El neodarwinismo y las teorías de la evolución modernas



Charles Darwin publicó su teoría de la evolución por selección natural en 1859.

Neo-Darwinismo, es la Teoría de la evolución que representa una síntesis de la teoría de Charles Darwin en términos de selección natural y genética de poblaciones modernas.

El término se utilizó por primera vez después de 1896 para describir las teorías de August Weismann (1834-1914), quien afirmó que su teoría del germoplasma hacía imposible la herencia de las características adquiridas y apoyaba la selección natural como el único proceso importante que daría cuenta de la evolución biológica.

Desde entonces, tras más de un siglo de investigaciones posteriores, se ha establecido una versión actualizada de su teoría llamada neodarwinismo.

El neodarwinismo se basa todavía en el mecanismo de la selección natural, pero extrae sus pruebas de avances científicos más recientes en el campo de la genética.

Darwin y el Neo-Darwinismo
Darwin y el Neo-Darwinismo

El neodarwinismo y la genética

Gregor Mendel, el fundador de la genética moderna, publicó sus descubrimientos en 1866, sólo unos años después de la aparición del Origen de las especies de Darwin.

Sin embargo, durante 40 años, la importancia capital de dichos descubrimientos pasó inadvertida a ojos de todo el mundo.

A principios del siglo xx, el redescubrimiento de los trabajos de Mendel después de su muerte condujo al nacimiento de la genética y a la explicación de algunos de los misterios que Darwin fue incapaz de resolver.

La síntesis resultante, llamada neodarwinismo, recibió un reconocimiento significativo con el descubrimiento de la estructura del ADN en 1953, y ha sido refrendada posteriormente con las investigaciones más recientes acerca de la composición genética de los individuos y de las poblaciones.

 

El neodarwinismo y el mecanismo de la herencia

El mecanismo de la herencia era un completo misterio para Darwin y sus contemporáneos.

La idea popularmente aceptada en aquel tiempo era que las cualidades de los progenitores se mezclaban de alguna forma, como si fueran pinturas, para producir los rasgos de los descendientes.

Lo que Gregor Mendel demostró fue que la herencia era debida a factores discretos ahora llamados genes, que afectan las particularidades físicas de un organismo.

Finalmente, los biólogos pudieron comprobar hasta qué punto el concepto de la herencia con modificación propuesto por Darwin podía ser válido.

A principios del siglo xx, los científicos encontraron por azar la fuente última de variación genética.

Mediante exposición de determinados organismos a los rayos X, obtuvieron nuevos genes que conferían características completamente nuevas a los descendientes de los organismos. Este proceso, llamado mutación, se sabe ahora que tiene lugar en todos los organismos de forma natural en una tasa constante, aunque muy poco frecuente.

En 1953, el científico británico Francis Crick y su colega americano James Watson descubrieron la estructura del ADN, lo que les condujo a desenmarañar el código genético del que la molécula era portadora y posteriormente reveló la naturaleza química de los genes.

A mediados de siglo la teoría de la evolución abarcaba un grupo de campos científicos relacionados cuya interacción permitía formar un cuerpo de pruebas más sólido que cualquier otra línea de investigación individual.

 




El neodarwinismo y la unidad de selección

El propio Darwin consideraba la selección natural como un proceso impuesto a los individuos de una población.

Eran los individuos quienes vivían o morían, eran fértiles o estériles, transmitían sus caracteres a su descendencia o no lo hacían.

El punto de vista de los biólogos modernos, sin embargo, es que resulta más útil considerar la selección como actuando sobre un gen más que sobre un organismo individual, sea planta o animal.

Las razones de ese cambio son dos.

En primer lugar, si la selección es considerada como un proceso de filtrado o de criba, que permite a algunos objetos seguir avanzando hasta la posteridad mientras cierra el paso a otros, entonces los objetos que están siendo filtrados son los genes, no los organismos.

Las plantas y los animales considerados individualmente son siempre mortales, mientras que un gen puede autorreplicarse y existir potencialmente para siempre.

En segundo lugar, este enfoque tiene la capacidad de explicar aspectos de la conducta que serían incomprensibles, como el aparente autosacrificio de los insectos sociales como las hormigas, las abejas y las avispas.

Esta consideración del nivel de la selección y de sus consecuencias se conoce como la interpretación del gen egoísta, llamado así por el título del best-seller The Selfish Gene (1976) del biólogo i escritor inglés Richard Dawkins.

 

El neodarwinismo y el registro fósil

El conocimiento que se tiene actualmente del registro fósil es muy superior al que se tenía en la época victoriana, cuando los grandes museos del mundo estaban tan sólo empezando a acumular y a comprender sus colecciones.

Este mayor conocimiento ha comportado algunas modificaciones de las ideas originarias de Darwin.

En general, las pruebas paleontológicas confirman la naturaleza lenta y gradual del cambio que predecía Darwin.

Sin embargo, se encuentran también numerosos saltos y huecos en el registro. Algunos científicos han interpretado este hecho simplemente como resultado de la dificultad de las fosilizaciones y de las excavaciones que hace que tengamos un registro fósil incompleto.

Otros, en cambio, lo atribuyen a cambios súbitos en el curso de la evolución.

Se ha sugerido que dichos cambios podrían haber sido provocados por la separación de los continentes, por catástrofes (como la colisión de enormes meteoritos con la Tierra) o por la colonización de nuevas zonas por pequeños grupos de organismos.

La idea de que la evolución progresa mediante saltos súbitos, más que gradualmente, se denomina puntualismo (propuesta por los biólogos estadounidenses Stephen Jay Gould y Niles Eldredge en 1972).

 

¿La evolución es una teoría o un hecho?

Dado que la mortalidad natural es muy alta, que los caracteres son hereditarios y que cada organismo hereda un grupo de caracteres ligeramente diferente y que éstos influyen sus probabilidades de supervivencia, entonces la selección natural es un hecho lógico inevitable. Saber, en cambio, si este mecanismo o cualquier otro mecanismo evolutivo es el responsable de toda la variedad biológica es una cuestión totalmente distinta.

Los creacionistas argumentan que la evolución no ha tenido lugar y consideran irrelevantes e inexactas la existencia de los fósiles y otras líneas de pruebas.

Estas voces plantean una importante pregunta: ¿en qué momento las teorías se convierten en hechos de la historia de la ciencia?

La respuesta a esta pregunta es que, en realidad, no es fácil hacer esta distinción. Incluso algo que consideramos tan firmemente establecido como la estructura del ADN podría ser modificado radicalmente con una ingeniosa reinterpretación de las pruebas.

Los científicos han aprendido paulatinamente a confiar en las teorías en la medida en que el peso de las pruebas se acumula a favor de éstas, pero son normalmente muy cautelosos a la hora de elaborar teorías que puedan ser reexaminadas bajo el prisma de nuevos descubrimientos.

Las pruebas reunidas hasta el momento apoyan firmemente la teoría de la evolución de Darwin y casi todos los científicos la aceptan como verdadera.

 











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