Las meninas de Velazquez: La obra maestra para admirar

 




 



MENINA quiere decir señora de corta edad que entraba a servir a la reina o a las infantas niñas.

Las que pintó Velázquez, que han dado nombre a su cuadro famoso, son, como puede verse, las que sirven a una infanta niña, la princesa Margarita, hija de Felipe IV.
La escena que componen, magistralmente captada por el pintor, es tan curiosa y revela tantos detalles aportados por el artista, que excede la condición de simple retrato y se convierte en una muestra de arte único, ejemplo frecuentemente citado en la historia de la pintura de todos los tiempos.

Las Meninas de Velazquez
Las Meninas de Velazquez

DOÑA MARÍA AGUSTINA Y DOÑA ISABEL

La de la izquierda, la que se agacha para ofrecer un plato a la princesita, se llamaba María Agustina Sarmiento, y la de la derecha, la que hace el gesto de reverencia o saludo, Isabel de Velazco.
Aun siendo tan jóvenes, recibían el tratamiento de doña.

 

Doña Isabel de Velasco
Doña Isabel de Velasco

 

Maria Agustina Sarmiento de Sotomayor
Maria Agustina Sarmiento de Sotomayor

Sabemos que la primera era hija de un personaje de la época, don Diego Sarmiento de Sotomayor, y que se casó dos veces.
Era dama de honor de Margarita.
Isabel descendía de nobles. Su padre ostentaba el título de séptimo conde de Fuensalida.
Estaba predestinada a morir pronto: tres años después de haber posado como menina.

La princesa Margarita, hija de Felipe IV de España, está ro­deada por las “meninas”, señoras de corta edad que entraban a servir a la reina o a las infantas niñas.

 

MARI-BÁRBOLA Y NICOLASITO

Inmediatamente después de las tres bellas damitas, primorosamente pintadas y vestidas como muñecas, en primer plano aparecen la enana Mari-Bárbola y el enano niño Nicolasito Pertusato.
Pará explicar la presencia de estos personajes, debemos decir que los enanos y los bufones gozaban de gran prestigio junto a los reyes, y que la corte española tenía predilección por ello

MARI-BÁRBOLA Y NICOLASITO
MARI-BÁRBOLA Y NICOLASITO

La seriedad de la primera contrasta con el gesto jugetón del segundo, que pone el pie izquierdo sobre el cuerpo del alano enfurruñado tendido en el piso.




Mari-Bárbola había pertenecido a la servidumbre de la condesa Villerbal y Walter (era de origen tudesco), y hacia 1651 figuraba en palacio recibiendo una ración o pensión. Nicolasito provenía de una familia lombarda. Había nacido en Alejandría, entonces provincia espafiola, como el resto del Milanesado. Entró a palacio en 1650 (en la época del cuadro tenía diez años), y en 1664 era ayuda de cámara y se hacía llamar don Nicolás.
De él sabemos más cosas: murió a los sesenta y cinco años en 1710.

Tuvo dos hermanos: Cristóbal, con el que gano el afecto del rey Carlos II, y Lucas, que fue nombrado conde de Castelferro y embajador de España por sus buenos oficios en favor de la corona.

EL PINTOR DENTRO DEL CUADRO

El caballero que tiene el pincel en una mano y la paleta en la otra es el propio autor del cuadro, quien por su truco de taller del pintor aparece formando parte de la escena. La famosa tela, que ha sido examinada con distintas técnicas de restauración, como rayos X, infrarrojos y ultravioletas, y revela que esa no a la primera pose del pintor.
En un comienzo, Velazquez aparecía con el pincel extendido hacia adelate, dando un toque en la tela (cuyo bastidor vemos de frente).

Prefirió representarse meditativamente, como a decir que el cuadro que estaba pintando apareció primero en su mente y después en la tela.
Algo así como que la pintura era para él una cosa mental ante todo.

Una corrección genial, si se piensa que “Las meninas” es una abstracción, el “pensamiento” de un cuadro visto en toda su hondura.

No es nuevo que el autor del cuadro apareciera pintado en su propia tela.
Los pintores del Renacimiento usaron y abusaron de este procedimiento o artificio, cuya sugerencia excede la vanidad que puede verse en él.

Lo nuevo es la técnica empleada por Velázquez.

 

 

LOS REYES EN UN ESPEJO

¿Y cuál es esta técnica?
Muy simple: se trata del empleo del espejo.

Toda la escena del famosísimo lienzo está reflejada en un espejo y desde allí vista por el pintor, que también se contempla en imagen.

Por eso parece que los personajes la infanta, dofia Isabel y Mari-Bárbola, principalmente, están mirándonos a los ojos, cuando en realidad están siguiendo las indicaciones del pintor, posando para el cuadro.

Pero hay un espejo más todavía: es el del fondo, a la izquierda de la puerta.

Parece un cuadro con las dos cabezas que se ven en él, que no son otras que las de Felipe IV y la reina Mariana.

Velázquez no halló otro modo de hacer entrar a los soberanos que colocando otro espejo dentro del espejo. El efecto refuerza la concepción general de la obra.

A propósito del rey, que de esta manera “espiaba” la confección de la obra, se cuenta que cuando la vio terminada, admirado por el resultado, encontró, sin embargo, que faltaba algo en ella.

¿Qué podía ser?
Todos se miraban consternados.
Entonces él, tomando un pincel y empapándolo en rojo, pintó sobre el pecho del personaje que representaba a Velázquez la Cruz de la Orden de Santiago… , con lo que daba por sentado que el pintor la recibiría como premio.

Pero se trata de una anécdota bella como casi todas las apócrifas, porque la cruz le fue agregada posteriormente, hacia 1659, cuando el pintor recibió el título de noble.

 

EL NOMBRE DE “LAS MENINAS”

El cuadro mide 3,18 por 2,76 metros. Fue pintado en la Galería del Príncipe, al Norte del palacio real, convertida en estudio del artista.
Corría el año 1656.

Había allí copias de telas de Rubens y de sus discípulos, como puede verse en las paredes del aposento reproducido.

Velázquez conocía bien los principios de la perspectiva y era un apasionado de la arquitectura.

Todo esto se revela en el trazado de diagonales y horizontales que pueden seguirse en su obra.

Se ignora qué nombre tenía ésta en su comienzo.

Diez años después de su realización se la conocía como “La señora emperatriz (Margarita se había convertido en emperatriz de Austria) con sus damas y una enana“.

Cuando la tela se salvó del incendio del palacio, en 1734, se la registró como “La familia de Felipe IV“.

En un inventario de 1772 fue llamada, por error, “Retrato de la infanta María Teresa” (hermanastra de Margarita).

Sólo hacia 1800 se la designó “Las meninas“, orgullo del Museo del Prado, en Madrid.




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