Historia de los libros




Libros: Definición e historia de los libros

Podriamos definir libro como reunión de muchas hojas de papel, vitela, etc., cosidas o encuadernadas juntas en un volumen.

Aunque el libro no ha tenido siempre la forma actual, y los materiales de que se compone han cambiado con el transcurso del tiempo, se confeccionaron libros desde la Antigüedad.

Los sumerios y los babilonios escribían con instrumentos afilados sobre tablillas de arcilla húmeda, que se cocían al sol o en hornos.

Los chinos escribían mediante dibujos hechos con pinceles y tinta sobre tablillas de madera hasta que inventaron el papel alrededor del año 100 de nuestra era.

El papel no se conoció en Europa hasta comienzos del siglo XII, cuando los árabes lo trajeron a España.

Hasta aquel momento, en Occidente el soporte fundamental de la escritura fue el papiro. Este material procedía de una planta cuyas fibras se disponían en capas de tiras entrecruzadas y encoladas que componían el rollo o volumen, al que se denominaba liber.

Otros escritos se hacían sobre tablillas de madera enceradas o también sobre planchas de metal denominadas codex, de donde procede la palabra códice.

Después de la caída del imperio de Occidente, el libro se refugió en el ámbito eclesiástico. Los libros de esta época están escritos por lo general en pergamino.

A partir de los siglos XI y XII, coincidiendo con el nacimiento de las literaturas populares, el ámbito eclesiástico dejó de ser el único centro productor de libros.

 Libros antiguos
Historia de los libros: Libros antiguos

Sin embargo, fue la invención de la imprenta la que favoreció la propagación del libro provocando para siempre un cambio definitivo en el mundo intelectual.




Los primeros libros impresos fueron imitaciones de manuscritos, pero al cabo de veinte años la imprenta había desarrollado sus propias convenciones y conquistado Europa.

La primera Biblia de Gutenberg apareció en Maguncia en 1455. La técnica se adoptó rápidamente en los Países Bajos, Francia e Inglaterra.

Los alemanes instalaron una imprenta cerca de Roma en 1465, y a finales de siglo Italia era la fuente más importante de libros impresos. Una vez popularizada la imprenta, los libros que llamaban más la atención eran los clásicos griegos y latinos, pero los libros religiosos los superaban en número; otros muchos estaban dedicados a la información práctica, la educación y el entretenimiento y algunos, incluso, describían acontecimientos de la época.

Las formas de las letras, en el norte, siguieron la escritura gótica o de letra negra; en el sur, los humanistas habían perfeccionado la romana, basada en la escritura carolingia que fue la base de la moderna tipografía.

Las ilustraciones, por lo general, eran xilografías, pero hubo una breve etapa en que, en los libros de lujo, una página entera podía estar representada como si fuera un manuscrito.
En la primera mitad del siglo XVI el libro adquirió los caracteres que sin alteraciones esenciales ha conservado hasta hoy. Las máquinas de imprimir que han sustituido a la antigua prensa han hecho posible las grandes tiradas actuales.

En el último cuarto del siglo XIX, se inventaron las grandes máquinas de componer (linotipia y monotipia) y los grabados fotomecánicos sustituyeron al grabado a mano.

En la actualidad, el desarrollo de la tecnología informática permite hablar del libro electrónico, en que el papel es sustituido por otros soportes.



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