquista, sin gobierno, el del hombre libre. La síntesis de los dos fines perseguidos por la humanidad a través de la historia: libertad económica y libertad política

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La independencia de cada unidad mínima es una necesidad acuciante. La ley es reemplazada por el común acuerdo que además, pasa por sobre las fronteras y regula los intereses particulares con la mirada fija en un fin general

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Una sociedad fundada en la servidumbre se conformará con la monarquía. Una basada en el salario y la explotación de las masas por quienes tengan el capital, aceptará el parlamentarismo. Pero una sociedad libre, que entre en posesión de la herencia común, tendrá que buscar la nueva organización, conveniente para la nueva fase económica de la historia, en el agrupamiento libre y en la libre federación

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La ciencia de adquirir riquezas está en encontrar cierta cantidad de hambrientos, pagarles tres monedas, hacerles producir por diez, amontonar una fortuna y acrecentarla de inmediato mediante algún golpe de mano con ayuda del Estado

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No queremos despojar a nadie de su abrigo, queremos devolver al trabajador todo lo que le permite explotarlo. Haremos todos los esfuerzos para que no le falte nada a nadie, para que ningún hombre se vea obligado a vender sus brazos para subsistir él y sus hijos. Así entendemos la expropiación y nuestro deber durante la revolución que esperamos para un futuro próximo

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Nuestra tarea consistirá en hacer que mientras dure la revolucion, ningún hombre carezca de pan, ni una mujer se vea obligada a estar en una fila para recibir una bolsa de salvado como limosna, ni un niño a quien le falte lo necesario para su débil constitución

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Somos utopistas, tanto que llegamos a creer que la revolución debe y puede garantizar a todos alojamiento, vestido y pan

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Como nuestra civilización burguesa se basa en la explotación de las razas inferiores y de los paises atrasados industrialmente, el primer beneficio de la revolución será amenazar esta civilización, permitir que se emancipen las llamadas -razas inferiores-. Pero ese gran beneficio se manifestara en una disminución considerable de las entradas de víveres hacia las grandes ciudades de Occidente

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Cuando contamos el número de los que no producen, dentro de países civilizados, de personas que trabajan en industrias nocivas que deberán desaparecer, y de intermediarios inútiles, vemos que cada uno de ellos podría duplicar el numero de productores reales. Bastaría con reducir el despilfarro de la fuerza humana al servicio de familias ricas, o de la administración que cuenta con un funcionario por cada diez habitantes y usar esas fuerzas para aumentar la productividad de la nación, limitar las horas de trabajo a cuatro o a tres, a condición de conformarse con la producción actual

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El hombre no puede vivir solo para comer, beber y dormir. Una vez satisfechas las exigencias materiales, aparecerán con gran fuerza las necesidades a las que se atribuye un carácter artístico. Tantos individuos son equivalentes a tantos deseos, y estos son mas variados cuanto mas civilizada esté la sociedad y mas desarrollado el hombre

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El trabajador obligado a luchar penosamente por la vida nunca llega a conocer los altos goces de la ciencia y de la creación artística. Para que todo el mundo llegue a estos placeres, que hoy se reservan al menor numero, para que tenga tiempo y posibilidades de desarrollar sus capacidades intelectuales, la renovación debe garantizar a cada uno el pan cotidiano. Y luego, tiempo libre. Este es nuestro propósito supremo

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La literatura, la ciencia y el arte deben ser servidos por voluntarios. Solo con esa condición conseguirán liberarse del yugo del Estado, del capital y de la burguesa que los ahoga.

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Cuando el lujo deje de ser un aparato necio y chillón, propiedad de los burgueses, se transformará en satisfacción artística.

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Con frecuencia, un perezoso es un rebelde sublevado ante la idea de estar toda la vida atado a un banco, trabajando para dar placeres al patrón, al que sabe mas estúpido y sin mas razón que la de haber nacido en un palacio en vez de un cuartucho.

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Fue la necesidad la que en un principio llevo al hombre a cazar, criar ganado, cultivar la tierra, hacer herramientas y luego a inventar maquinas. Es el estudio de las necesidades lo que debiera regir la producción. Y seria lógico comenzar por ahí y luego ver como ingeniarse para atender las necesidades por medio de la producción.

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Si solo los economistas predicaran la división permanente y con frecuencia hereditaria, del trabajo, no seria grave. Pero esas ideas se infiltran en los espíritus, los pervierten y de tanto oír hablar de esa división del trabajo, del interés, de la renta, del crédito, etc. Como problemas ya resueltos, todos, incluido el trabajador, terminan por razonar como el economista, por venerar los mismo fetiches.

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El orden es la miseria y el hambre convertidos en estado normal de la sociedad; es el campesino irlandés muriendo de inanición, el campesino ruso, muriendo de difteria, de tifus, de hambre a consecuencia de la escasez, en medo de montones de trigo que se exportan al extranjero; es el pueblo obligado a abandonar la fértil capiña de su país, para rodar por Europa buscando túneles que perforar y rudos trabajos que hacer, en donde expone su vida diariamente y en donde muere aplastado en plena juventud; es la tierra arrancada al campesino, para destinarla a engordar ganado que sirve para nutrir glándulas; es el suelo baldío, abandonado, sin cultivo, antes que restituírlo a quien le arrancaría con el esfuerzo de su brazos el pan sagrado de su familia. El orden es la mujer que se vende para alimentar a sus hijos, es el niño reducido al presidio de una fábrica, o a morir de hambre; es el obrero sublevado convertido en máquina. Es el fantasma del obrero a las puertas del rico, el pueblo indignado, armado cual gigantesca Némesis, a las puertas de los gobernantes

PIOTR KROPOTKIN

El orden es la servidumbre, embotamiento de la inteligencia, el envilecimiento de la raza humana, mantenido por el hierro, por el látigo y el fuego; es la muerte contínua por el grisú, sepultando a miles de desventurados mineros, destrozados, convertidos en piltrafas por la rapacidad de los patrones o ametrallados, acribillados a bayonetazos, si intentan quejarse de su suerte negra. El orden, en fin, es el lago de sangre en que ahogaron a la Comune de París; es la muerte de treinta mil hombres, mujeres y niños, destrozados por las bombas y la metralla, enterrados con el blanco sudario de cal viva en las calles de París; es el destino de la juventud rusa condenada a pudrirse en las cárceles y a ser sepultada en las nieves de la Siberia, y los mejores, los más enérgicamente puros, los más heroicos, a morir ahorcados por la cuerda del verdugo. ¡He ahí el orden!. Veamos ahora el desorden, lo que las gentes sensatas llaman desorden. Es la protesta del pueblo contra el innoble orden presente, la protesta para romper las cadenas, destruir los obstáculos y marchar luchando hacia un provenir mejor. El desorden es el timbre más glorioso que la humanidad tiene en su historia

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