ARTE BÁRBARO



INTRODUCCIÓN AL ARTE BÁRBARO

Después de la caída del Imperio Romano, los mongoles, vándalos, alanos, francos, germanos y suecos, entre otros pueblos conocidos genéricamente como bárbaros, avanzaron definitivamente sobre Europa.

El siglo V estaba en marcha. Estos grupos, esencialmente nómadas, no tardaron en asimilar la cultura y la religión (cristianismo) de los pueblos conquistados, al mismo tiempo que les transmitieron sus propios rasgos culturales, lo que dio lugar a un arte completamente distinto, que sentaría las bases del arte europeo de los siglos VIII y IX.

Conocemos como arte barbaro el arte de distintos pueblos como visigodos, ostrogodos,…

El hecho de que no tuvieran un hábitat fijo influyó mucho en las costumbres y expresiones artísticas de los bárbaros. Era notable su destreza en esas disciplinas que permitían la fabricación de objetos fácilmente transportables, ya fueran lujosos o utilitarios.

Así pues, no es de extrañar que sobresalieran en la platería, la fundición de metales y el moldeado, tanto para la fabricación de armas y joyas como en las técnicas de decoración correspondientes, como la tauxia o el albaricoque, el esmaltado, la talla y la filigrana.

Todos estos pueblos tuvieron un origen común en la civilización celta, que desde el siglo V a.C. hasta la dominación romana se asentó en Europa de norte a sur y de este a oeste.

En sus crónicas, los romanos los describen como temibles guerreros y hábiles fundadores de metales. Una vez dominada, una gran parte de la población fue asimilada por el imperio y otra huyó hacia el norte.

Sólo cuando el imperio comenzó a colapsar, lograron penetrar sus fronteras y establecer numerosos reinos, de los cuales se originaron en parte las nacionalidades europeas.

Europa entró así en uno de los períodos históricos más oscuros, a medio camino entre la religiosidad, ahora parcialmente aceptada, de los primeros cristianos y la salvaje beligerancia de los nuevos amos.

Más tarde también sufriría los azotes de los vikingos daneses del norte, en perpetua lucha contra los eslavos occidentales y los francos.

Por su parte, la Iglesia estaba ganando posiciones con la proliferación de monasterios exactamente donde los ejércitos más temibles no podían ganar las batallas: las Islas Británicas y Europa del Este.

DAMA DE ELCHE
DAMA DE ELCHE

 

Los “bárbaros” en el Imperio romano

Entre los pueblos germanos invasores encontramos a los godos, divididos en visigodos en Occidente y los ostrogodos en Oriente.

Los francos, los suevos, los burgundios, los anglos, los sajones y los jutos, los vándalos, los frisones, los alanos (iranios) y los alamanes constituían el resto de los pueblos.

 

 




JOYERÍA  BÁRBARA

Uno de los rasgos comunes a todos los pueblos bárbaros era el excelente trabajo con los metales tanto en la fabricación de joyas como en la de objetos domésticos o armas.

Los tesoros encontrados en las tumbas de príncipes y reyes de la época, como la de Sutton Hoo en Inglaterra, la de Guarrazar en Toledo, y la de Gummersark en Copenhague, dan fe de ello.

Las piezas más características son las llamadas brácteas o monedas acuñadas por una sola cara, así como los clips y hebillas esmaltados con la técnica Cloisonné.

El hecho de que los bárbaros conozcan tan bien las técnicas de fundición de metales – tauxia, o damasquinado, y filigrana – se debe a su contacto con los pueblos del Cercano y Lejano Oriente, así como a sus propias necesidades.

No debemos olvidar que además de los objetos de lujo, estos pueblos fabricaban armas, que eran sus herramientas más preciadas en el duro trabajo de la guerra. Además, la orfebrería era una de las pocas actividades que podían realizar los artesanos, que estaban cambiando su hábitat.

 

LA ESCULTURA EN EL  ARTE BÁRBARO

La escultura de piedra estaba destinada a la decoración de iglesias y bautisterios, en forma de relieves planos, capiteles y sarcófagos, siguiendo el estilo del Imperio Romano. La talla de marfil no era menos importante.

Continuó la tradición de los dípticos consulares de Bizancio, cuyas formas se adoptaron en la confección de las portadas de los libros evangélicos y las Biblias. Se sabe que los talleres de los artesanos que trabajaban el marfil eran numerosos tanto en las Galias como en la península itálica, debido a la gran demanda de copias.

La experiencia de los celtas y escribas como orfebres estaba innegablemente ligada a su experiencia como talladores.

Las piedras con tallas rúnicas e ídolos nórdicos entre los vikingos, sajones y los propios celtas muestran su paso por los diferentes asentamientos y lugares conquistados.

En la península ibérica, la fusión de culturas, como entre fenicios, celtas, visigodos e iberos, así como griegos y romanos, dejó importantes muestras de escultura, como los Toros de Guisando o la Dama de Elche.

 

LA ARQUITECTURA EN EL  ARTE BÁRBARO

Cada vez que un pueblo culturalmente bien desarrollado conquistaba a otro que era superior a ellos en este campo, el ganador asimilaba el arte y el lenguaje del perdedor.

Los bárbaros no fueron una excepción. Casi completamente desprovistos de arquitectura, pronto se apropiaron de las formas de la antigüedad tardía y de Bizancio, a las que añadieron algunos elementos propios.

En Galia (Francia), los francos adoptaron en sus construcciones las salas rectangulares de tres naves y el ábside semicircular, con siluetas de madera para las iglesias y cúpula para los bautisterios.

Algunas plantas han enriquecido la distribución espacial con la adición de una galería.

Los ostrogodos en Italia han erigido edificios más representativos, ricamente decorados con mosaicos, en los que combinaron las formas bizantinas y romanas.

En España se restauraron edificios romanos en el centro de cada ciudad, a los que se añadió una iglesia cristiana, generalmente de cruz latina, con naves de diferentes alturas y decoradas con relieves y frisos.

Los celtas y los vikingos resistieron más a las formas mediterráneas.

Sin embargo, gracias a la presencia de numerosos monasterios, la arquitectura y las artes terminaron siendo favorecidas.

Mezclando piedra con madera, construyeron iglesias con techos de piedra de dos aguas, flanqueadas por torres cilíndricas, también de piedra, que se asemejan a sus monumentos funerarios.

Con respecto a la arquitectura impía, los bárbaros del norte prefirieron seguir construyendo sus fortalezas de madera y arcilla, rodeadas de muros circulares y fosos.











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