La percepción a través de los sentidos humanos



El filósofo griego Aristóteles estableció la clasificación de los cinco sentidos humanos:

  1. La vista
  2. El oído
  3. El tacto
  4. El gusto
  5. El olfato

Estos son los cinco sentidos clásicos, pero los seres humanos tenemos también otros: el sentido de la postura del cuerpo, el del equilibrio, el del dolor, el del calor y el de las necesidades fisiológicas internas, como el hambre y la sed.

Muchos animales tienen sentidos de los que el hombre carece, como la visión de los rayos ultravioletas y la sensibilidad a la electricidad o al magnetismo.

Todos estos sentidos dependen de células llamadas receptores sensoriales, que a veces se juntan para formar órganos de los sentidos.

Las células receptoras están normalmente especializadas en percibir un estímulo concreto. Cuando lo detectan, envían un impulso nervioso al encéfalo.

sentido de la vista
sentido de la vista

Tipos de receptores

Los estímulos externos, como la luz y el sonido, son detectados por células sensoriales del exterior del cuerpo que se denominan exteroceptores. Las células de los receptores sensoriales que están situadas muy internamente y que detectan la postura, el hambre y la sed se denominan interoceptores o propioceptores. Las células receptoras también pueden clasificarse según el tipo de estímulo que detectan.

Fotorreceptores

Los fotorreceptores son sensibles a la luz visible. Cuando están organizados formando un ojo, trabajan conjuntamente para producir imágenes detalladas del entorno de un animal. Los fotorreceptores pueden encontrarse en algunos microorganismos, en los ojos compuestos de los insectos y en los ojos complejos de los vertebrados. Algunos fotorreceptores, como los bastones de los ojos de los seres humanos, son sensibles a la luz tenue, pero no al color, mientras que otros, como los conos, son sensibles a los distintos colores, pero sólo funcionan bien si hay una luz suficientemente intensa.

Los mecanorreceptores

Los mecanorreceptores responden al movimiento o a la presión. Algunos, como los que se encuentran en los pies de los gatos, son extremadamente sensibles; otros, como los que tenemos en la parte media de la espalda, son menos sensibles. La piel humana contiene muchos mecanorreceptores diferentes que trabajan conjuntamente para crear el sentido discriminante del tacto.

Los receptores de extensión son esenciales para muchos de los reflejos que permiten a los animales estar erguidos y moverse. Se activan si la tensión produce un alargamiento de los músculos y a menudo estimulan una contracción refleja.




Los barorreceptores son unos receptores que se encuentran en las paredes del corazón y de los vasos sanguíneos. Son utilizados por el cuerpo para controlar y posteriormente regular la presión sanguínea.

Los fonorreceptores detectan las vibraciones producidas por las ondas sonoras y se encuentran en la cóclea del oído interno en los seres humanos. Los estatoreceptores responden a la circulación de fluido en los canales semicirculares del oído interno, y por consiguiente permiten que el cuerpo se mantenga en equilibrio durante el movimiento.

Quimiorreceptores

Los sentidos del olfato y del gusto dependen de células llamadas quimiorreceptores. Éstas se encuentran en las cavidades nasal y bucal, así como en la membrana que reviste el tubo digestivo de los seres humanos y en la piel de los peces. Los sentidos químicos ayudan en la elección de los alimentos, para evitar las sustancias irritantes, para la detección de los enemigos, de las presas y de las posibles parejas sexuales. En los gusanos de seda, por ejemplo, el macho puede percibir la feromona sexual de la hembra, el bombikol, cuando sólo 50 de los 50.000 receptores de sus antenas reciben únicamente una molécula de bombikol por segundo. Esto permite al macho detectar la presencia de la hembra a varios kilómetros de distancia.

El sentido del gusto depende de unos pequeños salientes que hay en la boca llamadas papilas gustativas, que contienen un tipo especializado de quimiorreceptor llamado receptor del gusto. En la mayoría de vertebrados, éstos se hallan en la lengua y en el cuello. En algunas especies de peces, toda la superficie corporal está cubierta por papilas gustativas.

Termorreceptores

La piel de los vertebrados contiene numerosos receptores sensibles al calor y al frío. Estas células, llamadas termorreceptores, ayudan a regular la temperatura corporal mediante la detección tanto de la temperatura ambiental como de la cantidad de calor en el interior del cuerpo. Por ejemplo, si el cuerpo se calienta demasiado, los termorreceptores envían señales al encéfalo que desencadenan una gama de mecanismos que ayudan el cuerpo a perder calor, como por ejemplo aumentar el flujo sanguíneo que circula por la piel.

Receptores sensoriales especiales

La mayoría de animales están equipados con células receptoras que pueden detectar la electricidad, el magnetismo y partes del espectro electromagnético que son invisibles para los seres humanos. Las serpientes, por ejemplo, tienen un par de receptores de rayos infrarrojos extremadamente sensibles situados entre los ojos y los orificios nasales. Mediante estos receptores, son capaces de detectar, por el calor de su cuerpo, la presencia de una presa, como podría ser un ratón, a un metro de distancia. Algunos peces descargan corrientes eléctricas y utilizan los electroreceptores para localizar objetos que alteren dichas corrientes. Hay también pruebas de que algunos animales, como las aves y las ballenas, son capaces de detectar el campo magnético de la Tierra y lo utilizan para recorrer largas distancias.











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